CULTURA
Por: Elian Lokman y Felipe Uriarte 6° IMVA; Javier Gotta Corral y Francisco Bornancini 6° IENM.
Mediante el teatro, Carolina Godoy encontró la manera de que voz artística resuene con una libertad particular. Así, impulsa proyectos que exploran la identidad femenina y la potencia del trabajo colectivo. De esta manera, indagó en la vida de referentes como Macacha Güemes y Carmen Puch, piezas claves de la historia de Argentina, a través de “Flores Rojas”.
Asimismo, hace un año, llegó a “Magdalena, su propia voz” de la mano de la dramaturga Victoria Centeno, quien la convocó para encarnar la historia de esta mujer. Luego de numerosas presentaciones, cerrará el año con la última función de esta obra el próximo 22 de noviembre en Río Ceballos.
En tanto, su vínculo con el teatro nació en la adolescencia, en un tiempo marcado por la timidez. Gracias a su primo Martín Gaitán, quien la invitó a un taller, descubrió un universo donde podía expresarse sin miedo.
En 2005, tras un concurso, ingresó al elenco estable de la Comedia Cordobesa del Teatro Real, donde desarrolló un trabajo gestual y corporal. En estos veinte años de trayectoria pasó por múltiples escenarios y personajes. A su vez, tuvo la oportunidad de codirigir “Flores Rojas” y de incursionar en el cine. “Fue una transición hermosa, pero muy distinta a nivel técnico”, contó acerca de esta última vivencia en la cual proyecta volver a desempeñarse.

El Milenio: ¿Qué es la actuación y el teatro para tu vida?
Carolina Godoy: El teatro es lo que me sostiene. Tengo el privilegio de vivir de mi pasión. Me sostiene a nivel económico, pero también en muchísimos otros aspectos. Es la suerte de hacer lo que a uno le gusta y, al mismo tiempo, sentir que estás brindando algo valioso. Aunque he tenido mis crisis, siempre vuelvo a elegirlo. Emocionalmente es una herramienta muy rica que me permite decir lo que tengo ganas de decir, algo que sucede con más frecuencia en el teatro independiente. Aunque en el ámbito oficial respondemos a una programación, también hay espacios de diálogo y nos escuchan, Muchas de las obras han surgido de nuestras sugerencias.
EM: ¿Qué papel tiene “la mujer” en tu visión del arte?
CG: Elijo contar las historias de mujeres cuyas voces no fueron escuchadas o fueron tergiversadas. En mi unipersonal «Magdalena, su propia voz», un proyecto al que me invitó la directora Victoria Centeno, resonamos mucho con esta necesidad.
Mi interés en estos arquetipos femeninos ya venía de antes; de querer contar la historia de Macacha Güemes o de haber interpretado a Antígona en el elenco oficial. Me atraen las mujeres que proponen algo distinto a lo esperado socialmente, que no se quedan quietas.
El teatro es una herramienta hermosa para ofrecer otra visión, otra perspectiva, no la verdad absoluta. Para Magdalena, nos basamos en los evangelios apócrifos, textos que estuvieron escondidos por siglos. Para Macacha Güemes fue indagar en un montón de libros donde solo se hablaba de los hombres, de Güemes, y de ella apenas se decía algo. Se trata de rescatar y volver a traer a estas mujeres desde los márgenes de la historia.
EM: ¿Qué supuso dirigir «Flores Rojas»?
CG: Me encantó la experiencia. Fue en codirección con una amiga, y para mí el trabajo en equipo es fundamental, como también poder acordar y construir con otros. No siento ninguna dificultad en ello; al contrario, sola me hubiera sentido más sola.
Estoy muy acostumbrada a trabajar en equipo y me siento cómoda dialogando, acordando y escuchando perspectivas que quizás no vi. El teatro es un trabajo colectivo. Incluso en un unipersonal hay un director, un iluminador, un sonidista, un escenógrafo.


EM: ¿Cuáles son las diferencias entre hacer teatro independiente y teatro oficial?
CG: La diferencia principal es la subvención estatal versus el trabajo «a pulmón». El teatro oficial cuenta con una estructura y un presupuesto que, aunque ha variado, lo distingue del esfuerzo autogestivo. Sin embargo, la diferencia más importante para mí radica en la libertad de elección.
En el teatro independiente, yo elijo los temas, los proyectos y las personas con las que quiero trabajar. Puedo decir lo que realmente quiero decir. En el oficial, respondo a una dirección artística que define las obras y los directores. Si bien existe un diálogo y podemos sugerir proyectos, mi rol es principalmente el de actriz que ejecuta lo que se le propone.
EM: ¿Cómo fue el cambio de pasar del teatro al cine?
CG: Fue una transición hermosa pero distinta a nivel técnico. En el cine, los gestos son mucho más pequeños, a veces inexistentes. No tenés que «actuar la soledad», porque la música, la fotografía o el espacio ya la están comunicando por vos.
Yo vengo del teatro, soy muy expresiva, muevo mucho las manos y gesticulo. Tuve que enfocarme minuciosamente en contener esa gestualidad. Una vez, en una nota, escribieron sobre mí: «es una actriz que no piensa». Al principio me sentí mal, pero luego entendí a qué se referían. No es que no haya un estudio riguroso del texto y de la escena, que sí lo hay y mucho, sino que llega un momento en que me suelto, no hay ruido mental. En ese estado, puedo salir un rato de mí, como descansar de mí, y prestar el cuerpo para interpretar una historia.
EM: ¿Cuáles son tus siguientes metas?
CG: La verdad es que este año fue muy intenso y terminé agotada. Estuve con muchas obras en simultáneo, combinando el elenco oficial con los proyectos independientes. En un solo mes llegué a tener diecisiete funciones. Por eso, ahora necesito un descanso para decantar. Seguiremos con las funciones de «Magdalena» y «Flores Rojas», y en el Teatro Real continuarán las obras que ya venimos haciendo. Como meta personal, me gustaría volver a hacer más cine. No es algo que haya dejado, pero me gustaría dedicarle más tiempo y energía.
EM: ¿Cómo ves actualmente el panorama del arte y el teatro en las Sierras Chicas?
CG: Hay un montón de propuestas, es algo que me encanta. No recuerdo que la oferta fuera tan versátil y abundante, cuando me mudé a Sierras Chicas, muchos artistas que vinimos a vivir a esta zona tuvimos el objetivo de descentralizar la cultura, de que las cosas se muevan acá y no tener que ir siempre a Córdoba. Hay espacios como el Teatro La Beba o El Cosquilleo que están generando un movimiento increíble.
Lo importante ahora es que todo esto pueda rendir económicamente, que los artistas podamos vivir de nuestro trabajo y que se supere esa vieja idea de que esto es un hobby que se hace solo por «amor al arte». El amor al arte tiene un valor enorme y debe ser reconocido.

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