4 abril, 2026

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La Brillante: El renacer del antiguo hotel de zapateros como refugio de arte y comunidad en Salsipuedes

A poco de cumplir su primer año, el proyecto se consolida como una experiencia cultural y comunitaria nacida en Villa Silvina. Con más de doce integrantes, el antiguo hotel del Sindicato de Zapateros fue recuperado mediante trabajo colectivo y hoy funciona como un espacio vivo de encuentro, creación y participación para quienes habitan la zona.

Por: Martina Baratta, Micaela Acevedo, Antonella Risso y Morena Pavón  6° IMVA.


  • Recuperación histórica: El proyecto funciona en la antigua colonia de vacaciones del Sindicato de Zapateros, un edificio de los años 60 que estuvo décadas abandonado.
  • Gestión por comodato: Tras una propuesta al gobierno local, el equipo obtuvo un comodato por 10 años que les permite habitar el predio sin deudas de servicios básicos.
  • Modelo de trabajo: No se rigen por el lucro, sino por el voluntariado y el deseo. Los integrantes (psicólogos, artistas, biólogos, carpinteros) invirtieron su propio tiempo y dinero para la puesta en valor.
  • Cruce de lenguajes: No funcionan con categorías rígidas. Buscan que la danza, la psicología, la escritura y el juego se mezclen de forma espontánea.
  • Espíritu de Club: Recuperan la idea del club social con «Los viernes de club» (acceso gratuito a la pileta y juegos) y talleres abiertos sin necesidad de experiencia previa.

En la entrada de Salsipuedes, a un kilómetro y medio de la ruta E53, una casa grande con espíritu de club vuelve a encenderse después de décadas de abandono. Donde antes funcionó una colonia de vacaciones, hoy surge La Brillante, un espacio comunitario de investigación, experimentación y creación artística, nacido del deseo y el trabajo colectivo de amigos, amigas, vecinos y vecinas.

Desde clases de ping pong, talleres de artes escénicas y encuentros de lectura, hasta el “Club de los viernes”, La Brillante aparece como una respuesta comunitaria que recupera la idea de pertenencia barrial. Así, se trata de un un lugar para estar juntos, crear y encontrarse. Un espacio abierto, colaborativo donde las ideas emergen, se cocinan, se mezclan, se alimentan.

Tejer un espacio desde el encuentro

De ruina a espacio vivo: El antiguo hotel del Sindicato de Zapateros en Villa Silvina recuperó su brillo gracias al trabajo voluntario de vecinos y amigos. Foto gentileza.

Deseosas de establecer nuevos vínculos y cruces, armar grupalidades donde el movimiento y la palabra encuentren un puente, Paola Meer Lemos y Victoria Pinardel, aseguran que La Brillante es el fruto de seguir la intuición y el pulso de hacer con otros y otras. 

Ambas psicólogas y compañeras en la danza y el teatro, cuentan que ese tejido de afinidades – entre quienes bailan, quienes escriben, investigan, quienes trabajan con sus manos– es la base del proyecto. “La grupalidad no estaba antes: se fue armando. Nos gustó cómo el otro hace lo suyo. Desde ahí surgió La Brillante”, dicen.

Todo comenzó con la imagen deteriorada de un viejo edificio en ruinas, que como sucede muchas veces, se vuelve territorio de todos y de nadie. Elisa Gagliano, otra de las integrantes, fue quien alertó sobre la situación que veía desde su balcón y lo compartió con sus vecinos y vecinas, preguntándose cómo podía ser que ese lugar estuviera así.

Durante años, la Municipalidad lo utilizó como escuela de verano, habilitando un baño, la pileta y un espacio verde. En tanto, el sindicato –hoy con muy pocos miembros– mantenía el predio casi por amor a la historia, pero sin posibilidades de sostenerlo.

Con este escenario y en reuniones habituales entre amigos que se juntan a comer, bailar, conversar, surge la idea: proponer algo al gobierno local. “Por suerte, la gente que está ahora fue muy copada. Nos dijeron: ‘sí, pero ustedes están locos. ¿Cómo van a meterse acá?’”, recuerdan.

Así, el acuerdo que inicialmente iba a ser por tres años terminó convertido en un comodato por diez. De esta manera, se les permite estar en el predio sin pagar luz, agua ni internet. Al respecto, dicen: “Entramos sin deudas, y eso da otra energía. No nos mueve la idea de ganar plata, sino el deseo de trabajar, después, si llegan recursos, vendrán”.

Lo que siguió fue puro cuerpo y voluntariado. Verano mediante, y con el pulso de cinco o seis integrantes que tenían tiempo disponible, comenzaron rasqueteando paredes, limpiando, reparando, poniendo dinero de sus bolsillos. 

“Todo era una mugre… se notaba que había entrado gente a sacar cosas -rememoran-. Pero también apareció una energía muy especial: trabajar sin cobrar, sostener algo desde lo afectivo”. Entonces, en dos meses lograron abrir.

En este sentido, descreídos de poder hacer algo en ese lugar, comentan que miembros del sindicato visitaron la casa para ver qué estaban haciendo y uno de ellos, al ver los cambios, se emocionó hasta las lágrimas.

Un proyecto con memoria

Para conocer más de sus propuestas, su cuenta en Instagram: @labri.llante. Foto gentileza.

Con una impronta particular, La Brillante no funciona como un centro cultural tradicional. No es un espacio donde cualquiera llega a proponer un taller y listo. El corazón del proyecto es generar cruces inesperados entre áreas, lenguajes y personas. En esta línea, aseguran: “Queríamos que sucedan cosas que no vengan de categorías rígidas, tipo “esto es psicología”, “esto es danza”. Buscamos metamorfosis”.

Algo clave es que la arquitectura del predio acompaña ese espíritu: muchas habitaciones, galerías, pileta, asadores, juegos de mesa, entre otros. “Puede haber niños en una actividad, madres bailando, adolescentes jugando y otra persona leyendo. Simultáneo y en cruce. Ese es el club”, describen desde la organización.

El «Club de los viernes»: La Brillante ofrece un espacio de encuentro gratuito donde conviven el juego, la lectura y las artes escénicas sin jerarquías. Foto gentileza.

Hay una comisión para recibir iniciativas externas, pero también una pulsión interna por inventar. “Pensamos que todos somos creadores –señalan-. Si alguien dicta danza para adolescentes, se busca quién del equipo puede cruzar algo con eso”.

Para lograrlo, aseguran que es fundamental la forma en que se convoca al público. Las actividades están pensadas para que pueda participar cualquier persona, sin necesidad de tener experiencia previa. Sobre este punto detallan que “hay propuestas corporales para movilizar el cuerpo y después consignas para la escritura, y así se va tejiendo algo entre ambas”.

Esa lógica de apertura también define la manera de armar talleres y encuentros: no hace falta ser escritor, ni bailarín, ni tener un saber técnico para sumarse. La invitación es amplia y accesible, lo que genera grupos eclécticos, donde conviven personas de edades, profesiones y búsquedas muy distintas. Allí radica parte de la potencia del espacio: permitir que lo comunitario ocurra incluso entre quienes no comparten un mismo punto de partida.

Bajo ese espíritu, se instala la idea clásica del club social: los viernes se juntan simplemente a estar juntos. “Jugar a la pelota, usar la pileta, compartir. La colonia está abierta al vecino, a la vecina, con acceso gratuito”, cuentan.

Entre galerías y asadores, La Brillante propone un cruce de lenguajes artísticos y sociales para combatir el aislamiento y fomentar los vínculos barriales. Foto gentileza.

La historia de la antigua colonia de los zapateros atraviesa toda la experiencia. El esplendor de los años sesenta, la industria que decae hasta casi desaparecer, el sindicato que sobrevive por cariño y convicción. La Brillante se propone habitar esa memoria, pero también proyectar algo nuevo: un espacio donde el arte, la salud colectiva, el pensamiento y el juego tengan lugar.

Hoy son doce integrantes: psicólogos, artistas, carpinteros, filósofos, músicos, biólogos, actores y bailarines apostando por un modelo de trabajo basado en el deseo, la confianza y la colaboración.

La Brillante recién comienza, pero ya es un experimento vivo sobre cómo crear comunidad en tiempos de crisis y aislamiento. Un recordatorio, como dice Paola, de que no todo se mueve por dinero. A veces el motor es otro: el cuidado, el vínculo, la esperanza de que algo colectivo puede volver a brillar, unir, transformarse.


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