La suba de precios de los productos del mercado obligan a los consumidores a ajustar sus bolsillos para poder adquirir lo mismo mes a mes. Una de las claves es gastar menos de lo que se tiene, sin suprimir lo necesario.

Por Redacción El Milenio.
Colaboración: Ana Paula Amatti, Matias Avellaneda, Felipe Murrie. 4° IENM e IMVA.
La economía doméstica se basa en el intento de disminuir el gasto comercial en productos que satisfacen las necesidades tanto básicas como secundarias. Entre estas necesidades se encuentra la vestimenta, alimentos, productos para el hogar, y otros.
La inestabilidad de precios puede afectar directamente al consumidor, eso se debe a que a un alza sostenida de precios genera inflación. En este contexto el dinero líquido tiene menos valor; cuestión bastante recurrente en nuestro país.
Muchas veces el aumento de precio tiene que ver con la relación oferta – demanda, o con la necesidad del comerciante de poder obtener un mayor margen de ganancia en los productos o servicios que ofrece.
Por ello, para mantener una economía doméstica sustentable se debe tener en cuenta el micro entorno donde la familia gasta, invierte, comercia, ahorra y pierde. Pero para esto hay diferentes soluciones o regulaciones que se recomiendan, como eliminar intereses en marcas particulares de ciertos productos; tomar el tiempo necesario para realizar una compra consciente; evaluar los precios y los diversos productos que se encuentran en el mercado.
Al mismo tiempo, diversos estudios socio económicos invitan a optar por una compra comunitaria, puesto que los productos en cantidad suelen ser más económicos, e instando a no abusar de los productos preparados.
Por otra parte, controlar a diario las entradas y salidas de dinero, agrupando los gastos de la semana o el mes por categorías para saber dónde se gasta más, es una forma de registrar los consumos y disminuir aquellos que no son imprescindibles, es decir revisar los gastos fijos y evaluar si se pueden ajustar.
A su vez, muchas familias elaboran un presupuesto general, en el que definen las necesidades del hogar y dejan al descubierto los recursos económicos con los que se cuenta.
Dulce o truco.
Los productos de “temporada” son los que más atención merecen por parte de los consumidores, ya que éstos no sólo están en su momento de mejor calidad, sino que además ofrecen un precio más ventajoso, dado su deterioro. Por ejemplo, las frutas y verduras de primavera y verano, cuya venta y consumo no pueden detenerse, puesto que se estropean.
Muchos opinan que lo principal a la hora de comprar es “comprar bien”, es decir, comprar cuando los precios convengan, y no cuando esté “barato”. Por ello, varias personas sostienen que hay que desconfiar de las “gangas” y de los artículos rebajados, porque pueden ser de menor calidad.
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