Daniel Díaz Romero es periodista ambiental, licenciado en comunicación social por la Universidad Nacional de Córdoba y vecino de Sierras Chicas. Ha trabajado para TELAM, Día a Día y el semanario Informe Córdoba, entre otros medios. Es también el director periodístico del blog de investigación Sala de Prensa Ambiental y actualmente pública para la revista Umbrales y la Agencia de Noticias PrensaRed. En esta entrevista, conversó con El Milenio sobre el pasado y presente de las políticas ambientales de Sierras Chicas y de Córdoba, las causas del 15F y una posible salida del problema: “Hay que involucrarse para que no sean otros los que decidan por nosotros”.

Por Mirco Sartore | periodico@elmilenio.info
El Milenio: Hagamos una recapitulación. ¿Por qué ocurrió la inundación del año pasado? ¿Desde cuándo se viene haciendo mal las cosas?
Daniel Díaz Romero: Lo que ha pasado tiene que ver con políticas erráticas del Estado que se vienen aplicando desde hace décadas. Hay una frase común, pero los cordobeses ya la tenemos grabada a fuego: nos queda solo el 3% del bosque nativo. Si vamos a buscar explicaciones, tenemos que empezar por allí. La razón que esto haya pasado es que durante décadas se ha permitido que se construyan viviendas sobre los cauces de los ríos. Y no sólo viviendas, sino ciudades enteras.
EM: Con respecto a la actualidad del asunto. ¿Se ha diseñado en este año un plan concreto de políticas de desarrollo ambiental? Hablamos tanto en Sierras Chicas como en la Provincia.
DDR: No. Definitivamente, no. No se ha tomado ninguna medida y ha pasado más de un año. Lo único que se ha hecho, desde mi punto de vista, es meter palas mecánicas en los arroyos, “limpiándolos”. En realidad, esa “limpieza” no ha hecho otra cosa que acelerar la velocidad con que pasa el agua, y ha transformado a los arroyos en autopistas hídricas.
EM: ¿En el ámbito provincial no se ha hecho nada?
DDR: En la Provincia, están evaluando la posibilidad de construir 166 lagunas de retardo o microembalses. Te adelanto esta información en la que trabajo actualmente: un microembalse ya está hecho. Lo han construido en Cabana y se llama Las Ensenadas. Lo grave es que ese micro-embalse está terminado y no tiene el estudio de impacto ambiental que se tiene que hacer previamente. Es decir que el gobierno provincial ha trabajado fuera de la ley.
EM: ¿Es suficiente un proyecto como el de las 166 lagunas o se necesita otra cosa? ¿Qué hay respecto a las políticas de desarrollo ambiental?
DDR: Un especialista en el tema me dijo: “las 166 lagunas son una curita para una herida de bala”. Lo que están haciendo no es una solución. Es un parche. Primero, porque va a afectar todos los pequeños ecosistemas de la región. El agua se irá para los costados donde se ponga una muralla. Pero no es solamente eso, sino que, para edificar estas lagunas, van a necesitar construir caminos en zonas inaccesibles. Se transportará maquinaria y van a tener que alterar el ecosistema. Y hay otro tema más: si hay caminos, no vaya a ser que esté dando vueltas la idea de urbanizar zonas vírgenes. La urbanización descontrolada es el principal problema que tiene Sierras Chicas hoy. Si van a construir obras, seguramente va a haber desmontes.
EM: No se está planificando bien.
DDR: En general, no. Desde hace un año se vienen anunciando la construcción de viviendas. Pasó más de un año y no se ha hecho ninguna de las 181 prometidas, con el drama que eso implica para cada familia. Hay otro tema: tuvieron un año para poner un sistema de alertas tempranas y de los pocos que pusieron, ninguno es efectivo.
EM: Entonces, los gobernantes no solo no han resuelto la cuestión ambiental, sino que tampoco han avanzado en el tema estructural.
DDR: Exacto. Y hay que sumar que las políticas ambientales no son prioritarias.
EM: ¿Por qué?
DDR: Porque no se ven. Por ejemplo, los intendentes ven, en el mejor de los casos, que cada ciudad tenga su reserva natural. Lo ven como algo decorativo. Se toma a las reservas como baldosas aisladas, cuando el ecosistema no entiende de límites políticos o geográficos. No sirve que yo proteja esta baldosa y otra que está a cincuenta metros. Por eso es indispensable que el gobierno tome la idea que vienen desarrollando desde algunas ONGs para crear un corredor biológico de las Sierras Chicas como área natural protegida, desde Ascochinga hasta Saldán.
EM: ¿El corredor biológico podría ser una solución al problema?
DDR: Sin dudas, sería un primer paso para solucionarlo.
EM: ¿Cómo ves esta situación de cara al futuro?
DDR: La veo complicada, pero con esperanza. La semana pasada hice una nota sobre el río Cosquín. Allí, los ciudadanos propusieron una ordenanza para crear una Reserva, los funcionarios municipales escucharon, tomaron como suyo el proyecto y declararon una reserva de 24 kilómetros a lo largo de río Cosquín, que es una zona muy turística. Es un ejemplo que muestra que, si hay voluntad, se puede cambiar. Hay que involucrarse para no sean otros que decidan por nosotros.
EM: ¿Qué se puede esperar del gobierno de Schiaretti para los próximos cuatro años en política ambiental?
DDR: Te voy a dar un ejemplo para ilustrar la situación: cuando se producen inundaciones en Sierras Chicas, también se inunda el sur de Córdoba, donde se cosecha soja. Tras eso, los gobernantes provinciales declaran la emergencia agropecuaria en el sur y en las Sierras Chicas no construyen ni una vivienda. La emergencia, por ejemplo, exceptúa a los productores por seis meses de toda una serie de impuestos; son beneficios para los sojeros, mientras que el habitante común de Sierras Chicas no recibe ninguno. Y estamos hablando ya de ciudades. La política es clara: los beneficios van para productores, que, en su mayoría, no los necesitan. Mientras las cosas sigan funcionando así en la provincia, vamos a seguir en esta misma senda.
EM: Por último, hay una frase de Francis Bacon que has utilizado en muchas ocasiones para referirte a estos temas que hemos estado tratando, ¿podrías repetirla?
DDR: La frase decía que la única manera de dominar a la naturaleza es obedeciéndola. Para nosotros, los habitantes de Sierras Chicas, esto significa no seguir construyendo sobre los márgenes de los ríos, entre otras cosas. Muchas veces nos olvidamos de eso y cuesta vidas. Todo lo que hacemos, vuelve.
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