A remarla juntos

A remarla juntos

Colaboración: Yazmín Melo Heyd (5to IENM) y Gabriel Klipka (6to IENM).


Pedro Bonafé es un joven de 24 años que ya desde pequeño soñaba con la idea de cambiar el mundo, creando una sociedad más justa y solidaria, donde todos los niños y niñas pudieran crecer dignamente, sin que “nadie quede afuera”.

De grande, decidió estudiar Sociología como una forma de entender el funcionamiento, gestión y planificación de políticas públicas y proyectos sociales, para así plantear ideas y soluciones que lo acerquen a ese sueño de la infancia.

La llegada del Covid-19 a Sierras Chicas y su terrible impacto en la realidad social, educativa, económica y alimentaria de los barrios populares de su ciudad, fue el impulso que necesitó para poner en práctica todo lo aprendido, naciendo así el proyecto Villa Allende Solidaria.

Se trata de una pequeña organización vecinal que busca servir de intermediaria entre quienes quieren dar una mano y las personas que están en situación de necesidad, tal es el caso de merenderos, ollas populares o incluso personas mayores que necesitan inscribirse virtualmente para recibir su vacuna.

Al sueño de Pedro se unieron otros jóvenes: Joaquín Ambroggio, Violeta Parodi, Emilio Córdoba, Juanjo Carrasco, Jorge Scaraffia y Gaby Corte, junto a otros voluntarios que se fueron sumando con el tiempo. Vale aclarar que, aunque el espacio que los reúne ya había sido creado a mediados de 2019, fue la pandemia lo que consolidó definitivamente su trabajo comunitario.

“Creo que todos estamos en el mismo barco y por eso tenemos que remarla juntos”, sostuvo Pedro Bonafé a El Milenio con respecto a las circunstancias desatadas por el SARS-CoV-2. “El compromiso con el otro no es sólo una cuestión caritativa que queda en el acto aislado de dar una mano, es parte de entenderse a uno mismo como persona, vecino y miembro de una comunidad”, reflexionó el joven.

Las dos caras de la moneda


Según comentó Pedro, el trabajo fuerte de Villa Allende Solidaria comenzó en abril de 2020, cuando decidieron ayudar a dos pequeños merenderos ubicados en barrio Polinesias y Lomas Sur. Con el tiempo, la ayuda se extendió más allá de los límites de la localidad, alcanzando a otros espacios ubicados en Villa Allende Parque (como el merendero Ángel de Amor) o incluso en Argüello.

“Las tareas que realizamos las decidimos un poco sobre la marcha, según la necesidad que surja en cada lugar. Al principio fue vital cubrir la cuestión alimentaria, que era la demanda primordial en aquel momento de la pandemia”, comentó Bonafé.

“Siempre, en situaciones de crisis, aparecen las dos caras de la moneda. Por un lado, la cara más problemática o más egoísta, la cual lamentablemente recibe más atención de los medios, pero por otro, también surge la cara solidaria, compañera y de entrega hacia los demás”, apuntó el joven, recordando con alegría cómo muchos vecinos e instituciones se sumaron al proyecto para aportar su ayuda.

Este año, una de las nuevas problemáticas relacionadas con la pandemia que detectó la organización tenía que ver con las dificultades de los vecinos y vecinas para inscribirse en la plataforma de Ciudadano Digital y recibir su vacuna. “Había una necesidad de llegar a la población más postergada, que no estaba pudiendo anotarse, y entendimos que, como proyecto solidario, debíamos dar una mano ahí”, resaltó.

De esta forma, junto a otro grupo de vecinos llamado Villa Allende Somos Todos, emprendieron una iniciativa para anotar a las personas mayores y a todas las que tuvieran alguna dificultad con el sistema de inscripción online, al plan de vacunación nacional. 

“Realmente pasamos por numerosos barrios (Polinesias, Industrial, Español, San Clemente, etc.) y logramos ayudar a mucha gente”, señaló el entrevistado y contó que, tiempo después, recibir mensajes como “¡Gracias chicos, gracias a ustedes por fin me llegó el turno de la vacuna!”, les generó una alegría inmensa.

En agosto, gracias a una generosa donación de la heladería Il’Torino y del frigorífico La Superior, realizaron un imponente festejo por el Día de la Niñez, donde además de postres hubo payasos y otros entretenimientos para los vecinos más pequeños de los barrios Las Polinesias y Lomas.

Trabajo y ambiente


Lejos de conformarse con lo realizado hasta el momento, desde Villa Allende Solidaria buscan ir un paso más allá y ofrecer otros tipos de ayuda y herramientas a la comunidad de los barrios populares. Según explicó Pedro, ahora su mirada está puesta en el desafío de solventar la brecha educativa y laboral. 

“Principalmente nos gustaría encarar el tema de la alfabetización informática y programación para jóvenes. Es un proyecto que tenemos en mente, aunque todavía nos falta una vuelta de tuerca para poder llevarlo adelante”, expresó. Al mismo tiempo, ya están trabajando en una iniciativa para ofrecer capacitaciones laborales en los sectores con mayor demanda en este sentido.

Finalmente, otro de los grandes objetivos de la organización es el trabajo ambiental comunitario, basado en la propuesta de que los propios vecinos y vecinas se involucren activamente en la limpieza de espacios comunes y puedan interiorizarse en los conflictos ecológicos que afectan a Villa Allende.

“Básicamente es uno de los grandes problemas a afrontar. El manejo de la basura, por ejemplo, afecta mucho a los vecinos de barrios populares. Justamente en Polinesias, hay un basural en el mismo sitio donde los chicos juegan y tienen un taller deportivo”, se lamentó Pedro. “Creemos que esta perspectiva de generar trabajo y al mismo tiempo cuidar el medio ambiente es vital para resolver las problemáticas que sufren estos sectores”, cerró el joven.

Carlos Romero

Periodista y docente de Periódico El Milenio y elmilenio.info. Jefe de pasantías web Fundación Josefina Valli de Risso.

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