26 septiembre, 2026

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Joaquín Ozán: de igual a igual, contra uno mismo

Joaquín Ozán entrena en el Senshi Dojo de Unquillo y con solo 20 años ya representó a la Argentina en el Mundial de Karate en Bulgaria. Sin sponsors ni federación, viajó solo y volvió con algo más valioso que una medalla: la certeza de que el esfuerzo y la disciplina pueden abrirle camino hasta cualquier tatami del mundo.

DEPORTES

Por: Noah Caminos y Fausto Sauer 4° IENM; Bianca Araya y Santiago Alanis 4° IMVA.


Tenía seis años cuando su mamá lo llevó por primera vez al dojo. No imaginaba entonces que ese lugar de piso frío y paredes marcadas por los golpes se convertiría en su segunda casa. “Al principio lo veía como un pasatiempo —cuenta—, pero a los ocho me di cuenta de que era bueno, que destacaba. Empecé a competir, a ganar podios, y eso me motivó a seguir”, repasa.

Desde entonces, el karate dejó de ser una actividad extracurricular para transformarse en un modo de vida. Lo acompaña el mismo sensei desde aquel primer día: Paulo Zuleta, a quien Joaquín considera un ejemplo y una figura clave en su formación. Al respecto, sostiene: “Es mi referente, me marcó mucho y es un ejemplo a seguir para mí”.

Su paso por las distintas categorías fue natural, casi cronológico. Compitió en todas: de 6-7 años, 8-9, 10-11, juveniles y, finalmente, en la categoría absoluta, donde hoy pelea contra los más experimentados. “Fui creciendo, adaptándome —destaca—, tratando de dejar todo en cada torneo”.

En tanto, en 2024, Zuleta le propuso representar a la Argentina en el Mundial de Karate en Varna, Bulgaria. Joaquín confiesa que “ni sabía dónde quedaba”. Sin embargo, aceptó el desafío y entrenó 2 meses “a full para poder ir” -en sus palabras-. “Me encontré con otro mundo y otro nivel”, cuenta.

Sin apoyo económico suficiente, hizo rifas, vendió pollos y dejó todo para poder viajar. Así, con lo justo, logró llegar a la esquina oriental del viejo continente y rememora: “No me fue bien, perdí la primera pelea, pero la experiencia fue increíble. Estar allá, ver el nivel de los competidores europeos, fue darme cuenta de lo grande que es este deporte.”

De regreso en el país, el joven tuvo su revancha. Recientemente, logró el tercer puesto en el Campeonato Nacional, donde participaron competidores de Mendoza, Córdoba, Mar del Plata y San Juan, entre otros.

“Fue la categoría en la que de chico soñaba competir, y eso me hizo ver hasta dónde llegué y valorar mucho más el proceso”, reflexiona Ozán. Además, el evento le demostró que, en esta disciplina, el reconocimiento no siempre se mide en medallas. “Muchos me decían que no querían cruzarse conmigo porque sabían que venía entrenando para el Mundial. Eso te hace sentir que te miran distinto”.

A la hora de pelear, Joaquín no solo confía en su fuerza. También apela a la inteligencia táctica y narra: “En el último torneo me tocó un rival de 120 kilos que me sacaba una cabeza. Pero el karate no es solo fuerza: es estrategia, es un conocimiento profundo para saber leer al otro. La inteligencia es muy determinante”.

Ese enfoque también guía sus entrenamientos, donde combina rutinas de combate con trabajo físico específico, circuitos de fuerza y velocidad. “Pasamos del peso a la reacción rápida, y es un gran contraste -explica-. Es una preparación adaptada a lo que pasa en la pelea”. A su vez, suma una alimentación cuidada y asesoramiento nutricional. 

Tras su primera experiencia en Europa, Ozán no pierde el foco y ya apunta al próximo desafío: el Campeonato Americano, que se disputará en Chile durante noviembre. “Nos dedicamos a entrenar fuerza un mes, potencia el siguiente y entrenamiento de cargas bajas en el último mes. Asimismo, como extra tenemos el trabajo aeróbico, pero siempre siguiendo una lógica de cargas estratégicas, para evitar una lesión”, relata. 

Y agrega que “la idea es llegar lo mejor posible, porque además competir en ese tipo de certámenes abre puertas e invitaciones para llegar a otros lugares de gran calibre”. De esta manera, su objetivo inmediato es volver a competir en un Mundial: “Cumplo 21 dentro de poco, así que es mi última oportunidad en la categoría cadetes”.

La meta a largo plazo es profesionalizarse radicándose en Europa de ser necesario, aunque aclara: “Siempre representando a Argentina.” Joaquín Ozán habla con la serenidad de quien entiende que la fuerza no siempre está en los puños. 

En su historia se cruzan la infancia en un dojo de barrio, la perseverancia para trascender fronteras y la esperanza ante próximas instancias. Cada golpe, cada caída y cada medalla forman parte del mismo aprendizaje: la pelea más importante es la que se da contra uno mismo, para seguir soñando sin bajar la guardia.


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