SOCIEDAD
- Por: Valentín Alive, Andrés Garriga y Francisco Gómez Noto 6° IENM.
Con la llegada del calor y el fin de año, cada vez son más las personas que buscan actividades recreativas, deportivas, turísticas y educativas al aire libre. En Sierras Chicas, existen varias áreas protegidas que habilitan un escenario ideal para tal fin, entre las que se pueden mencionar las reservas municipales de Unquillo (Los Quebrachitos), Río Ceballos (Los Manantiales) y Salsipuedes (La Estancita), además de la reserva provincial La Quebrada.
En Villa Allende también existe un importante espacio natural protegido, que muchos disfrutan aunque pocos conocen como tal. Se trata de la Reserva Hídrica Natural Recreativa “Supaj Ñuñu”, la cual se extiende hacia el norte de la ciudad, alrededor de los caminos San Fernando y Pan de Azúcar.
La misma resguardan miles de ejemplares de flora y fauna nativa, como también tesoros y vestigios que recorren una historia poco conocida por los habitantes actuales del territorio. De hecho, hay más de 75 sitios patrimoniales inventariados por investigadores del Conicet, entre los cuales se pueden mencionar instalaciones de los pueblos originarios topocayas, saldán inchín y comechingón (algunas con más de 2800 años de antigüedad), restos del Camino Real usado en la época de la colonia y estancias construidas en los últimos dos siglos por familias aristocráticas, como La Reducción.
Recreación y regulación

Tras la pandemia, el sector comenzó a hacerse cada vez más conocido y visitado, especialmente a raíz del auge del ciclismo y otros deportes al aire libre que se experimentó en 2020. “La Reserva Supaj Ñu Ñu está adquiriendo el perfil de una reserva que atrae mucho al turismo activo, es decir, propuestas que se disfrutan activamente en el territorio, y no solamente desde un lugar contemplativo”, explicó la técnica en Turismo Agostina Cacciaguerra.
Actualmente terminando su tesis para la Licenciatura en la Universidad Provincial de Córdoba, Agostina vive en Villa Allende hace 30 años y se ha dedicado los últimos dos a diseñar recorridos que permitan dar a conocer la reserva en el marco del turismo ambiental educativo y el trekking temático patrimonial.
“La reserva es como el patio de mi casa, la disfruto mucho, pero a la vez veo mucho maltrato. No solo tenemos una de las canteras más grandes del país, sino que también hay actividades recreativas que son muy dañinas (y de hecho están prohibidas), pero que se llevan a cabo igualmente, como por ejemplo, los circuitos de enduro”, señaló.
Sucede que aunque la reserva fue creada hace más de 20 años, hoy en día todavía no está reglamentada, y por ende no cuenta con un plan de manejo, ni cuerpo de guardaparques que regulen sus actividades, como sucede con otras áreas protegidas de la zona.
“Esa falta de regulación me llevó a involucrarme activamente en el ordenamiento, particularmente del uso público”, apuntó la técnica, que además integra la Comisión Asesora de Reserva dentro del Consejo Municipal de Ambiente.
En este sentido, Cacciaguerra explicó que “no se trata de prohibir, sino de ordenar” y aclaró: “Hay dos caminos públicos que atraviesan la reserva, el camino a San Fernando y el camino a Pan de Azúcar, donde se pueden llevar adelante actividades motorizadas. Después, en todos los senderos que atraviesan la reserva, las actividades permitidas son las no motorizadas: cabalgatas, trecking, trail running, ciclismo, etc.”.
Conocer para proteger
Con la intención de dar a conocer este gran espacio natural y su patrimonio histórico cultural, Cacciaguerra diseñó dos circuitos, dirigidos tanto a estudiantes, como a la comunidad en general. “Esta reserva está 100% en manos privadas, -indicó la técnica- entonces mi primera tarea ha sido acordar con esos dueños para que me permitan acceder a esos senderos que llevan a los sitios patrimoniales, muchos de los cuales han sido reconocidos recientemente”. Y añadió: “Además, encuentro la veta en los lugares donde sí se puede circular, como los arroyos, que abren un camino público dentro de lo privado”.
Así, el primer circuito se extiende entre el tercer y el quinto vado del camino a San Fernando, con una dificultad baja/media y una duración aproximada de dos horas. El segundo, con una dificultad media/alta y entre seis y siete horas de duración, va hasta el Refugio La Hoyada, dos kilómetros y medio al sur del Cerro Pan de Azúcar.


En ambos casos, la propuesta permite apreciar la diversidad de flora y fauna nativa, deteniéndose en sitios patrimoniales que atraviesan toda la historia argentina, desde antes de la colonización hasta la modernidad.
El público de Agostina abarca desde vecinos de la zona hasta colegios secundarios y estudiantes de la Escuela de Guardaparques. “Tengo muy buena respuesta en la franja de 40 a 60 años. Les re interesa y son conocedores de la zona, personas que nunca bajaron los brazos en defensa del medio ambiente. Me inspiran y me enseñan, yo les abro las puertas para caminar, pero ellos me abren las puertas para conocer”, agradeció la guía.
Un refugio para la educación ambiental

La Hoyada es un antiguo paraje que data del siglo XVIII, donde paraban los arrieros cuando recorrían el Camino Real con sus mulas rumbo al Alto Perú o a Cuyo. Se encuentra en la cuenca alta, a 2,5 km del cerro Pan de Azúcar.
El sitio también tiene historia precolombina, ya que allí convergen unas pircas espiraladas de los pueblos originarios con más de 2000 años de antigüedad. Las mismas se destacan por su particular diseño y presentan una piedra en el centro con un mortero, el cual se llenaba de agua y se usaba en ceremonias como “espejo del cielo”.
Allí, se está llevando a cabo un gran proyecto de reforestación con especies nativas para recuperar el suelo tras los grandes incendios del 2020. Participa la fundación Jardineros sin Fronteras, la Escuela Provincial de Guardaparques y otras seis instituciones educativas de la provincia.
“La verdad que emociona ver a las chicas y chicos de las escuelas levantarse a la madrugada con el pico o la pala y su arbolito en la mochila. Cuando hacen el pozo para plantarlo y depositan un papelito con una intención. Dicen que la juventud está perdida, pero yo realmente veo esto y creo que no es así”, cuenta Diego Rufinetto, actual encargado.

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