El asombro es el verdadero motor del aprendizaje. Los únicos aprendizajes sostenibles en los niños son aquellos donde ellos descubren el mudo a su propio ritmo, con su mirada exploradora.

  • Por Elena Kuchimpós
  • Docente

La emoción es el ingrediente secreto del aprendizaje, es la pieza fundamental para quien enseña y para quien aprende.

La NEUROCIENCIA considera que la información que captamos por medio de los sentidos pasa por el sistema límbico, o cerebro emocional, antes de ser enviada a la corteza cerebral, encargada de los procesos cognitivos. Es decir, que primero es la emoción y luego la razón.

Este nuevo paradigma, nos obliga a considerar la emoción como parte fundamental del proceso de enseñanza-aprendizaje y exige utilizar estrategias didácticas que rompan con la monotonía.

El asombro es el verdadero motor del aprendizaje. Los únicos aprendizajes sostenibles en los niños son aquellos donde ellos descubren el mudo a su propio ritmo, con su mirada exploradora.

El asombro es el deseo de conocimiento, es no dar el mundo por supuesto.

La capacidad de asombro, de maravillarse, conlleva la inocencia y la curiosidad, la capacidad de ver con ojos libres, sin juicios, y llegar a conclusiones mayores de lo que la gente normalmente ve. Platón decía que el asombro es el origen de la filosofía.

Un niño camina por la calle y se detiene asombrado a mirar algún objeto que lo deslumbra, y lo que seguramente hacemos es decir: “¿qué haces?, no pierdas tiempo… llegamos tarde”.

Las pequeñas cosas que movilizan a los niños son las que los lleva a aprender, a satisfacer su curiosidad, a ser autónomo, a comprender los objetos que le rodean a través de su experiencia con el cotidiano. Solo tenemos que acompañarlos, creando este entorno favorable al descubrimiento.

El asombro del niño es el motor interno, que de forma natural, lo lleva a descubrir el mundo que le rodea, a motivarse por sí mismo.

Pero no confundir esto con información: en la actualidad, los niños están “enchufados” a diferentes dispositivos que turban el aprendizaje. Estamos en la era de la información y del poco aprendizaje.

Estamos creando niños saturados de información, sobreestimulados. Cuando estos niños se enfrentan al ritmo de la vida real, todo los impacienta y los aburre.

El niño sobreestimulado se convierte en un adolescente que lo ha visto y lo ha tenido todo, tiene el asombro bloqueado. La información consume atención de quien la recibe, por lo tanto, una gran cantidad de información crea empobrecimiento de la atención.

Por todo lo dicho, sostengo que es necesario que los niños puedan vivir con intensidad y asombro cada momento. Esa es su naturaleza, no se la robemos con información que no le permite descubrir y crear el mundo que los rodea.

Un niño asombrado mira, escucha, interioriza y está expectante a un mundo por descubrir. Busca en el silencio la posibilidad de reflexionar, pensar, buscar respuestas a sus infinitos interrogantes.

Un niño asombrado es un niño creativo, sensible, que busca armonizar su interior con su entorno. Por lo tanto, tenemos que replantear el aprendizaje como un viaje que nace desde el interior para culminar en una construcción significativa del mundo que los rodea.