- Por: Sofia Di Patrizio y Francisca Scangarello. 4to IENM.
- Redacción: Mabel Tula.
La propuesta de Roverano tiene raíces en su experiencia en educación especial y en su formación en Barcelona, donde realizó un posgrado en musicoterapia. Aunque no trabaja directamente con pacientes desde un lugar de terapeuta, su enfoque está orientado al acompañamiento familiar y la enseñanza musical adaptada a la diversidad funcional. “Uso la música como un recurso de salud, favoreciendo tanto aspectos motores como emocionales”, explicó. Además, agregó: “tomo la enseñanza del violín como algo que favorece a nuestro sistema nervioso y a nuestro aspecto motor”.
La idea de trabajar con las familias surgió tras años de experiencia en una escuela de educación especial y un consultorio de musicoterapia en Córdoba. Allí, junto a colegas, identificó la importancia de atender no solo a niños y jóvenes con discapacidad, sino también a sus cuidadores. Según explicó, un acompañamiento integral que incluya a toda la familia puede generar transformaciones más significativas en el bienestar del sistema familiar.
Su rol incluye actuar como puente entre terapeutas y familias, facilitando la comunicación en casos donde el lenguaje verbal es limitado. Además, organiza encuentros grupales donde padres y madres comparten sus experiencias y crean redes de apoyo. Estas instancias, explicó, son fundamentales para que los cuidadores no se sientan solos en su tarea y puedan encontrar contención mutua.
La musicoterapia, definida como el uso de la música y el sonido para facilitar procesos de salud, se convierte así en una herramienta poderosa. A través de ella, Roverano busca no solo abordar necesidades específicas de las familias, sino también fomentar un acceso inclusivo a la música como un medio para conectar y sanar.

El Milenio: ¿Cuáles son los beneficios de la musicoterapia?
Cecilia Roverano: Por un lado, facilita recursos expresivos para quienes no tienen lenguaje verbal o no lo tienen fluido, es un recurso para poder entablar comunicación. También se aplica la musicoterapia receptiva, que es el trabajo con la integración de la persona por medio de la escucha. No quiere decir que elegís un tratamiento u otro, se puede trabajar con las dos ramas en forma paralela.
Por otro lado, sirve para entablar relaciones sociales, no solo la comunicación, sino el vínculo con otro, para el uso de la voz y del cuerpo en este medio expresivo. Se aplica además para cuestiones motoras. Por ejemplo, en niños con parálisis cerebral que tienen limitaciones funcionales, el hecho de tocar instrumentos les ayuda a la movilidad.
Todos habitamos la música y tenemos un músico adentro, entonces se utiliza como un medio. A partir del deseo de que suene un xilofón, por ejemplo, hace que el aparato motor responda mejor. Hay muchos niños que por ahí no tienen lenguaje verbal, pero sí pueden cantar canciones enteras con letra porque se usan otras partes de nuestro sistema neuronal, otras partes del cerebro más ligadas a lo emocional. Se utiliza también en Alzheimer para personas con fallos en la memoria. Se trabaja en niños, en adultos, en jóvenes y en personas mayores. La música lleva una pulsación, entonces, se busca una pulsación que a la persona le quede cómoda y se facilita el andar.
EM: ¿Cuáles son los desafíos más comunes al trabajar con niños con discapacidades?
CR: Los desafíos son múltiples. Uno de los más grandes que tienen en este momento mis colegas que trabajan en el consultorio, es la desregulación emocional. A veces hay situaciones en que los enojos se transforman en iras muy fuertes y las alegrías también se pasan de vuelta. Entonces, a veces no sabes qué es lo que puede ocasionar tanta alegría o tanto enojo, de dónde viene y cómo manejar esa emoción que se desborda. Ese es uno de los grandes desafíos, encontrar equilibrio en lo emocional. Otro desafío grande es que el paciente pueda tener iniciativa de elección de una cosa u otra, de una canción u otra. En mi caso, cuando trabajé en educación especial, lo hice con personas con multi impedimentos sensoriales en donde generalmente es todo asistido. Entonces, al estar asistiendo al otro en su ejecución instrumental o en el canto, un desafío es saber hasta dónde esa persona está deseando la propuesta que uno está haciendo.
EM: ¿Qué es la camilla de armónicos y qué beneficios trae?
CR: Es uno de los recursos de la musicoterapia receptiva, La persona se recuesta sobre esta cama, esta caja de resonancia que tiene 42 cuerdas afinadas en la misma nota. En mi caso, es un Re 73 hz, es con una ondulación baja, es un sonido muy grave y amplio. Lo que hace es, por un lado, generar una integración de todo el cuerpo internamente, un movimiento celular y funciona como ansiolítico, baja el nivel de ansiedad y relaja profundamente. Por otro lado, la persona puede llegar a tener un momento regresivo, porque el sonido es muy primario dentro del ser humano. Se puede ir a un momento de gestación, evoca recuerdos de la vida y vincula a la persona con su ser más profundo. También lleva a un lugar diferente dentro del plano de lo imaginario, a un espacio, a un lugar deseado.
Lo más importante, tanto en la camilla de armónicos como en una sesión de musicoterapia, es que es totalmente subjetivo, depende de la persona, su momento emocional y vital. Entonces, a cada persona le funciona distinto, por eso es muy importante que quién facilita esto, esté preparado para poder acoger, recibir y empatizar con el momento que la persona está pasando, Por más que la camilla sea en sí relajante, puede generar en algún momento un recuerdo triste o traer algo conflictivo de su vida, entonces es muy personal e individual, no hay un resultado siempre igual, esto siempre es así y trabajamos con el emergente y recibimos lo que aparece sin juzgar, acompañando y procesando.

EM: ¿Cuál es la anécdota que más te marcó al trabajar con niños y música?
CR: Tengo muchas anécdotas pero la que me marcó mucho fue cuando empecé a trabajar en el Instituto Sullai, en el barrio Marqués de Sobremonte. Empecé a tocar el violín, y un niño con una parálisis cerebral severa empezó a llorar de emoción. Generar con el sonido del violín una emoción así de fuerte para mí fue impactante. Además, fue sorprendente el llanto de emoción con el sonido puro y penetrante que tiene el violín.
EM: ¿Cómo sentís que impacta en tu vida el poder ayudar a las familias?
CR: Ayudar a los demás es también ayudarme a mí misma, pensar en la música como algo que nos pertenece a todos y con lo cual podemos generar cosas nuevas y repensarnos. A veces, simplemente se trata de ser en ese momento, que todo se reduzca a un momento de una melodía, eso también me hace muy bien a mí. Creo que realmente es algo circular, en donde se produce algo en el otro y por ende también me produce algo a mí. Entonces me parece que es muy dinámico y eso lo hace muy bello. Siento que yo ayudo y el otro me ayuda a la vez. Por más que mi rol sea el de ser profe o ser una acompañante terapéutica o compartir un momento de música, creo que es saludable para el otro y para mí también. Entonces hace que siempre tenga ganas de seguir aprendiendo, investigando, de seguir desarrollándome. Siento que la música me hace muy bien a mí y que es hermoso compartir.
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