Por: Dasha de Loredo, Matilde Encina, Josefina Arra y Olivia Gómez 4° IENM – Benjamín González 4° IMVA
En las Sierras Chicas, donde el monte forma parte de la vida cotidiana, las plantas son mucho más que un elemento del paisaje. Para Victoria Trincado, educadora y promotora de la salud a través de las plantas medicinales, cada especie guarda un conocimiento construido durante generaciones y una forma distinta de comprender la salud.
Hace 32 años que vive en Cabana y fue ese entorno el que, casi sin darse cuenta, despertó su interés por el mundo vegetal. Un curso sobre microdosis dictado por un vecino marcó el inicio de un camino de formación que continuó con investigaciones propias y el intercambio de saberes con habitantes de la zona. Hoy acompaña procesos de sanación desde la fitoterapia, dicta talleres y elabora preparados a base de plantas.
Su mirada combina conocimientos científicos con la experiencia transmitida de generación en generación. «De las plantas que se sabe que curan, es porque se ha ido experimentando desde hace millones de años», afirma. Al mismo tiempo, sostiene que la ciencia apenas ha investigado una pequeña parte de las especies existentes, por lo que todavía queda mucho por descubrir sobre sus propiedades medicinales.
Además, considera que el verdadero sentido de su trabajo está en los encuentros y en la construcción colectiva de la salud. Al respecto, valora: «Las plantas también tienen un nivel de espiritualidad. No son una cosa inerte, muerta, como una pastilla, sino que estamos tratando con otro ser vivo».

El Milenio: ¿Qué criterios determinan que una planta se considere medicinal?
VictoriaTrincado: Hay una base de conocimientos que es científica, por la cual muchos se rigen y encontramos abundante bibliografía. Pero, sobre todo, hay una base de conocimiento empírico, que surge de la experiencia en el uso de las plantas. Yo considero que todas las plantas tienen psicoactivos.
Entonces, de las plantas que se sabe que curan es porque ya se ha ido experimentando y es un conocimiento que se pasa de generación en generación, por decirlo de alguna manera y de alguna forma, alguien llegó a conectar con esa planta; antes era a prueba y error. Pero la ciencia ha investigado apenas el 1% de todas las plantas. Entonces, hay muchísimo por descubrir aún. Desde la práctica, en cambio, se han probado muchas más.
EM: ¿Qué son los principios activos y cómo se aprovechan mejor en preparados?
VT: Los principios activos son moléculas o sustancias que tienen las plantas, que ellas mismas usan para sus propias defensas, por ejemplo, y son las que nosotros después aprovechamos. O sea, se defienden de depredadores, de plagas, etcétera. Ellas generan esas sustancias para defenderse, y esas moléculas son las que después nos sirven a nosotros como fármacos. Extraemos con alcohol, porque el alcohol tiene la capacidad de disolver la mayor parte de esas sustancias. La lógica de la microdosis es un extracto de planta diluido en agua, apto para el consumo humano o de animales.

EM: ¿Cuál es la diferencia entre usar una planta para prevenir, para aliviar un síntoma o para curar?
VT: Podemos usar las plantas tanto para prevenir, es decir para fortalecer nuestro sistema inmune. También se pueden usar en casos de síntomas agudos, como calmar un cierto dolor, por ejemplo, o también en síntomas crónicos, que serían síntomas que perduran en el tiempo.
Con las plantas medicinales, cualquiera de esas opciones es válida, dependiendo de la especie o de las dosis. Para prevención se hacen tratamientos de un mes por lo general, por ejemplo para desparasitar que es algo preventivo En síntomas agudos se pueden usar más dosis, no una cantidad más grande, sino con más frecuencia. Siempre varía dependiendo la persona y los síntomas, no hay una regla.
Y eso es lo que tiene la medicina con plantas: tiene otros tiempos y registros con respecto a los fármacos sintéticos, que solo callan síntomas. Quizás callan un síntoma con más inmediatez, pero tapan lo que generó ese síntoma, mientras que las plantas, quizás, lo tratan distinto.
EM: ¿La flora nativa de las Sierras Chicas tiene propiedades particulares? ¿Con qué plantas trabajás más frecuentemente?
VT: Las plantas nativas son las que más trato de usar, por el vínculo que tenemos con ellas, justamente porque se dan más. También hay otras exóticas que uso, que conviven con las nativas e interactúan con ellas. La particularidad que tienen es que, quizás, la gente que está en la zona desde hace mucho tiempo conoce más sus beneficios y usa esas, pero no es que sean ni más ni menos curativas que las otras.
La pasiflora, que es una nativa de América, es una enredadera que tiene usos analgésicos, es sedativa para el sistema nervioso y antiinflamatoria. Se usa en casos de insomnio y de estrés. Esa es una de las que yo más uso porque muchos de los síntomas se generan a partir del estrés o del sistema nervioso, como los dolores de cabeza o los problemas digestivos.
Después, para desparasitar, se usan la altamisa y el paico. Las dos juntas también son digestivas. El chañar es un árbol nativo que es muy bueno para el sistema respiratorio. Es un expectorante y también es analgésico. Se usa mucho en esta época para enfermedades respiratorias, como el asma. También el ambay tiene esas propiedades.
Otra que se usa mucho es la lavanda, que no es de acá, pero sí tiene usos parecidos al de la pasiflora, que es un sedativo del sistema nervioso, es digestivo y para dolores de cabeza. También hay que tener en cuenta que cada planta tiene muchas propiedades.

EM: ¿Qué experiencias te motivan en este trabajo con las plantas?
VT: Yo hago talleres particulares y también comercializo las microdosis, pero creo que lo que más me gusta y me interesa es el encuentro, el intercambio de saberes, volver a poner sobre la mesa ese conocimiento para que no se pierda y revalorizarlo.
Eso me parece interesante: lo que se construye en colectivo. En un punto, con mi propio proceso, me di cuenta de que la salud es colectiva, se construye colectivamente. Yo no puedo estar totalmente bien si el otro está flojo en algo. Somos una red.
Creo que abordar la salud desde ahí es entender que es un ecosistema, que tiene que estar en equilibrio y que el uso de las plantas, por lo general, es una excusa para acercarnos entre nosotros y para tener un vínculo distinto con ellas, para ponerles un nombre. Y lo interesante de eso es que estamos tratando con seres que están ahí, viviendo su experiencia en este mundo, como nosotros. Y compartir eso con la gente es lo que nos genera salud. En cada encuentro uno se va más saludable.
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