13 agosto, 2026

El Milenio

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Unquillo: a 25 años de la tragedia que desnudó la violencia de género antes de tener nombre

Victoria Allende y Renata Lovey (IENM)


Este 12 de agosto se cumple el vigésimo quinto aniversario de una tragedia que marcó a un pueblo entero. Se trata de la llamada “Masacre de Unquillo”, ocurrida en 2001: el asesinato de cuatro niños (Janet de siete años, David de cinco, Estrella de tres, Moisés de dos) a manos de su padre Rafael Arcángel Aballay.

Esta terrible historia comienza, como muchas otras, con episodios de violencia previos que una solitaria mujer, María Rosa Pico aguantó silenciosamente durante muchos años.

Aunque Aballay tenía antecedentes, incluyendo denuncias por violencia e intento de abuso con una pareja anterior, estas no habían trascendido demasiado y para los vecinos de Villa Forchieri, era más conocido como una persona apreciada y útil por sus habilidades como albañil.

Un grito subestimado

Un día, una de las agresiones que sucedían frecuentemente en el hogar, fue escuchada por una vecina y, con su ayuda, María Rosa se animó a finalmente denunciarlo. Esa noche, Aballay quedó detenido en la comisaría de Unquillo, donde permanecería casi un mes.

“Él no era violento con ellos (sus hijos), el problema era conmigo. Me pegaba por cualquier cosa”, contó María Rosa en un informe televisivo publicado en Canal 10 en el año 2013, conducido por Dante Leguizamón.

Durante todo el tiempo que Aballay estuvo detenido, trabó relación amistosa con agentes de la policía de Unquillo. Estos mismos acudieron a la casa de María Rosa para convencerla de retirar la denuncia, argumentando que no tendría cómo mantener a sus hijos sin el sueldo de su marido y que además “él era bueno e iba a cambiar”.

A los pocos días, Aballay volvió a agredir a su pareja con un arma blanca y, siguiendo el consejo de una psicóloga estatal, ella decidió dejar la casa. «Acudí al fuero judicial. Una psicóloga de Tribunales me dijo: Mire María Rosa, va a ser mejor que usted se retire de su casa por lo menos una semana, a ver si mejora la situación», cuenta la mujer en el informe. “Yo no podía seguir viviendo así, me iba a matar a mí o lo terminaba matando yo”, continúa su testimonio en el informe.

Aunque decidió seguir el consejo y tomar distancia, María Rosa seguía viendo a los niños en el colegio. Nunca sospechó que Aballay pudiera agredir a sus propios hijos, ni mucho menos el horror que ocurriría después.

Violencia sin nombre

El 12 de agosto de 2001, la policía recibió un llamado donde Aballay confesaba haber asesinado a sus cuatro hijos y decía que él mismo había consumido veneno. Cuando la policía llegó a la vivienda en Villa Forchieri, se encontró con una escena terrible. Aballay había degollado a los cuatro menores con un cuchillo Tramontina.

Dante Leguizamón, periodista de Sierras Chicas que siguió de cerca el caso, recordó aquel día en diálogo con El Milenio: “Cuando yo llegué, una ambulancia se estaba llevando al primer policía (el que había convencido a María Rosa que levantara la denuncia) porque se había descompensado después de ver lo que era la escena en esa casa. Yo cometí el error de asomarme por una ventana, y aunque solo fue un pantallazo, con lo que vi me di cuenta del espanto que era esa situación”.

Aballay fue trasladado al Hospital, donde se comprobó que no había ingerido veneno, aunque sí presentaba autolesiones. En septiembre de 2002 fue condenado a 24 años de prisión efectiva, la máxima de ese momento.

A pesar de que el caso encuadra en lo que se conoce como “violencia vicaria” (una forma de violencia de género en la que el agresor utiliza a los hijos como instrumentos u objetos para dañar a la madre), Aballay no recibió una pena mayor porque en ese momento no existía la figura legal del femicidio ni los agravantes que hoy permitirían una condena de 35 años o más.

«Durante todo el proceso judicial lo único que pedía era que lo sentaran al frente de María Rosa para decirle que los había matado por su culpa», destacó Leguizamón.

Tras pasar la mayor parte de su condena en penales de máxima seguridad (como la cárcel de Bouwer), Aballay obtuvo el beneficio de ingresar a la cárcel abierta de Monte Cristo debido al “buen comportamiento”.

Mientras tanto, María Rosa se mudó a Córdoba, pero aunque se alejó de la tragedia, el recuerdo de sus “ángeles”, como ella los llama, la acompaña a todas partes. «Puedo volver a ser mamá, pero ese vacío que quedó cuando partieron en cuatro partes mi corazón, no lo va a llenar ningún agua del río», afirma en el informe.

Aunque la condena de 24 años se cumpliría este 2026, lo cierto es que Rafael Arcángel Aballay está libre desde 2022, un dato que resulta alarmante tras conocer los detalles del caso.

«Lo más importante es saber que los agresores son igualitos que nosotros”, señaló Dante Leguizamón, quien registró la historia en la crónica “Un cuchillo en la mirada”, publicada en su libro “La letra con sangre” (2011). “El desafío sigue siendo tratar de encontrarse con los otros, de hablar de las cosas que nos pasan… porque la sensación que yo tengo es que es la sociedad la que está enferma y no solamente estas personas«, concluyó el periodista.


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