Cada vez más gente se atreve a incursionar por el mundo del vitreaux. En Sierras Chicas son muchas las ofertas de cursos y talleres y abundan los artesanos que se especializan en la práctica de jugar con la luz y el color.
Por Redacción El Milenio | periodico@elmilenio.info

Tal es el caso de Gabriela Rey, la artista de Mendiolaza, que es palabra autorizada en el desarrollo de las técnicas del Vitralismo, Tiffany y Emplomado.
Tiempo atrás, en diálogo con El Milenio, Gabriela comentó que comenzó a trabajar con el vidrio hace varios años; pues desde chica le atrajo dicho material. Y agregó: “Me parece que la experiencia y los años te convierten en un artista. Yo, más bien, me considero una artesana buscando una buena trayectoria”.
Cuanto a técnicas, señaló que la más tradicional es la del emplomado. Se trata de varillas en forma de H, que es la más antigua y la que más se usa en las iglesias. De hecho, esta práctica inició en el año 1600, se usaba en las catedrales góticas. Otra técnica es la de Copper Foil o Tiffany en las que el vitral es más resistente porque se trabaja con cintas de cobre y se unen con estaño.
En referencia a los materiales, la artista aseveró que son muchos y difíciles de adquirir. “Las herramientas y vidrios de colores son mayoritariamente importados y los consigo en Buenos Aires, en Córdoba compro solamente los vidrios nacionales y algunas bases para lámparas” amplió.
El factor tiempo dedicado a cada pieza, obedece -según Rey- a varios factores. Primero está la cuestión de los diseños de las piezas, que va a depender del cliente. “Algunos traen el diseño, en cambio otros, me piden que les haga el boceto. Con esto, se empieza a definir el tiempo, pero una vez que está trazado el dibujo puede llevar meses, porque hay que cortar los vidrios, pulirlos, hacer las grisallas con las que se hacen los contornos y luego unirlos. Es decir que depende del tamaño y del boceto” explicó la artista.
Gabriela recuerda que, instalar su primer vitral fue un momento muy emotivo. Se colocó en una casa del barrio Cuatro Hojas y fue instalado en una fuente de agua; mientras asegura que “siempre hay algo de sorpresa cuando los vitrales se ponen en su lugar”
La vitralista dejó entrever que a pesar de la importancia de la primera experiencia, cada trabajo es como si fuera un hijo y agregó al respecto que, “duele desprenderse de las piezas, algunas duelen un poco más, a lo mejor porque le dedicaste más tiempo o más trabajo, pero también te sentís bien porque otra persona valora tu trabajo”.
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