Ni Una Menos volvió a las calles

Casi no pasa un día sin que se conozcan nuevos casos de violencia contra las mujeres en el país. A pesar de las leyes sancionadas, la problemática sigue creciendo y ya hubo más de 233 femicidios en lo que va del año. El 25 de noviembre, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, miles de ciudadanos volvieron a marchar bajo la consigna de #Niunamenos. En Villa Allende y Río Ceballos también hubo movilizaciones.

Villa Allende (1)

Por Lucía Argüello | luciaarguello@elmilenio.info

En todo el mundo, una de cada tres mujeres ha sido agredida física o sexualmente, principalmente por parte de alguna pareja o ex pareja. Más del 70% de los miembros del sexo femenino sufren algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Ambos datos son revelados por las Naciones Unidas y han llevado a la organización internacional a calificar la violencia contra la mujer como una pandemia global.

Y ciertamente, Argentina no escapa a este mal. Este año, entre el 1 de enero y el 31 de octubre, hubo 233 femicidios en todo el país, según el informe elaborado por La Casa del Encuentro, una organización no gubernamental que registra los casos conocidos a través de los medios de prensa desde el 2008. 233 mujeres en 304 días. 163 niños sin madre. Una mujer menos cada 31 horas, producto de la violencia de género.

Estos casos se suman a los 255 femicidios que la Corte Suprema de Justicia contabilizó durante el 2014, en lo que es el primer informe oficial del país. Según los datos de La Casa del Encuentro, en siete años y diez meses, 2041 mujeres murieron a manos de los hombres.

En casi 8 años, la violencia de género mató a 2041 mujeres. En el mismo periodo, 2359 hijas/os quedaron sin madre.

Durante este último año, la magnitud del problema ha motivado la movilización de gran parte de la sociedad argentina bajo la consigna #Niunamenos, un movimiento que tuvo su mayor despliegue durante las marchas masivas del 3 de junio. El pasado miércoles 25 de noviembre, en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el reclamo volvió a hacerse oír en las redes y en las calles de todo el país y Sierras Chicas, a su medida, no fue la excepción.

Sierras Chicas: presente

En Villa Allende y Río Ceballos se realizaron sendas marchas para reclamar políticas integrales de protección a la mujer en una zona donde, últimamente, los casos de abuso y violencia, cuando no directamente asesinato, son cada vez más.

Entre el 1 de enero y el 31 de octubre de este año, hubo 233 femicidios en nuestro país.

“Nosotros pedimos que se declare la emergencia a nivel provincial y nacional, porque la mayoría de las chicas que mueren han hecho denuncias previas. El estado de emergencia permite que, ante una denuncia, no sólo se saque una orden de restricción sino que también se ofrezca asilo. Muchas veces las mujeres golpeadas no tienen a dónde ir. Se necesita mucho coraje para denunciar a alguien que te está golpeando y volver a tu casa y encontrártelo”, explicó Romina Sanguedolce, una de las organizadoras de la marcha en Villa Allende.

Asimismo, la joven señaló que se necesitan leyes que cubran integralmente a las mujeres, incluyendo el maltrato psicológico y otras formas de violencia “que son menos visibles, pero son la semilla por donde empieza todo”.

“Lo bueno de esto es que han aumentado los llamados y las denuncias al 144. Significa que la visibilización de la problemática ha ayudado a que las propias víctimas tomen conciencia de lo que les está sucediendo. Yo sufrí el sometimiento en mi adolescencia durante dos años, sé lo que se siente y realmente es un círculo vicioso. Cuando ves estas cosas, te abren los ojos. Ahí es cuando decís ‘no, esto no me puede pasar a mí'”, manifestó Sanguedolce.

En Argentina, una mujer muere cada 31 horas producto de la violencia machista.

Por su parte, Nicolás Giménez, otro vecino de la zona y participante de la movilización, señaló la importancia de producir un cambio a nivel socio-cultural. “Hay un incipiente pero poderoso marco legislativo que hay que seguir reforzando, pero sin duda me parece que toda legislación que sume a esta reivindicación tendría que venir por el lado de la construcción de nuevos vínculos y de nuevos pactos culturales sobre lo que socialmente los hombres y las mujeres somos y tenemos que hacer o no”, señaló el joven.

El desafío de sostener la lucha

A pesar de la vigencia de la temática, muchos coincidieron en señalar que las marchas que se realizaron el miércoles 25 de noviembre, aunque convocantes, no fueron tan multitudinarias como las que tuvieron lugar 3 de junio de este año.

“A mí me parece que el 3 de junio fue un hito muy importante en la sociedad argentina por la magnitud de la movilización. Sin embargo, también hay que hacer un poco de autocrítica: por ahí hay consignas que se ponen de moda, como pasó en ese momento, pero después, cuando hay que ponerle el cuerpo todos los días, se complica. Eso es algo que hay que trabajar y sostener, los derechos no pasan de moda“, sostuvo Giménez sobre este punto.

“Desgraciadamente es lo que vemos en nuestra sociedad: la poca preocupación y ocupación sobre los problemas sociales. Y Villa Allende es peor, nunca se involucra. Somos muchos en esta ciudad, suficientes para levantarnos y decir ‘¡Basta de violencia de género!’. Ayer mismo mataron a dos chicas, ¿cómo no te vas a comprometer?”, opinó por su parte Sanguedolce, aunque no dudó en defender la realización de la movilización a nivel local.

“Yo creo que debemos sentirnos representados en nuestra propia ciudad, no buscar anexados”, señaló.

“A mí me gustaría que hubiese muchos más hombres participando en esto. Este tipo de movilizaciones no son patrimonio de las mujeres, por el contrario, son patrimonio de todos porque la igualdad de género, justamente, nos tiene que encontrar a hombres y mujeres en una nueva forma de vincularnos. Me parece que los hombres en general no están acostumbrados a este tipo de mujer además. Todos los medios ponen a las minas mostrando el culo. Creo que hay que proponer este otro modelo de mujer, que está súper presente en la sociedad, y que es la mujer que lucha, no la 90-60-90 de Tinelli“, aseguró Giménez, al tiempo que defendía la iniciativa local: “Lo importante es seguir instalando y sosteniendo espacios donde se pueda visibilizar y reflexionar sobre esta problemática”.

“Nosotros vamos a seguir marchando y vamos a seguir convocando y esperamos que la gente empiece a tomar más conciencia. Cuando el pueblo se mueve, las cosas pasan. Pero si cada uno se sigue encerrando en su mundito chiquitito, no avanzamos nada. Hoy se habla mucho de cambio, pero el cambio empieza por uno mismo”, sostuvo a su vez Sanguedolce, desde su lugar de organizadora.

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Diez años sin justicia

Gimena Álvarez era una jovencita más de Villa Allende aquella noche de febrero, cuando fue al boliche a divertirse como cualquier otra. A la vuelta, le pidió a su pareja que la llevara a su casa. Pero nunca llegó. Su cuerpo sin vida apareció el día siguiente en el motel Big Ben.

Gimena Álvarez salió como una más, y volvió como una menos.

Corría el año 2006, todavía no se hablaba de femicidios, ni de violencia de género; no había marchas multitudinarias, ni consignas con hashtags que recorrieran las redes. Su caso quedó ignorado hasta en las estadísticas. Hoy son tantos que hasta el nombre de Jimena Álvarez se repite en la lista de femicidios. Pronto se van a cumplir diez años del fatídico día, y la familia de Gimena sigue esperando justicia.

“Siento una impotencia y una bronca terribles. No puede ser que maten, entren y salgan como si nada. Porque mi hija está muerta y el tipo que la mató, Maximiliano Núñez, anda suelto. Se lo llevaron detenido nueve meses, pagó una fianza de 60 mil pesos y lo largaron. La vida de mi hija no vale 60 mil pesos, la vida de mi hija no tiene precio. ¿Quién me la devuelve ahora? ¿Y mi nieto? Tenía once meses cuando mataron a la madre. Si yo veo a este tipo en la calle no sé qué hago, pero te aseguro que si lo mato, entro y no salgó más”, declaró Raquel Farías, la madre de Gimena Álvarez, durante la marcha de #Niunamenos que se realizó el miércoles en Villa Allende.

Yo quiero que se haga justicia de una vez por todas, porque mientras él anda libre por la calle, esto le puede ocurrir a cualquier otra chica. En todos estos años no ha cambiado nada, día a día se encuentran chicas muertas. Yo ruego a Dios que la situación mejore para que no vuelvan a ocurrir estas cosas”, expresó la mujer.

En febrero llegará el tan esperado juicio, tras diez años de injusticia e impunidad. En este tiempo, no hubo un solo día en que Raquel Farías no se acordara de su hija, una menos.

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Mariposas de la resistencia

Minerva, María Teresa y Patria eran los nombres de las hermanas Mirabal, o “las mariposas”, como se las conocía popularmente en su país, República Dominicana. Durante la larga y cruenta dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, las tres hermanas estuvieron entre las principales opositoras del régimen, razón por la cual fueron encarceladas y torturadas varias veces.

Un día, cuando volvían de visitar a sus maridos en la cárcel (también militantes activos contra la dictadura), fueron interceptadas en la ruta por los hombres de Trujillo. Las ahorcaron, las apalearon y las arrojaron a un barranco dentro de su propio jeep para simular un accidente de tránsito. Era el 25 de noviembre de 1960.

La verdad era por todos sabida y causó gran repercusión en un país enfermo de violencia. El 30 de mayo de 1961, Trujillo era asesinado. “Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte”, había dicho Minerva a principio de los 60, cuando le advirtieron que Trujillo intentaría matarlas.

Su presagio se cumplió: pronto las tres hermanas Mirabal se convirtieron en el símbolo de las mujeres luchadoras en todo Latinoamérica, las mismas que en 1981 denunciaban la violencia doméstica y estatal, los abusos y el acoso sexual durante el primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe, celebrado en Bogotá, Colombia.

Por aquellos días, el 25 de noviembre fue elegido como la fecha para conmemorar en Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres, ratificado en 1999 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde se definió la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada“. Hoy, a 45 años de su asesinato, las mariposas Mirabal siguen resistiendo.

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