Por: Valentina Olivera, Guillermo Manzano, Máximo Lopresti, Juan Zapata y Genaro Benassi 4° IENM.
- Nacimiento en pandemia: El proyecto surgió en el comedor familiar, uniendo la docencia técnica de Pamela y el deseo creativo de Esaú.
- Identidad ambiental: Utilizan madera reciclada (como pallets) para dar una nueva vida a lo que otros desechan, aunque el crecimiento del negocio les plantea el desafío de cómo escalar la producción sin perder ese origen.
- Juegos sin edad: Su premisa es que el juego no es solo para niños; diseñan piezas que estimulan la motricidad y el pensamiento en adultos y personas mayores.
- De autómatas a encastres: La oferta incluye desde figuras de equilibrio hasta mecanismos complejos que generan movimiento.
- Proyección educativa: Adaptan sus diseños para que puedan ser utilizados masivamente en escuelas y centros educativos, reforzando su rol como «voces que invitan a jugar».
Caracolí, curiosidad en movimiento, es un emprendimiento de juguetes y juegos de madera reciclada que nació del cruce entre el arte, la técnica y el juego. Detrás del proyecto están Pamela Aimaretti y Esaú Carabali, una pareja que trabaja de manera integral en cada etapa del proceso: desde la búsqueda y selección de materiales hasta la fabricación, la difusión y la comercialización de los productos.
El origen de Caracolí se remonta a los primeros meses de la pandemia, aunque la idea venía gestándose antes. Pamela trabajaba como docente en un colegio técnico de Río Ceballos y tenía la intención de desarrollar un proyecto que integrara el teatro con la especialidad de mecánica de sus estudiantes. En ese contexto apareció el interés por los autómatas, objetos que generan movimientos repetitivos a través de mecanismos simples. Cuando compartió esa inquietud con Esaú, él le contó que siempre había querido construir juegos de ese tipo. El aislamiento los encontró sin proyectos escolares, pero con el deseo intacto de crear.



La iniciativa tomó forma en el comedor de la casa, cuando uno de sus hijos propuso empezar con los bloques de madera que tenía guardados. “Así que Caracolí empezó así, en pandemia, en el comedor de la casa, jugando los cuatro con una sierra, con lo que tuviéramos a la mano para crear nuestros primeros juegos”, recordó Pamela. A partir de esa experiencia lúdica y exploratoria surgió el primer encargo concreto: un juego de equilibristas compuesto por figuras humanas que se encastran y se apilan, marcando el nacimiento formal del emprendimiento.
Desde el inicio, la elección de trabajar con madera reciclada fue una decisión consciente. Para Pamela y Esaú, transformar material de descarte en objetos durables y estéticamente cuidados implica un aporte ambiental y simbólico: resignificar lo que otros desechan y convertirlo en juego. Esa lógica atraviesa todo el proyecto y dialoga con el sentido del nombre Caracolí, que reúne múltiples capas de significado: el taller que se traslada como un caracol con su casa a cuestas, la curiosidad y el movimiento físico y mental.

El Milenio: ¿En qué consiste específicamente la propuesta Caracolí y qué productos incluye?
Pamela Aimaretti: Nosotros creemos en que el juego atraviesa todas las edades, desde que nacemos hasta que somos viejitos, que el juego nos tiene que acompañar toda la vida. Entonces, nuestra idea es que nuestros juegos sean para todas las edades, no son específicamente juegos para niños, sino que están planteados para todos. De hecho, por ahí en las etiquetas dice de cero a 99 años, todo el mundo puede jugarlo, todo el mundo puede entenderlo, todo el mundo puede disfrutar de eso. Nuestra búsqueda es que todo el mundo se anime a jugar. El juego es estimulante, incentiva el pensamiento, la motricidad, estamos generando un montón de cosas a nivel interior, es como el movimiento, pasa por todos lados.
Pamela Aimaretti y Esaú Carabali, el equipo detrás de Caracolí, un proyecto que une el arte y la mecánica en juguetes de madera.
EM: ¿Cuáles son los criterios que tienen en cuenta para el diseño de los juegos y qué importancia tienen la finalidad del juego y la madera usada?
Esaú Carabali: En este momento lo que queremos es que los juegos puedan ser usados por una gama muy amplia de edades, más o menos de desde los 5 años en adelante, sin límite de edad. Todavía no tenemos tantos juegos para menores de 5 años porque por seguridad implican una gran cantidad de elementos que no podemos proporcionar ahora; por ejemplo, las pinturas para bebés y para menores de 5 años no deben ser tóxicas.
Por otro lado, usamos muchas piezas chicas, principalmente bolitas que los bebés no son aptas. Entonces, queremos que sean jugables en una gama de edad amplia que sean muy sencillos de jugar aunque no sean tan sencillos de resolver. Esto implica que si un niño o una niña de 5 años aprende a jugar el juego, ese juego puede acompañarlo o acompañarla durante toda su vida, así no lo resuelva hasta cuando esté grande. Cada desafío va a acompañar su capacidad intelectual a lo largo del tiempo. Otra cosa que nos gusta es que incentiva la actividad cerebral.
Con respecto a los materiales, usamos principalmente la madera porque es bastante sencilla de manejar digamos que con algunas máquinas sencillas se puede lograr un muy buen acabado y se puede transformar de una forma más rápida que si fuera, por ejemplo, el metal o el plástico.

EM:¿Qué metas tienen para el futuro de Caracolí? ¿Hay planes para expandir su negocio de productos y de llegar a nuevos mercados?
EC: Sí, siempre hay sueño de expansión. Siempre hay un sueño de querer producir más, ganar más, no solo a nivel económico, sino poder vivir económicamente de esto porque esto es una propuesta de vida. Estamos queriendo mostrar otras alternativas de vida para todos los seres humanos, para cualquier persona.
Lo que vemos hacia el futuro es tener un taller más grande, poder llegar a más personas aunque eso a veces nos implica alejarnos un poco de nuestra intención inicial que es solo trabajar con materias recicladas. Por ejemplo, hace un tiempo conocimos un hombre que nos regaló cinco toneladas de madera, estamos hablando de mucha madera, y todos eran pallets, unos pallets especiales que traen para una empresa. Había que desclavar los pallets, limpiarlos, pulirlos. Entonces, hasta que yo tenía la materia prima óptima para hacer un juego, podía haber pasado un mes. Si mi mercado empieza a pedirme más, yo ya no voy a tener todo ese tiempo para optimizar esa materia prima, que es lo que nos ha tocado en algunos momentos, ir a la maderera y decir, véndeme esta madera de esta dimensión cepillada ya porque necesito trabajar rápido. Entonces, son como los desafíos hacia ese futuro de poder producir más.
Sin embargo, la idea sí es llegar a más personas, generar estas posibilidades para los centros educativos de todas las edades. De hecho ya hemos hecho algunas adaptaciones porque las bolitas tienden a perderse, imagínense un colegio con un juego así y que 1000 estudiantes estén jugando al jueguito, seguro en algún momento una de las bolitas se va a perder. Sin embargo, hicimos unas adaptaciones un poco más grandes para facilitar este tipo de proceso.
La idea es llegar a centros educativos, ampliar nuestra oferta de juegos y también poder incentivar a través de nosotros mismos que somos una voz que invita a jugar.
Los puntos de venta se pueden encontrar a través de su instagram: @caracoli_juguetes
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