19 junio, 2026

El Milenio

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Patricia Assef: Vocalizando la cultura

Entre Córdoba y su Catamarca, desde hace más de treinta años, Patricia Assef busca compartir el canto andino ancestral. Se define como cantora popular, compositora, estudiosa de este canto y transmisora de su aprendizaje. De esta manera, llegó a Sierras Chicas a través de talleres musicales que dicta para difundir su arte.

Cultura

  • Por: Lautaro Bullich y Benjamín Valera 6° IMVA, Lucio García y Lucía González 6° IENM.

Podría considerarse una de las pioneras que en la década de los 90 formó parte del Movimiento de Cantoras Populares, junto a otras compañeras con las que realizaron espectáculos por varios años. A comienzos de los 2000, y después de estudiar en Córdoba la carrera de Filosofía, decidió regresar a su provincia natal e instalarse en Villa de Antofagasta para investigar y adentrarse en la cultura ancestral. Finalmente volvió a La Docta y al día de hoy cuenta con un disco grabado, participaciones con grandes artistas de Argentina y presentaciones al público.

“Me dieron un premio en un certamen de autores y de ahí ya no paré más. Tenía 32 años cuando empecé de verdad, pero es un camino que se va probando desde muy temprano porque tiene que ver con la experimentación”, comentó a El Milenio.

Acompañada siempre de su música comenzó a proponer talleres en cada lugar que visitaba, entendiendo que estos espacios funcionan como un acercamiento para conocer el canto con caja.

A su vez, los presenta como instancias para adentrarse en la baguala, vidala y tonada, u otros ritmos como el huayno y las cuecas. Así, afirmó que “primero hay una escucha, un acercamiento a lo que son todos estos ritmos y después se invita a desgranar, a ir conociendo, acercándonos a lo que hace este canto”.


El Milenio: ¿En qué consiste la música andina y cuál es tu relación con ella?

Patricia Assef: La música andina es una expresión de la cultura como todas las expresiones artísticas de los pueblos, que muestra lo que ese pueblo es, sus formas de pensar, sentir y organizarse.

Se trata de una propuesta muy rica en ritmos, melodías, en especies musicales. Yo me dedico a la más antigua y siento mucho amor, me despierta una pasión muy grande. Calculo que son mis ancestros también. Soy catamarqueña y escuché y viví toda esta música. También tiene que ver con una búsqueda de lo que soy. Cuando escucho, interpreto y escribo esta música siento que estoy más cerca de mí misma, me acerca a hacer lo que ya soy, me acerca a mis ancestros, a la infancia, a los cerros, también a la gente y a las costumbres. 

EM: ¿Cómo comenzó tu pasión por la música?

PA: Creo que a todos nos gusta la música desde que nacemos, es parte de nuestra vida y cuando somos niños es una parte de nuestro juego el cantar y el escuchar, aunque no nos demos cuenta. Mi decisión de seguir en este camino fue en un principio porque mi madre me mandó a estudiar cuando tenía 8 años al Conservatorio en Catamarca. Fueron para mí años donde disfrutaba, pero en parte se volvía un poco pesada por lo académico, porque pasé del juego a la música muy controlada, estricta, sistematizada. Por eso siempre les digo que dejen a los chicos que jueguen con la música hasta que tengan la capacidad de poder entrar en la disciplina.

Terminé como a los 12 años no queriendo saber nada porque me cansaba, pero la guitarra volvió a aparecer en el círculo de amigos de la adolescencia y pasé a tener otra manera de relacionarme con la música. De ahí no paré más, así que me vine a Córdoba a estudiar Filosofía y me traje la guitarra y seguí cantando. Después me casé, tuve mis dos hijos y seguí cantando, hasta que un día decidí dedicarme a la música porque estaba muy presente y era lo que más feliz me hacía. 

EM: ¿Y tus inicios como compositora cómo fueron?

PA: Mi padre era un gran lector y tenía una biblioteca llena de obras clásicas y poesía, y era muy curiosa así que empecé a leer. Quería ser poeta, escritora, siempre por el lado del arte. A los 12 años le escribí una canción a mi mamá que fue mi primer intento de componer, era algo que estaba muy lejos para mí y me presentaba un desafío muy grande. Después de un tiempo bastante largo volvieron esas ganas y empecé a escribir y después a componer, ensayando cosas, probando. Eso fue luego de estudiar Filosofía, cuando me decidí a estudiar el profesorado de música, y en una de las materias estábamos haciendo estudios sobre el folklore y a mí me tocó la región del litoral. La profesora nos pidió que escribamos canciones y ahí nació mi primera canción que fue un chamamé. 


EM: Entre los premios y certámenes en los que participaste hubo uno del Fondo Nacional de las Artes, ¿cómo fue ese proceso?

PA: Sabía de estos certámenes que realiza el Fondo Nacional y muchos me dijeron que me presente pero nunca le di importancia. Siempre pensé que el arte no debe competir, no se debe elegir al mejor, sino que simplemente los artistas tienen que encontrarse a compartir e intercambiar. 

Pero bueno, empecé a grabar un disco con la ayuda y el acompañamiento de Juan Iñaki, y en el transcurso de la grabación me enteré de la convocatoria para el concurso del Fondo Nacional de las Artes y decidimos mandar las cinco canciones que teníamos. Un tiempo después me avisaron que había ganado y me otorgaron el dinero para terminar de grabar el disco y publicarlo, así que lo volví a empezar de cero y fue un proceso hermoso. Seguí dirigiéndome yo misma porque Juan ya no podía seguir acompañándome, pero sí participó en el disco como invitado y estuvo en muchos momentos. 

EM: ¿Cómo surge la idea de realizar talleres de canto y qué proponen abordar?

PA:  Por donde anduve he propuesto talleres de canto con caja. Siempre en los lugares en donde estuve los llevé conmigo; podría decir que soy divulgadora de toda esta expresión y de alguna manera forma parte de mi trabajo como música el transmitir, el compartir todos estos saberes. Cuando vine a Córdoba propuse talleres en la capital y después empecé a expandir por las localidades del interior. Primero por la zona de Sierras Chicas, en Unquillo y Río Ceballos, y después por Icho Cruz, Mayu Sumaj, Alta Gracia, Marcos Juárez, y otras localidades de Traslasierra. 

En los talleres vemos las especies, los ritmos del canto andino, también la armonía y las escalas que usan. Hablamos acerca de la copla que es justamente la parte oral, verbal, poética. Siempre digo que la copla es el corazón poético de este canto, la cosmovisión andina que da lugar y que genera este canto, es decir el uso de la voz, y el instrumento es la caja. También se aprende el canto colectivo que enriquece muchísimo.

EM: ¿Cuáles son tus proyectos a futuro?

PA: Un montón, no me alcanza la vida para tantos proyectos. Cantar y seguir grabando y componiendo. Me gustaría mucho hacer un taller para chicos porque tengo canciones que escribí cuando mis hijos eran chiquitos, también poder hacer un espectáculo para niños y niñas. Me gusta hacer encuentros de músicos populares, conocer sobre las cantautoras de Latinoamérica y me encantaría poder hacer un espectáculo con ellas. Lo hice hace un tiempo pero me gustaría retomarlo. También quiero seguir trabajando con los pueblos andinos, poder viajar y conocer más lugares.


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