Ante todo, escritores

A primera vista, parecería que Rogelio Demarchi y Carola Ferrari no tienen nada en común. Pero lo cierto es que ambos comparten la pasión de la palabra y el oficio del escritor, ya sea como críticos literarios, periodistas, novelistas o investigadores. Eso y que ambos participaron de la VI Feria del Libro organizada por el Instituto Educativo Nuevo Milenio (IENM), de donde se despidieron con el aplauso de los alumnos que compartieron sus charlas. En entrevista con El Milenio, Ferrari y Demarchi hablaron sobre las particularidades de su trabajo y qué los llevó a ser escritores.

Por Lucía Argüello

Colaboración: María del Mar Reyna (4° IENM) y Valentina Grant (PPP).

Crítico desde la cuna

rogelio demarchi
“Un niño se convierte en lector porque hay una persona adulta que le facilita eso, porque hay un vínculo que le va a permitir afianzar lectura y afectos. En mi caso fue con mi padre y con el periodismo”, contó Rogelio Demarchi.

Rogelio Demarchi es Licenciado en Letras Modernas y se desempeña como periodista, docente, investigador y escritor. Sin embargo, en la última edición de la Feria del Libro organizada por el IENM, Demarchi habló desde un lugar muy particular: el del crítico literario, rol que ejerce cotidianamente en el diario La Voz del Interior y como investigador del Centro de Estudios Avanzados (UNC) y del Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (UNC-Conicet).

“Yo tuve un inicio periodístico muy a lo comodín: ‘Che pibe hoy te toca hacer tal cosa y mañana te toca hacer tal otra’. No me importaba, yo lo que quería era trabajar y escribir, y digo los dos al mismo tiempo porque lo que más me interesa del periodismo es el periodismo escrito”, contó Demarchi, aunque admitió que tuvo algunos coqueteos con la radio. Hacia finales de los años ’80, comenzó a decantar hacia un “periodismo cultural” que lentamente lo llevó a posicionarse en los medios como crítico literario.

Sin embargo, contra lo que se podría suponer, en la casa del niño Rogelio Demarchi no había libros. “Yo empecé a leer a los 5 años con mi papá, que me enseñó a leer el diario. En mi casa no había libros pero el diario estaba los siete días de la semana. En primer grado ya era una especie de ‘fenómeno’, un personaje extra Mafalda, podía hablarles a todos los adultos del diario del día anterior. Porque leer el diario no se trata solamente de saber qué pasa, sino también de comentar las noticias, y para mí esa era una manera de estar cerca de mi padre”, comentó el crítico.

El primer libro “de adulto” llegó a los 12 años con una edición de bolsillo de “Bestiario”, de Julio Cortázar, que Demarchi se compró con la plata que sus tías le dieron por cumpleaños. “Ahí hay algo que me empieza a hacer click con el tema de las historias, de leer, de escribir y de intentar jugar con eso. ‘Esto sirve para contar muchas cosas’, pensaba”. Y llegó a ponerlo en práctica, ya que ha publicado cuatro libros (dos sobre crítica literaria, uno de relatos y una novela), aunque aseguró que todavía sigue esperando el best-seller.

“Como todavía no la pegué con eso, tengo que vivir de lo que puedo escribir. Yo me rompo la cabeza y me paspo la cola sentado frente a la computadora y escribo libros y logro que esos libros se publiquen y todo, pero no logro que los lectores los compren y se junte la plata”, bromeó Demarchi, aunque en ningún momento renegó de su trabajo actual y afirmó que crítica y periodismo son dos cosas que van de la mano. “Ser crítico es ser periodista y, dicho al revés, no podés ser periodista si no sos crítico”.

Mejor sí hablar de ciertas cosas

carola ferrari
“Cualquier cosa verdadera puede crear todo un mundo de ficción. Anoche soñé con una frase que dice una amiga y hoy la tomé e hice una historia para la columna que escribo”, señaló Carola Ferrari.

Desde su primera novela, “Prohibido prohibir”, Carola Ferrari ha demostrado ser una escritora con buen pulso y sin pelos en la lengua, que no tiene miedo de tocar temas sensibles de nuestra sociedad actual. Nacida en Jujuy en 1977, sus estudios en psicopedagogía la llevaron a Río Cuarto primero y luego a Santa Rosa de Calamuchita, donde vive actualmente con su familia.

“Empecé a escribir en la adolescencia como una especie de descarga, a modo terapéutico digamos. Me enojaba con alguien y ahí en el acto escribía un cuento para convertir a ese alguien en el villano de la historia”, contó Ferrari.

A pesar de esta vocación temprana, la idea de dedicarse a escribir no fue la primera que se cruzó por la mente de Carola Ferrari a la hora de elegir una carrera. “Me gustaba mucho la psicología y la educación, y la psicopedagogía era como la combinación de ambas. Después me incliné más hacia la psicología, porque me fascina la mente humana, la locura”, comentó Ferrari, que hoy tiene su propio consultorio.

Sin embargo, la escritora en ella no se resignaba. “Yo sabía que en algún momento de mi vida me iba a dedicar a la escritura, pero lo pensaba como para la vejez. En un momento me di cuenta que uno siempre suspende lo que más desea y en realidad nunca sabés lo que puede pasar. Entonces ahí nomás decidí que iba a escribir y a publicar”, explicó Ferrari.

Su trabajo resultó determinante a la hora de emprender esta tarea, como se refleja en su último libro, “Esclava blanca”. “Cuando abrí el centro de mediación en Santa Rosa, las primeras denuncias que me tocó asistir eran todas por violencia de género. Me fui formando y el tema resonó en mí. Me parece muy necesario hablar de esto, es importante para nosotras, las mujeres, poder definir bien de qué se trata, porque todavía hay mucha confusión al respecto. La primera columna que escribí decía ‘Mi marido es un santo’, y todos los comentarios eran ‘Mi marido también, me ayuda con los chicos, lava los platos’. Se siguen viendo todas esas tareas como una obligación exclusiva de la mujer”, explicó Ferrari, quien incluso brinda talleres y charlas sobre el tema y escribe columnas al respecto en un diario local.

“Yo trato de seguir mi ideología. Quiero mirar para atrás el día de mañana y que cada novela haya sido un aporte”, aseguró la escritora y señaló que en sus libros no se guarda nada. “Hay denuncia social, hay algún tipo de propuesta para no quedarnos en la impotencia que produce lo que estás denunciando y está el componente humano, desde lo psicológico hasta lo sexual. Me encanta escribir y hablar de sexo. Si hay una escena de sexo, que sea real y no un ‘y ocurrió lo que tenía que ocurrir'”, afirmó.

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