23 julio, 2026

El Milenio

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Retratos viajeros, de Buenos Aires a Unquillo: Uniendo generaciones a través del arte

  • Por: Lorenzo Freccia y Josefina Albertengo IEMN y Juana Mancini IMVA. Colaboración: Mabel Tula.

La artista visual oriunda de Buenos Aires, Cecilia Rabaudi, emprendió recientemente un significativo viaje para honrar a dos de los artistas más prestigiosos del país que además, eligieron Unquillo como residencia: Carlos Alonso y Lino Enea Spilimbergo.

Impulsada por la admiración y el deseo de inspirar, Rabaudi entregó personalmente un retrato de Alonso a su museo, empujada también por la iniciativa que implica su más reciente muestra inaugurada en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo (MACU).

Asimismo, trajo consigo la ilusión de sus alumnos bonaerenses de arte de nivel medio de homenajear con retratos de su autoría al gran Lino.

De modo que también en el Museo Spilimbergo recibieron la donación de estas piezas de arte, sumándolas a su colección. Así, el viaje no sólo fue físico, sino también una peregrinación emocional y artística, uniendo generaciones y honrando la herencia cultural.


El Milenio: ¿Cuál fue tu experiencia al entregar los retratos de los artistas en los museos de Unquillo?

Cecilia Rabaudi: Los recibieron tan amorosamente. Los llevé tímidamente, como diciendo: «Mira, esto está hecho con mucho amor y trabajo».

Los retratos de Spilimbergo fueron hechos por chicos que están a 8 horas de distancia, y valoraron mucho el esfuerzo. Creo que es inédito e histórico que chicos de 12 y 13 años hayan hecho estos retratos y que ahora formen parte de la historia de nuestra pintura. Tengo más retratos que me gustaría llevar y estoy pensando en organizar una muestra, especialmente considerando que es el 60 aniversario de Lino. Estos homenajes pueden venir desde distintos puntos del país.

EM: ¿En qué instancia está ese proyecto y a quiénes fue planteado?

CR: Primero, salió en una conversación alegre con la guía en el museo de Spilimbergo. Luego, hablé con Ivana Chacón, la directora de cultura. Conversamos bastante, le pregunté cuál es la programación para este año, para los homenajes, como el año pasado fue el 50 aniversario del fallecimiento de Picasso y todos los museos del mundo se llenaron de homenajes. Dije: «¿Cuál es el plan para Spilimbergo?» No sé bien cuál es el plan, pero tengo ideas si las quieren.

EM: Ahora hablando un poco de Spilimbergo, ¿por qué lo elegiste para que lo retrataran tus alumnos?

CR: Decidí hacer un proyecto especial este año. Tengo mi taller personal con chicos, adultos, y además trabajo en una escuela secundaria. Los programas suelen ser de historia del arte, y es difícil llegar a lo que es nuestra pintura argentina. Entonces, a principio de año, decidí que estudiáramos a los grandes maestros nuestros, como los maestros de La Boca: Quinquela Martín y otros.

Estudiamos el color a través de ellos, ya que muchos trajeron influencias de Europa. Luego, nos enfocamos en Spilimbergo, que es fundamental en nuestra historia. Como iba a llevar la muestra de Carlos Alonso a Unquillo y visitar la casa-museo de Lino Enea Spilimbergo, les propuse a mis alumnos que lo retrataran. En este viaje llevé algunos de los dibujos y tengo muchos más por llevar.

Elegí a Spilimbergo como si eligiera a un grande como Leonardo Da Vinci.

EM: ¿Cómo nació tu admiración por Carlos Alonso?

CR: Cuando entré a la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, ahora la UNA, me fascinó conocer a los maestros de la pintura argentina. En esa época, compartíamos clases con esos maestros y ellos hablaban de sus propios maestros, transmitiendo esa herencia. Es una deuda que tenemos en la educación artística, ya que nunca llegamos bien al programa de pintura argentina.

En ese transmitir del oficio, aparecen los grandes, y uno se pregunta: «¿De dónde venimos?» La pintura argentina no tiene más de 200 años. Venimos de la escuela de Tucumán, donde estuvieron Spilimbergo y Lajos Szalay. Esa mezcla mágica influenció a alumnos como Carlos Alonso, que tiene un estilo propio, una gran línea. Es una herencia que admiramos muchísimo.

EM: ¿Qué aspectos son los que más valorás de las obras de Carlos Alonso?

CR: Como mencioné, tiene una línea única, comparable a la de Picasso. Tener una línea no es solo saber dibujar el contorno de las cosas; es tener una línea propia que va más allá. En mis obras, siempre busco esa línea única. Alonso es especial porque logra refleja su gran habilidad como dibujante y su capacidad para capturar lo esencial de la figura humana.

EM: ¿Qué estilo artístico te gusta utilizar y cuál usaste para el retrato de Alonso?

CR: Mis obras son figurativas, refiriéndose a un cierto realismo, pero no con un color literal o descriptivo. Soy una colorista, y cuando hago un retrato, quiero que se parezca al sujeto, pero también capturar algo más subjetivo. Para el retrato de Alonso, usé una foto en blanco y negro y decidí el color de manera personal. No utilicé un color piel literal, sino uno que yo manejo, y me enfoqué en la mirada, que refleja el amor por el lenguaje de la pintura.


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