CULTURA
- Por: Lena Sarú, Josefina Floridia y Santino González 4° IENM – Federica Ordoñez y Sofía Genestar 4° IMVA.
“Mi viaje artístico comenzó como un juego, rayando bancos de la escuela”, confiesa el entrevistado a El Milenio, quien ha ido evolucionado hacia proyectos que dan vida a muros y espacios públicos, buscando resignificar el entorno.
Originario de Unquillo, Alén Nahuel ha tenido una vida nómada marcada por sus viajes al interior de Argentina, Chile y planea, próximamente, desembarcar en Uruguay para seguir consolidando su estilo. Su conexión con el muralismo se formalizó tras su paso por la Facultad de Artes de la Universidad Provincial de Córdoba, donde oficializó su pasión por la pintura.
En tanto, sus primeras intervenciones en las calles tuvieron lugar en la adolescencia, cuando, en el último año del secundario, se unió a un grupo de amigos para explorar el graffiti en su localidad natal. “Éramos un pequeño crew que empezó a pintar y, de tanto hacerlo, legalizamos el arte urbano en la ciudad”, relata.
Hoy, movilizado por la situación ambiental, el artista callejero busca generar conciencia en cada obra que realiza. De esta manera, a cada pieza busca “darle una vuelta de rosca a lo conceptual, una forma creativa de comunicar, dejar un mensaje” -asegura-.
Así, la flora y la fauna autóctona nunca faltan en sus diseños. Aficionado de los pinceles y los aerosoles, también opta por reutilizar materiales, transformando lo que algunos consideran basura en herramientas para sus manifestaciones artísticas.

El Milenio: ¿Qué te llevó a dedicarte al arte urbano y qué significa para vos este estilo?
Alén Nahuel: Todo empezó como un juego hasta que después se fue poniendo cada vez más serio. Salía a la calle a jugar y a pintar a modo de rebeldía hasta que empecé a tener trabajo por eso. Mientras tanto, estudié otra carrera, la tecnicatura en seguridad industrial. Me recibí, pero nunca ejercí, me dediqué a pintar como autodidacta. Unos años después estudié artes visuales en la Universidad Provincial de Córdoba y ahí todo tomó otra forma, más profesional.
EM: ¿Graffiti y mural son lo mismo? ¿Con cuál te sentís más identificado?
AN: El graffiti y el muralismo son dos formas de arte distintas. El graffiti, que usa principalmente aerosol, se enfoca en letras y mensajes cifrados, mientras que el muralismo es un arte más académico, adaptado a la calle. Ambas corrientes se fusionan y crean algo único, pero el muralismo es mi fuerte y principal oficio. También trabajo dentro de un taller, sobre lienzo, allí todo está más controlado. Tenés tu tarrito de pintura bien acomodado, tu pincel lavadito. En cambio, en la calle existen otras variables como el clima, pero lo más lindo es el contacto directo con la gente. Disfruto mucho de la calle, la improvisación y su «freestyle».
EM: ¿Cómo varía el proceso creativo respecto a cuando un trabajo es a pedido?
AN: Cuando tengo que hacer un trabajo a pedido, un mural por encargo, el diseño es detallado, fino, digital y mucho más elaborado porque tiene que verlo y aceptarlo otra/s persona/s, cliente/s. Los trabajos que tienen que ver más con mi proceso, mis búsquedas personales, de lo que yo tengo ganas de pintar, son más libres, a veces hago un boceto a mano o un dibujo rápido.


EM: ¿Cómo elegís los lugares en donde plasmar tu arte? ¿Considerás alguno en particular?
AN: En el caso de un pedido, al estar más definido todo, dónde y qué se quiere hacer, el trabajo no es tan libre. En el caso de salir a pintar en la calle como algo propio, siempre se busca un espacio que sea visible y ahí está el ego del artista. Un lugar donde además haya circulación y que pueda apreciarse de lejos. Aunque, también me gusta pintar debajo de los puentes, donde no se ve, donde hago lo que quiero y no le tiene que gustar a nadie y no me importa. En este caso, solamente lo ve el o la curiosa que va y se asoma, y justamente está ahí para esa persona.
EM: En el caso del arte urbano, ¿hay que tener autorizaciones para pintar?
AN: Sí, por lo general acá en Unquillo empezamos a pedir permiso para pintar y afortunadamente siempre nos han dejado hacerlo libremente. En los casos en los que a alguien le molestaba, como a la Policía, hemos podido dialogar, han estado sumamente abiertos y le hemos demostrado que no estamos haciendo daño.
EM: ¿De qué manera buscás fomentar el debate a través de tus obras y cómo ves el impacto del arte urbano en la sociedad actual?
AL: Siendo creativo en la composición, en cómo expresar una idea y de qué manera la plasmás para que pueda generar algo interesante en la otra persona, ya sea una reflexión o que le despierte alguna sensación, o recuerdo, aunque eso no se puede controlar.
En la actualidad han comenzado los gobiernos y algunas marcas a amigarse con este arte y creo que es positivo, en general. Por ejemplo, lo que se hizo en su momento en la costanera, en Córdoba. Se convierte de repente en una fuente de ingreso y, a su vez, en una manera de incentivar y darle lugar a muchos artistas independientes que no se conocen tanto. Por otro lado, hay que ser consciente que a veces se busca embellecer espacios y eso no alcanza, como sucede cuando se pintan las fachadas de los barrios y detrás hay una población sin agua potable.

EM: ¿En qué lugares de Sierras Chicas podemos encontrar tus pinturas? ¿Cuál es tu favorita?
AN: Si bien no estuve mucho en Sierras Chicas últimamente, una que me gusta mucho es la de la biblioteca Tere Andruetto en Unquillo. Es la más significativa, fue un trabajo conceptual muy lindo a partir de La Saga de los Confines de Liliana Bodoc. Tres novelas que hablan sobre cómo fue el proceso de colonización de Latinoamérica pero contada desde el lado de la cosmovisión Latinoamericana. Ese mural me encanta.
Mucho tiempo atrás pintamos con el grupo “Los Mguggraff”, todo el estacionamiento de atrás de la terminal de Unquillo. También hay lugarcitos como abajo del puente de la calle Santa Fe, en la costanera de Río Ceballos y otra sobre la ruta E-53 en la entrada de Unquillo y Río Ceballos. Además de varias intervenciones sobre garitas que estaban abandonadas.
EM: ¿Cuáles son las oportunidades personales y profesionales que te ha brindado este trabajo?
AN: Conocer mucha gente, que me abran las puertas de lugares y que me reciban como si fuese de la familia, viajar por el mundo. Desde lo profesional, encontrarme con artistas, compartir con mucha gente y trabajar de pintor gracias al poder del boca en boca. Eso es lo que más trabajo da, más que las redes, más que el marketing, por eso me gusta pintar en la calle porque se vende solo.
EM: ¿Tenés algún proyecto o trabajo particular para el 2025?
AN: El próximo año viajaré a Uruguay, voy a empezarlo allí, pintando. Por lo general estos viajes artísticos que hago se dividen en dos. Por un lado, proponer proyectos a modo de trabajo, y en otros casos intercambio, por hospedaje. Algo así es lo que haré allá, donde estaré sólo tres meses.

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