27 septiembre, 2022

El Milenio

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Una elección para siempre

Hace dos años y medio, Sofía y Alejandro adoptaron cinco hermanos y, desde entonces, sus vidas cambiaron para siempre, al igual que la de los niños. Hoy cuentan su historia con la intención de desarmar preconceptos y prejuicios sobre la adopción de niños “grandes”, al tiempo que buscan alentar a futuros adoptantes para que amplíen el rango de edades en sus búsquedas.
  • Por Milagros Alcántaro. periodico@elmilenio.info
  • Colaboración: Matteo Barale, Kiara Cassina y Luciano Parodi (4to IENM). Benjamín Silva (4to IMVA).

“La familia no se elige”, dice el dicho popular, aunque para los Segura-Pizzi de Río Ceballos, la historia es diferente. Sofía Pizzi y Alejandro Segura se conocieron por Tinder hace siete años, pero en diciembre de 2019, su familia se agrandó con la llegada de cinco niños: Byron (16), Ema (14), Jony (12), Micaela (10) y Sebastián (8). “Lo particular de nuestra familia es que, de grandes, hemos elegido tener estos hijos, y ellos nos han elegido a nosotros como padres”, resumió Pizzi.

En enero de 2020, los chicos emprendieron el viaje desde Buenos Aires (donde se encontraba el hogar en el que vivían) hacia Córdoba para comenzar una nueva vida. La casa que estaba pensada para dos personas, de golpe se vio habitada por siete, lo cual implicó desde comprar sábanas y toallas nuevas hasta modificar las habitaciones. 

Además, tres de los niños tienen una discapacidad, con todo lo que eso supone para el movimiento cotidiano de una familia. “La dinámica familiar es otra definitivamente, somos otras personas”, reconoció Pizzi. 

“Ellos han vivido cosas muy terribles, se preguntaban ‘¿me van a seguir queriendo si me porto mal?’. Toma tiempo que entiendan que esto es para siempre, porque nunca han tenido un para siempre”

Sofía Pizzi

Aunque tanto Sofía como Alejandro siempre habían pensado en la posibilidad de adoptar, ambos tenían ciertos temores. Finalmente, la realidad con la que se encontraron fue muy distinta a lo que esperaban. “Cuando uno empieza a estudiar sobre el tema y a conocer gente, todos esos miedos y prejuicios se caen. Más que miedo, es desconocimiento”, afirmó. 

Y es en ese lugar de incertidumbre y desconocimiento donde se encuentran muchas familias argentinas que hoy buscan adoptar, sobre todo cuando se trata de “niños grandes”. Según reveló Pizzi, un 80% de los menores que esperan ser adoptados tiene entre 5 y 18 años, mientras que entre las familias que buscan adoptar, el 80% quiere niños de hasta 3 años.

Por esta razón, muchas veces el tiempo de espera de una adopción se prolonga mucho más allá de los trámites burocráticos y se empieza a pensar en “trabas”, cuando en realidad hay muchos niños y adolescentes que anhelan un hogar, pero no en las edades que las familias normalmente buscan.

Tal es así que, de los cinco hermanos adoptados por Sofía y Alejandro, los dos más grandes ya habían decidido separarse del grupo para que los pequeños tuvieran más oportunidades. Afortunadamente eso no fue necesario, y ahora los Segura-Pizzi son una gran familia que, con su historia, busca animar a otros en el proceso de adopción. 


El Milenio: ¿A partir de qué hecho ustedes se perciben como familia?

Sofía Pizzi: Formalmente somos familia desde el juicio de adopción, cuando sale la sentencia de adopción de los niños y se hace el cambio de apellido. Pero yo creo que empezamos a sentirnos familia desde el momento en que nos elegimos, desde el deseo de cada uno de los siete de ser parte de esto. 

Luego, toda familia es una construcción. No es que somos familia y ya está, sino que lo vamos construyendo todos los días, nos vamos conociendo un poco más, como pasa con las parejas o los amigos. Es una construcción que, creo yo, no termina nunca.

EM: ¿Cómo fue el paso de “sacarse la mochila de ser padres biológicos” a adoptar cinco hermanos?

SP: Ha sido muy liberador, es aceptar que el deseo de uno no está 100% en ese rumbo. Yo no deseaba tener una panza, yo deseaba ser mamá y pueden ser dos cosas separadas. Todos me decían “intentá primero, hacé el tratamiento”, hasta que dijimos “no”, nuestro deseo va por otro lado. Es aceptar eso y que no importe tanto la opinión del resto o el “deber ser”.

Al final, decidimos escuchar el deseo propio y fue super liberador, evidentemente nuestro camino era por ahí. Para nosotros, la posibilidad de maternar y paternar estaba ahí, a disposición. Ya habíamos decidido adoptar tres y cuando vimos la convocatoria de los chicos, cambiamos a cinco. 


EM: ¿Cómo fueron las primeras visitas y qué incertidumbres o miedos tenían ellos?

SP: Mis hijos han vivido cuatro años en un hogar junto con otros niños sin cuidados parentales, sin un papá o mamá que les pregunte “cómo estás, cómo te sentís”, que se alegren cuando hacen cosas buenas o los reten cuando se equivocan. Y antes de vivir en un hogar esperando todos los días, quienes deberían haberlos cuidado, no pudieron hacerlo. 

Entonces, a estos niños que nunca los han cuidado, les dicen si desean tener una familia y de golpe llegan unos adultos que no conocen, que viven en otra provincia y les dicen “queremos ser sus papás”. Y por un lado piensan “por fin llegó el momento”, pero por otro lado tienen mucho miedo, mucha incertidumbre. 

Ellos han vivido cosas muy terribles y la primera etapa es muy compleja, se preguntan “¿me van a seguir queriendo si me porto mal?”. Es un proceso muy largo el que se da para que ellos estén seguros de que esto es para siempre y eso es normal, porque nunca han tenido un para siempre. Sin embargo, de a poquito van aceptando que estamos seguros con la decisión.

EM: ¿Por qué recomiendan tener en cuenta la adopción de niños más grandes?

SP: Los adultos podemos desear o no tener hijos, pero para los niños, tener una familia no es un deseo, es un derecho. Y para muchos niños, ese derecho no se está cumpliendo. Mientras tanto hay adultos que desean ser padres a través de la adopción y es una lástima que estén perdiendo todo este tiempo por esperar un niño más chico.

Mientras los adultos pierden la posibilidad de maternar o paternar, los niños pierden la oportunidad de tener padres. Por eso yo incentivo a que se saquen los prejuicios, que lean, que estudien, que hablen con personas como nosotros, nos pueden escribir por Instagram o donde sea. Yo estoy acompañando varios procesos de personas que, gracias a la campaña #AdoptenNiñosGrandes, han ampliado su perspectiva. 

Si hablás con alguien que lo ha atravesado, te va a decir que no es fácil. Es complicado, bastante, pero no imposible. Y definitivamente vale la pena. Los niños más grandes todavía son niños y tienen un montón de cosas para vivir.