Biblioteca Popular Sarmiento: Camino a las ocho décadas

Biblioteca Popular Sarmiento: Camino a las ocho décadas

Por Lucía Argüello y Matías Gramajo. periodico@elmilenio.info 
Colaboración: Yazmín Melo Heyd (5to IENM) y Gabriel Klipka (6to IENM).


Fundada un 3 de octubre de 1942, la Biblioteca Popular Sarmiento ha sabido resistir los avatares sociales, políticos y económicos de los últimos 79 años. Fue el docente Otto González quien impulsó el nacimiento de esta histórica institución de Río Ceballos, que comenzó sus actividades en un aula de la escuela Mariano Fragueiro. 

En 1965, adquirió su actual edificio, “algo fundamental para tener una auténtica biblioteca popular”, en palabras de Nadina Barbieri y Valentina Rojas, presidenta y secretaria (respectivamente) de la actual Comisión Directiva. “Al principio el espacio no tenía techo, en el primer piso. Así que a veces empezaba a llover y tenían que correr a tapar los libros con nylon”, contó Barbieri.

En 1996 se creó la Sala de Lectura bajo el nombre de Ángel Aliaga, vecino que trabajó incansablemente en pos de la biblioteca, y en 2004 la Sala Infantil, bautizada Otto González en honor a quien impulsó el nacimiento de esta institución de casi ocho décadas.

Por el año 2015, Barbieri y Rojas presentaron un proyecto para la creación de una “bebeteca” en la Sala Infantil, un rincón dedicado a las primeras lecturas de las infancias. “Pudimos hacer una remodelación del lugar y quedó bien acondicionado para recibir a los niños más pequeñitos. Está funcionando y es la única bebeteca de Sierras Chicas”, contó Barbieri con orgullo.

El Milenio: ¿Con qué objetivos nació la Biblioteca Popular Sarmiento?

Valentina Rojas: Según lo que consta en las actas de su inauguración, el motor fundante tuvo que ver con dos cuestiones. Por un lado, el tema de la cultura y la paz, ya que habían pasado sólo tres años de la Segunda Guerra Mundial y Otto pensaba que una biblioteca popular podía ser un espacio de encuentro para el conocimiento de las personas entre sí.

El segundo objetivo era hacer frente al analfabetismo de aquel entonces, ya que había un porcentaje altísimo en la población de personas analfabetas mayores de 18 años.

EM: ¿Cómo se financia la biblioteca?

VR: Se podría decir que tenemos dos fuentes principales de ingresos. Por un lado, los socios, que pagan cien pesos por mes, ya sea yendo a la biblioteca o a través de la factura del agua, ya que tenemos un convenio con la Cooperativa de Obras y Servicios de Río Ceballos.

A nivel estatal, existen subsidios anuales de Provincia y Nación, pero no los estamos recibiendo en este momento. De esos subsidios grandes, una mitad va para sueldos y la otra mitad para arreglos o lo que necesite la biblioteca. En el marco de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) también se pueden recibir fondos para proyectos puntuales.

Nadina Barbieri: Vale recordar que los miembros de la comisión son voluntarios. Las únicas que perciben un sueldo son dos empleadas que tienen muchísimos años de antigüedad y que están bajo convenio de comercio, que no es lo ideal para estos casos. Para una biblioteca popular, que es una asociación sin fines de lucro, se hace muy cuesta arriba el pago de estos honorarios. Hemos generado muchas acciones para reunir ese dinero, casi que nos transformamos en una cooperadora.

EM: ¿Y durante la pandemia?

NB: La pandemia fue mucho desgaste en todos los sentidos y sobre todo el económico. La biblioteca estuvo cerrada varios meses y también perdimos a muchos integrantes de la Comisión Directiva.

VR: Dejamos de tener asambleas y por ello no pudimos mantenernos al día con la inspección de personas jurídicas o con CONABIP, por lo cual dejamos de recibir subsidios. Nos sostuvimos como pudimos con bingos, sorteos y mucha colaboración de la comunidad de Río Ceballos.

NB: Estamos muy agradecidas por esa ayuda y también por el apoyo de la Municipalidad, que alquila la sala Caminito Serrano para distintas actividades, lo cual supone un ingreso fijo para la biblioteca. Aparte recurrimos al Fondo Desarrollar, lo que nos permitió afrontar los gastos enormes del año pasado, que para la biblioteca fueron los sueldos y aguinaldos de las empleadas. 

Hoy estamos necesitando que se sumen socios y socias para poner el cuerpo y darnos una mano, salir adelante como han hecho otras bibliotecas, con la gran ventaja que tenemos nosotros de contar con un edificio propio.

EM: En tiempos de virtualidad, ¿qué importancia sigue teniendo este espacio?

VR: Los socios y socias de la biblioteca son personas que gustan leer libros en su formato físico. En este sentido, en tiempos de pandemia y digitalidad, la institución realizó un aporte bastante grande. Primero hicimos actividades vía Facebook, a las que se sumaron muchos vecinos, y después pudimos empezar a abrir unos días. La gente lo valoró mucho porque necesitaban leer.

EM: ¿Cómo se manejan con los nuevos hábitos de los más jóvenes que quizás ya no frecuentan tanto la biblioteca?

NB: Por suerte la biblioteca tiene Wifi y eso nos permitió, en años anteriores, hacer un proyecto dirigido a los más jóvenes. Con Vale fuimos a varias escuelas secundarias llevando una actividad de animación a la lectura e invitando a los estudiantes a que se hagan socios especiales, con carnet y todo. Podían ir en grupos a la biblioteca y al final agradecieron contar con conexión y una sala de lectura. El 2018 fue un año muy enriquecedor con este proyecto. También realizamos otro tipo de propuestas y actividades, como talleres de comics o de fotografía.

VR: En una época tan marcada por la virtualidad, donde todo se ve a través de la pantalla, produjo un impacto muy grande el poder llevar los libros físicamente, poder leer en voz alta y hasta jugar con ellos. Esa es una de las cosas más lindas que tiene la biblioteca hoy por hoy.

Redacción El Milenio

Periódico El Milenio y la página web www.elmilenio.info son un Proyecto Comunicativo Escolar de la FUNDACION JOSEFINA VALLI DE RISSO, que gira con el nombre de fantasía Instituto Educativo Nuevo Milenio e Instituto Milenio Villa Allende.

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