9 abril, 2026

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Sebastián Anisky: La versatilidad como forma de hacer música 

Entre el folklore, el jazz y la cumbia, el músico entrerriano Sebastián Anisky construyó un camino versátil y colectivo que lo llevó de grandes escenarios como el Luna Park a encuentros íntimos en Sierras Chicas. Pianista, acordeonista y cantante, apuesta a la autenticidad, al aprendizaje constante y a la conexión con el público.

CULTURA

Por: Paulina del Castillo, Mariana Machado y Francesca Margonari 4° IENM.

Redacción: Mabel Tula y Milagros Alcántaro.


    Sebastián Anisky es un músico que se adapta a cualquier escenario, instrumento o estilo sin perder autenticidad. Entrerriano de nacimiento y radicado hace años en Sierras Chicas, su recorrido combina talento, curiosidad y una capacidad para acompañar a otros artistas, siempre con la premisa de que lo colectivo potencia lo musical. 

    Así, ha transitado desde el folklore y el rock hasta el jazz, pasando por la cumbia y el repertorio clásico de The Beatles o Queen. “Hoy, después de un largo camino recorrido, me considero un músico versátil”, expresó. 

    A lo largo de su carrera, su vínculo con los instrumentos ha sido amplio: piano, acordeón, guitarra, bombo, ukelele, melódica, armónica y cualquier otro que caiga en sus manos, todo le sirve para explorar nuevos sonidos, aprender y, sobre todo, a acompañar. Igualmente, admitió que el piano es su punto de partida, desde donde puede componer, pensar y crear. 

    Asimismo, su identidad musical se forjó entre escenarios grandes, como el Luna Park —donde acompañó al jujeño Capi Nieva en la apertura de un show de Los Tekis— y sitios más íntimos como La Minerita, el Parque Integrador y el Paseo del Centro en Unquillo; Bar Tao en Villa Allende; y el Teatro Real y San Martín en Córdoba Capital. Al respecto, expresó: “Intento que mi música sea lo más honesta posible y que sea lo mejor que pueda hacer en ese momento”.

    Luego de haber pisado tablas emblemáticas, Anisky no mide su satisfacción por la cantidad de público sino por la conexión que logra en cada encuentro. “En A’gusto, cuando toqué para quince personas, sentí que cada nota resonaba en alguien”, recordó. 

    Actualmente, integra bandas de Sierras Chicas como “Doña Li”, donde toca jazz; y “Como Piña”, una banda de cumbia. Lejos de concebirla como un pasatiempo, Anisky define la música como una necesidad vital. La combina con otros trabajos, para no agotar la pasión en la rutina, y aunque sueña con seguir viajando y tocando en distintos lugares, también valora la quietud de su casa en “el Pueblo de artistas”.

    El Milenio: ¿Cómo empezaste en el mundo de la música? 

    Sebastián Anisky: Fue en el primario con una profesora de música que nos motivaba y nos hacía tocar flauta dulce. Después comencé a tocar el piano con muchos  profesores de barrio hasta que empecé a formar bandas. En el momento que terminé el secundario –año 1994- no había muchas opciones para estudiar música, entonces una de las posibilidades era ir a la Universidad Nacional de Córdoba.

    EM: ¿Cuáles son los artistas que te han inspirado?

    SA: Uno de los primeros fue Charly García; un  primo mío me prestó su cassette de Sui Generis y después, el primer disco que me compré fue “Filosofía barata y zapatos de goma. También hay un músico entrerriano que se  llama Carlos Aguirre, que es un pianista que hace sobre todo música folklórica y ese tipo también me inspiró un montón, es como un  faro. Él sí hace música solista a diferencia de mí. Hoy en día me gusta un montón de música, por ejemplo escucho reggaetón porque a mi hijo le gusta.

    EM: ¿Qué sensaciones tenés cuando componés? 

    SA: Por lo general, la gente piensa que es algo mágico, que todo sale  perfecto a la primera. Sin embargo, mis experiencias compositivas son tensas y siento que suena feo o que lo que armé no sirve y no me gusta. Igual sigo trabajando y al final con esfuerzo y ganas sale algo hermoso. Todo lo que grabé me gustó, aunque al principio es complicado. Cuando se trata de la composición, es algo que normalmente  pensamos para que quede a futuro, pero también está la  improvisación y es sentarte y no saber qué vas a tocar. Me gusta experimentar esa incertidumbre.

    EM: A lo largo de tu recorrido, ¿Qué momentos o decisiones sentís que marcaron un antes y un después en tu camino como músico?

    SA: Hubo varios pero voy a destacar el momento en que me convocaron para integrar Tangrama, una agrupación liderada por Pablo Rojas como guitarrista, compositor y arreglador de toda la música que se tocaba con el ensamble. Fue un desafío muy exigente desde lo musical y técnico, ya que además de los conciertos se grababa un disco por año. Esto fue desde fines del 2018 hasta principios del 2022, cuando nos mudamos a Unquillo.

    EM: ¿Qué aprendés de cada banda o grupo con el que trabajás y cómo se van nutriendo esos conocimientos entre sí?

    SA: Mi punto fuerte siempre fue tocar con otras personas y en estos 30 años toqué con muchas. De cada una siempre aprendo algo, ya sea consciente o de forma sutil, el saber se transmite. Aprendí a escuchar y a interactuar con los músicos, tratando de aportar lo que la obra necesita. También con cada género aprendí algo nuevo. Por ejemplo, con el candombe fui consciente de la profunda relación entre la música y la danza.

    EM: ¿Cómo sentís que cambió tu relación con la música desde aquellos primeros años hasta hoy? ¿Cuál es el propósito que guía hoy tu camino como músico?

    SA: Con el tiempo la relación madura, el disfrute es más intenso. Lo que no cambia es el cosquilleo del instante previo a tocar y la especie de euforia que queda después. Cuando toco siempre pongo todo al servicio de la música, las notas y los silencios, con la brújula apuntando al hecho musical completo. Respecto al propósito, no estoy seguro de poder definir eso, pero estoy convencido de que va por el lado de la importancia de que exista música, que todo el mundo pueda experimentar su escucha en vivo, no importa si es en un teatro o en una guitarreada.


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