Informe Especial: Poco capacitadas

Así están las ciudades de Sierras Chicas, según un relevamiento realizado por El Milenio: poco capacitadas para las personas con discapacidad. En esta primera parte, un resumen de las principales dificultades que encuentran desde los usuarios de sillas de ruedas, bastones, andadores o prótesis, hasta los padres con el cochecito o el carrito de las compras.

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Así están las veredas en varios tramos céntricos de las ciudades serranas.

Por Lucía Argüello | luciaarguello@elmilenio.info 

No se ven muchas personas en silla de ruedas por el centro de las ciudades serranas, y ciertamente no es porque no las haya. En Argentina, el 12,9% de la población vive con alguna discapacidad o limitación permanente, según el último censo del INDEC realizado en el año 2010.

En Villa Allende, por mencionar una de las pocas localidades del sector que tienen estadísticas sobre el tema, un estudio encarado por la Municipalidad y el instituto educativo Paula Albarracín hace tres años reveló que hay 754 casos autoreconocidos de personas con discapacidad, el 79% de los cuales corresponden a trastornos del aparato locomotor, siendo el transporte y el ingreso a edificios los problemas más frecuentes.

A pesar de estas cifras, lo cierto es que la accesibilidad de las ciudades de Sierras Chicas deja mucho que desear y la inclusión está en boca de muchos pero en las acciones de pocos. Rampas rotas o directamente inexistentes, autos mal estacionados, falta de estacionamientos especiales, veredas en mal estado o plagadas de obstáculos, ausencia de transporte público adaptado y la escasa consideración de las personas, son algunos de los problemas que las personas con discapacidad motriz deben enfrentar diariamente.

Odisea sobre ruedas

Para Gustavo Sbolci, vecino de Villa Allende y usuario de silla de ruedas desde los 16 años, estos obstáculos son cosa de todos los días. “Yo soy de andar mucho por la Villa, aunque hay rampas tengo que ir por la calle porque las veredas están todas rotas. En la Humberto Mariani ahora están las veredas nuevas pero hay rampas que están mal hechas. Hay una que está tan inclinada que tendría que tener una silla motorizada 4X4 para subir, porque yo no alcanzo a poner la punta que me voy para atrás”, explicó el hombre.

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La ausencia de veredas en condiciones obliga a las personas con carritos o silla de ruedas a circular por las calles.

“Muchos negocios nuevos no tienen rampa, a pesar de que lo exige la reglamentación urbanística y que sale lo mismo o menos que hacer una escalera. En Epec y en la Cooperativa del Agua hay rampas, pero la municipalidad tiene escalones en el ingreso. Yo me tuve que hacer el DNI nuevo en el Registro Civil de Mendiolaza y pude entrar porque es plano, no porque haya rampas”, señaló Sbolci con irritación.

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La Municipalidad de Villa Allende no tiene rampas de acceso para las personas con discapacidad motriz.
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Subir las escaleras del Centro de Jubilados de Villa Allende resulta muy complicado para las personas con dificultades motrices. Hay una rampa, pero la misma es muy estrecha.

La situación en el resto del corredor no mejora mucho. En Mendiolaza se puede acceder a la municipalidad parcialmente pero hay muy pocas rampas y el mal estado o la inexistencia de veredas es evidente. En Unquillo la situación se repite a una escala mayor y se agrava por la topografía propia de la zona. Acceder a la Municipalidad o a la Terminal puede ser muy engorroso y los pocos baños para discapacitados que hay están muy descuidados.

En Río Ceballos, el relieve es aún más empinado pero hay mayor cantidad de rampas y en general todas están bien hechas y en buen estado, lo cual no sucede en Salsipuedes, donde nuevamente la cantidad de rampas disminuye y las veredas empeoran. En los últimos dos casos, hay rampas para acceder a la Municipalidad pero no en otras dependencias municipales y espacios públicos.

Figurita repetida son las rampas mal hechas, rotas o discontinuadas, sin antideslizante, que terminan en un pequeño escalón de diez centímetros o en un badén que la separa del asfalto de la calle y que frecuentemente se llena de agua con las lluvias. También hay pocos estacionamientos exclusivos para discapacitados, los cuales son muy estrechos para bajar y desplegar una silla de ruedas o para el descenso de alguien con prótesis, cuando no están ocupados por personas que no respetan la normativa.

Los puentes y pasarelas son un peligro hasta para los individuos que puede moverse con normalidad y muchas veces están hechos con una rejilla metálica donde hasta los bastones se enganchan. De juegos inclusivos o transporte público adaptado ni hablar. “En los interurbanos no pueden ir más de dos personas con pase libre por discapacidad. No tiene sentido, ya pedimos explicaciones pero no nos dan respuesta”, manifestó Sbolci.

Un poco de humanidad

Hasta conseguir un remis es toda una empresa para Gustavo. “Cuando llamás un remis siempre te ponen la excusa de que tienen el tanque de gas o que no pueden cargar la silla por esto o por lo otro. Ahora, si decís que vas a hacer un viaje lejos, en seguida tenés diez móviles en la puerta. No hace falta poner vehículos especiales, es tener un poquito más de voluntad. Yo me muevo en un Fiat Uno con el tubo de gas”, se lamentó el vecino.

Con respecto a la ayuda de la gente, Gustavo señaló que en general muchos le ofrecen asistencia cuando se encuentra en distintos lugares o en la vía pública. “La gente te ayuda generalmente, cuando querés cruzar se paran los colectivos, los camiones te hacen señas de luces o te sacan la mano”. Sin embargo, aclaró que “hay gente y gente”.

“También están esas otras personas que se estacionan al frente de la rampa o en el lugar para discapacitados. Me parece que hace falta cultura. ¿Qué cuesta un poquito más de humanidad? Desde la intendencia deberían ser más estrictos con los remises, con los estacionamientos, con las rampas en los negocios y en la vía pública. No hacerla porque sí, hacerlas bien. Hay que capacitar a las personas para que lo poco que hay, se respete”, concluyó.

EL MILENIO

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