Por: Martín Aliaga, Ignacio Bustos y Matías de la Rua 4° IMVA – Juliana Atea y Frida Zacchino 4° IENM.
El abordaje de los consumos problemáticos en Unquillo se desarrolla a través del Programa de Salud Integral creado por el municipio en 2024. Dentro de esa política se integra la Red Asistencial de las Adicciones de Córdoba (RAAC), un programa provincial al que la ciudad adhirió mediante un convenio y que comenzó a funcionar en diciembre de ese año.
Aunque muchas personas asocian la RAAC únicamente al tratamiento de las adicciones, quienes integran el equipo aclaran que su trabajo tiene un enfoque más amplio. «Nosotros no tenemos como objetivo directamente trabajar en la eliminación del consumo, sino en poder abordar las problemáticas que aparecen asociadas», explicó la psicóloga Catalina Albrisi, coordinadora del Área de Salud Mental. Así, desde la puesta en marcha del dispositivo y hasta junio de este año, se asistieron a 137 personas.
Actualmente operan la RAAC 1, orientada a la prevención y promoción de la salud, y la RAAC 2, destinada a las personas que ya atraviesan una situación de consumo problemático. Los niveles siguientes corresponden a internaciones breves en hospitales generales y, sólo cuando resulta necesario, a tratamientos prolongados en comunidades terapéuticas fuera del lugar de residencia.
Sin embargo, el equipo local destacó que esas instancias representan una parte muy pequeña del trabajo cotidiano. En este sentido, Albrisi señaló: «Apostamos al tratamiento ambulatorio, a que la persona no se corra de su vida cotidiana, porque consideramos que el encierro no reduce el hábito».
El consumo como síntoma

El ingreso al programa comienza con una primera escucha, una instancia abierta tanto para la persona que atraviesa el consumo como para familiares o referentes afectivos. Allí, un equipo conformado por profesionales de distintas disciplinas conoce la situación y, junto con quien consulta, diseña una estrategia de cuidado adaptada a sus necesidades. «El principal objetivo es mejorar la situación de salud integral de esa persona», sostuvo Albrisi, quien explicó que el tratamiento también contempla aspectos como el acceso al trabajo, la vivienda, la atención médica o los vínculos sociales.
«Nosotros siempre decimos que el consumo problemático es la punta de un iceberg», ilustró Quiroga. Debajo de esa manifestación visible, indicó, suelen aparecer múltiples factores vinculados con la historia de vida, las condiciones sociales, los vínculos familiares y el entorno cotidiano de cada persona. «De todo eso el equipo va tomando nota”, aseveró.
En ocasiones, quien llega primero al dispositivo es un familiar preocupad y, de esta manera, se comienza acompañando al entorno para encontrar estrategias que permitan acercar a quien necesita ayuda. «Nosotros no podemos trabajar con una persona que no está viendo que tiene un problema -sostuvo-. Esa persona tiene que problematizar esa situación».
A partir de la primera evaluación, cada caso articula con los distintos centros de salud del municipio y con otras áreas según las necesidades detectadas. Además del seguimiento individual y la valoración psiquiátrica cuando resulta necesaria, uno de los pilares del dispositivo es el espacio terapéutico grupal. «Se trabaja por empatía con situaciones similares», detalló por su parte la agente sanitaria Milagros Quiroga.
El desafío de prevenir

Desde los inicios del proyecto, el equipo fue construyendo un panorama sobre las principales problemáticas que atraviesan a la comunidad. Si bien cada historia es distinta, los datos recopilados permiten identificar algunas tendencias.
Según explicó Quiroga, la franja etaria que concentra la mayor cantidad de consultas es la de personas de entre 25 y 35 años. En cuanto a las sustancias, la cocaína representa el principal motivo de consulta, con el 51,8% de los casos registrados. Le siguen el cannabis (30,7%), el alcohol (27%), el tabaco (13%) y el pipazo, crack y pasta base (9,5%).
Sin embargo, Albrisi aclaró que los consumos problemáticos rara vez aparecen de manera aislada. En la mayoría de las situaciones -expuso- las personas combinan distintas sustancias y, aunque la cocaína suele ocupar un lugar central, frecuentemente se asocia al consumo de alcohol, marihuana o psicofármacos no recetados.
Los datos relevados también muestran que el 74% de quienes consultaron no terminó el nivel secundario. «Nos habla de cómo, cuando hay trayectorias de mucha vulneración de derechos, es más posible que se desarrolle una situación de consumo problemático», afirmó la coordinadora.
Además de las sustancias, ganan cada vez más presencia el uso excesivo de pantallas y las apuestas virtuales. A partir de actividades de prevención realizadas durante los Corsos de Unquillo, observaron que muchos niños y adolescentes todavía no identifican esas prácticas como un posible problema.
Frente a este escenario, ambas profesionales coincidieron en que la prevención continúa siendo el principal desafío. Si bien la RAAC acompaña a quienes ya atraviesan esta situación, también trabaja para fortalecer la promoción de la salud antes de que esas situaciones aparezcan.
Durante este año, comentaron que el eje estará puesto en la formación de promotores dentro de la comunidad educativa y en consolidar redes de cuidado entre escuelas, clubes, organizaciones e instituciones locales. «Esperamos fortalecer las tramas de cuidado que existen en Unquillo», cerró Albrisi.

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