19 junio, 2026

El Milenio

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Círculo Áureo: Sabor hecho a mano

Con sus paredes de adobe y su torre de panqueques, se podría decir que Círculo Áureo es una rotisería digna de una ciudad como Unquillo. Lo que empezó con una heladerita de telgopor ambulante, hoy es un emprendimiento con local propio y más de once empleados, donde cada menú se distingue por sus ingredientes frescos y el inigualable gusto de lo casero.
  • Participaron: Ariana Delfino, María Luz Moyano, Josefina Etchemendy y Nicolás Reyna (4to IENM).

Hace casi 10 años, Nadia Hlebovich y José Luis Hernández comenzaron a recorrer las calles de Unquillo, heladerita de telgopor en mano, ofreciendo lo que más les gusta hacer: comidas caseras, nutritivas y bien sabrosas. 

Si bien ambos son oriundos de Chaco, cuando llegaron al Pueblo de los Artistas, supieron al instante que era allí donde querían echar raíces. Tras un buen tiempo de caminarse la ciudad, finalmente consiguieron abrir su local en 2019, donde hoy trabajan 11 personas, todas vecinas de la localidad.

Para la pareja, sus inicios callejeros fueron fundamentales en el “hacerse conocidos” dentro de la comunidad. “Hay mucha gente que nos conoció en la calle, no sólo por la comida sino por los famosos papelitos con frases que entregábamos junto a los pedidos. Eran frases que leíamos y nos gustaba compartir”, cuenta Nadia a El Milenio.

Desde las paredes de adobe hasta los detalles en cerámica, se nota que Círculo Áureo es una rotisería poco común. Aunque el patio siempre está abierto a los clientes, Nadia y Joselo ya se están preparando para que, en un futuro cercano, el espacio pueda albergar otro tipo de propuestas. “Si bien ya se han organizado algunos eventos con música en vivo, la idea es que puedan realizarse con mayor periodicidad. Siempre estuvo en los planes abrir el círculo a otras artes”, comentaron.


El Milenio: ¿Cómo y cuándo nació Círculo Áureo?

Nadia Hlebovich: La iniciativa surgió por el año 2011, con mi pareja estábamos estudiando en el Instituto Gastronómico de las Américas cuando él, que laburaba de mozo, decidió renunciar. Ahí nos dijimos: ¿por qué no empezamos a hacer lo que sabemos hacer, o sea, cocinar?

En enero del año siguiente comenzamos a ofrecer algunas comidas en la Feria Agroecológica de Río Ceballos. Arrancamos con chipás, panes rellenos y nuestros famosos calzonis, que son como una especie de empanada grandota. Nuestro diferencial era “menos pan y más relleno”, y la verdad que nos iba muy bien.

Pero cuando terminó el verano, las ventas en la feria bajaron y nos dimos cuenta que necesitábamos otro ingreso para sustentarnos el resto del año. Ahí fue cuando empezamos a ofrecer nuestras producciones de manera ambulante acá en Unquillo. Íbamos de local en local, llegábamos hasta a la misma Municipalidad (ahí nos compraban mucho porque trabajan hasta pasado el mediodía).

Nos hicimos muy conocidos por andar en la calle ofreciendo nuestra comida. Eso nos hizo ver que podíamos vender aquí en nuestra ciudad, que teníamos un público y podíamos aprovecharlo mejor. Así, con esfuerzo y la ayuda de nuestra familia, construimos el local que abrió sus puertas en 2019. 

EM: ¿Qué buscan con su emprendimiento?

NH: El objetivo principal es sustentarnos económicamente y compartir nuestra forma de vida, ofreciendo comidas caseras. Al abrir el espacio también tuvimos la posibilidad de difundir la permacultura, como filosofía de vida sustentable.

Las paredes del negocio están construidas con adobe, por ejemplo, y otros materiales que van en sintonía con el ambiente. Incluso contamos con un sistema de fitodepuración (depuración natural de aguas residuales a través de plantas), que nos permite reciclar el agua que utilizamos para lavar en la cocina. 


EM: Además de esta visión, ¿qué otros elementos creen que los diferencia?

NH: La calidad de nuestras comidas es algo que consideramos clave. Producciones caseras en las que buscamos evitar los alimentos procesados, como aquellos que vienen en latas o las salsitas compradas. Usamos ingredientes frescos y tratamos de hacer todo con nuestras propias manos, desde la mayonesa hasta el fermento de las masas de los sándwiches, calzonis, pizzas y empanadas. 

Al principio, cuando vendíamos de manera ambulante, solo ofrecíamos comida vegetariana. Desde que nació nuestra hija comenzamos a comer carne de nuevo y eso también se vio reflejado en la variedad de lo que hoy en día ofrecemos en el local.

EM: ¿Cuáles son sus platos más demandados?

NH: La torre de panqueques, también conocida como panqueque alemán, es un plato que caracteriza a nuestro negocio. La comenzamos a hacer porque para muchos vegetarianos es la frutilla del postre en la cena de navidad y nos parecía interesante ofrecerla como opción disponible todo el año. 

Fue, junto con los calzonis, una de nuestras primeras producciones y a nuestros clientes les encanta. Hacemos dos opciones, una con jamón y otra vegetariana, solo con verduras y queso. 

También son muy pedidos los sándwiches, que los hacemos con pan de semillas y mayonesa casera. Hay tres variedades: con hamburguesa de carne, de granos y una opción vegana con mayonesa de berenjena y muzzalmendra (queso sin huevos). 

Además, de martes a sábado proponemos un menú diario al mediodía, que puede ser arrollados frescos de verduras, humita a la olla, lasaña, tortillas, guiso de lentejas y otros tantos platos que van variando dependiendo la época del año. 


EM: ¿Cómo es la relación con sus clientes?

NH: Tenemos un vínculo estrecho. Desde el principio nos ha interesado que los clientes nos hagan devoluciones para ir mejorando día a día en base a eso. Confiamos en nuestro trabajo, pero también cometemos errores. Un día nos faltó orégano, otro capaz que tenía poca sal o algo salió muy picante. 

Estamos abiertos a las críticas y a los halagos y agradecemos mucho cuando eso sucede, cuando se animan a comentarnos o llamarnos la atención sobre algún aspecto, porque queremos responder a esas observaciones para ir puliendo lo que hacemos. 

Eso se ve reflejado en nuestra clientela, muchas personas vienen por recomendación de otra persona que se fue contenta con la propuesta, algo que nos llena de alegría y satisfacción.


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