COMUNICADORES
Por: Luisana Orzán y Julia Zángara 4° IMVA; Lucia Ballistreri y Aylén Nieva 4° IENM.
Redacción: Bárbara Muñoz.
Desde que atendía teléfonos en LV2 hasta sus mañanas en La Popu, Fernando “Turco” Genesir atravesó más de tres décadas de cambios en el periodismo argentino, aunque se define, ante todo, como “un periodista de radio”.
“He trabajado en diarios y en televisión, y ahora en estos nuevos formatos, pero la radio es mi lugar. Tiene su propio lenguaje, su ritmo, su forma de víncularse con la gente”, valora Genesir. Y agrega: “Es donde mejor me siento”.
En tiempos de pantallas múltiples y algoritmos, apuesta por una manera de comunicar basada en la escucha y el trabajo en equipo. “Para mí, eso es el periodismo: compartir, estar con la gente. Esa cercanía es lo que más me moviliza y lo que quiero seguir sosteniendo siempre”, expresa.
En La Popu, conduce “Vamos Viendo”, un programa que combina información, humor y comunidad con una consigna simple: “Informados, no amargados”. Al respecto, explica: “Sabemos cómo está el país, pero queremos empezar el día de otra manera”. Así, promueve una propuesta abierta, donde los oyentes participan y construyen.
Por otra parte, encabeza “La Argentina Posible”, donde recorre el país en búsqueda de experiencias inspiradoras de personas y empresas que contribuyen significativamente al desarrollo local y que tienen el potencial de influir en el futuro del país.
Asimismo, a lo largo de su trayectoria –de Resumen 3 a Yendo, de los estudios a la calle, de la AM al streaming– mantuvo una constante: la curiosidad. Esa inquietud lo llevó a descubrir historias en los pueblos, en los barrios y en las voces anónimas que sostienen al país.
En esa línea, remarca la importancia de “la pasión, la dedicación, la lectura y el estudio” para afrontar el oficio. “En el país que tenemos, con todas las crisis, hay que tener perseverancia y compromiso”, afirma.

El Milenio: ¿Cómo descubriste que querías dedicarte al periodismo?
Turco Genesir: Como yo iba a un colegio con mucha matemática y contabilidad, cuando terminé el secundario me metí en Ciencias Económicas… y me equivoqué. En aquel momento mi familia me decía: “¿Periodismo? Te vas a morir de hambre”. Pero la escuelita de periodismo estaba justo al lado, pasaba por ahí todos los días y era muy tentador. Dejé la otra carrera y empecé a estudiar periodismo libre, justo en la explosión democrática.
Mis viejos me habían puesto reglas claras “si no estudiás, trabajás”. Entonces, empecé a trabajar en una compañía de seguros. Mientras tanto, tuve mi primera gran oportunidad: al frente de mi casa vivía Roberto Ortiz, un locutor histórico de LV2.
Mi viejo habló con él y me hizo entrar para atender el teléfono de 5 a 7 de la mañana. Después me fui metiendo: pedía los datos del tiempo, atendía oyentes, grabé una nota, rendí un concurso y entré al informativo. Esa fue mi puerta de entrada a los medios.
EM: ¿Cuáles considerás tus mayores logros y qué experiencia hubieras encarado de otra forma?
TG: Creo que mi principal logro es este presente. El programa actual es un logro compartido, pero es también un espacio donde me siento pleno, haciendo lo que me gusta con un gran equipo.
También el no haberme quedado quieto: en la crisis de 2001 me animé a hacer televisión y a generar mi propio espacio. Ese impulso me permitió mantenerme en pie y, con el tiempo, derivó en lo que hoy es Yendo. Esa inquietud constante, esa necesidad de seguir aprendiendo y adaptándome, la valoro mucho. Y mi autocrítica tiene que ver con Resumen 3: estaba muy enojado en ese momento, no con alguien en particular, sino con el país. Hoy pienso que no está bueno ese rol, que me sacó del equilibrio que uno debe tener.


EM: Tu estilo se caracteriza por la cercanía y el diálogo con la audiencia ¿Qué parte fue intencional y qué parte surgió naturalmente?
FG: Durante mucho tiempo trabajé desde el estudio, hasta que Mario Pereyra me dijo: “Quiero que salgas a la calle”. Ahí descubrí un mundo. Salía a cubrir actos escolares, caravanas solidarias, entrevistas con intendentes o con el gobernador. Ese contacto con la gente me abrió otro panorama. Para mí, la pasión tiene mucho que ver con la curiosidad. Siempre digo que si no sos curioso, no podés ser periodista. La esencia del periodismo es la inquietud, que te llamen la atención las cosas. Y en ese sentido, el trabajo en la calle me marcó muchísimo. Después la tecnología me devolvió esa cercanía.
Hoy los oyentes te mandan audios, datos, temas. Vamos con el móvil, los ayudamos, hacemos la nota. Se genera una comunidad y ese concepto es central. Es el barrio, la escuela, la plaza, el mercado: los espacios compartidos donde uno se siente parte. Nosotros no estamos en un altar; somos parte del mismo juego. Esa relación de ida y vuelta es lo que más valoro.
EM: A la hora de ir a ciudades más pequeñas, como por ejemplo Sierras Chicas ¿Qué diferencias notás en el abordaje de las noticias?
TG: Yo le propuse a la radio: “Así como Cadena 3 va a los grandes eventos, nosotros con La Popu vayamos a los pueblos”. Y fuimos a muchos y la gente no lo podía creer. Descubrimos otra Argentina: chicos que van en bicicleta a la escuela, gente que cultiva aromáticas o hace telares. De ahí nació La Argentina posible, un programa que muestra esas historias. Ahí hay otro periodismo: uno que mira con más tiempo, que escucha y que valora la vida cotidiana. Creo que en lugares como las Sierras Chicas debe haber mucho de eso: pequeñas historias que hablan de cómo se sostiene un país.
EM: ¿De qué forma imaginás el periodismo que viene?
TG: No sé cómo van a ser los medios del futuro, ni siquiera el año que viene. Pero sí sé que el trabajo en equipo va a seguir siendo clave. En la radio venimos de una tradición donde el conductor era casi una figura intocable, y cuando empezamos con La Popu quise romper con eso.
Actualmente, somos una mesa, un grupo con distintas voces y opiniones. Yo conduzco, pero también me gusta correrme, dejar que los demás jueguen. El otro día una colega me preguntó cómo me sentía en este momento, y le respondí con tres palabras: contento, querido y mimado. No es fácil armar un buen grupo, pero lo hicimos entre todos y la paso muy bien.

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