
Por Elena Kuchimpós. Directora Primario IMVA
Los niños, por naturaleza, disfrutan del juego y con él descubren el mundo que los rodea, se apropian de su entorno y construyen sus aprendizajes.
El juego beneficia de diferentes maneras a los niños. El juego es un elemento básico, que además de divertido, resulta fundamental para que pueda relacionarse con el mundo, facilitando su desarrollo integral, tanto desde lo físico, como lo emocional y social, creando experiencias positivas para solucionar conflictos y encontrar estrategias que le posibiliten relacionarse activamente a su grupo de pares.
Los niños necesitan hacer las cosas una y otra vez para aprenderlas, por lo que le juego es el medio para lograr esos aprendizajes.
A través del juego, los niños buscan, exploran, prueban y descubren el mundo por sí mismos, siendo un instrumento eficaz para la educación.
Los niños necesitan estar activos para crecer y desarrollar sus capacidades y el juego es el camino.
“Los niños necesitan tiempo y espacio para jugar. Jugar no es un lujo, es una necesidad”. K. Jaminson
Existen distintos tipos de juegos que benefician el desarrollo integral de los niños:
- El juego físico:mejora las habilidades físicas y posibilita el desarrollo muscular del niño, el control motor y su coordinación entre la vista y el tacto.
- El juego exploratorio: este tipo de juego implica resolver problemas, manipular, explorar diferentes elementos, dimensiones, texturas, que le permiten encontrar desafíos para crear nuevas formas, armar y desarmar figuras y desarrollar sensibilidad ante los colores y materiales.
- Los juegos reglados: con este tipo de juegos los niños son capaces de interactuar de forma cooperativa y empezar a comprender las reglas de convivencia y tolerancia.
- El juego simbólico o imaginativo:implica el uso de ideas o símbolos. Es la manera en que puedan resolver cosas por sí mismos y a tener una mejor idea de lo que es real y lo que no lo es, les permite experimentar los sentimientos y las emociones de otros, y ser sensibles al impacto que sus acciones tienen en la gente que les rodea.
Un niño que se le permite experimentar el juego creativo, que explora e interactúa con su entorno, pone en acción la curiosidad y el asombro, verdaderos motores del aprendizaje.
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