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Leer para viajar, viajar para transformar

Agustina Merro es una joven licenciada en Letras que recientemente lanzó el sello editorial Fruto de Dragón, un emprendimiento que busca conjugar sus dos pasiones: la literatura y los viajes. El proyecto propone un enfoque más personal que turístico, indagando “qué les pasa a las personas en los diferentes territorios y qué tienen para decirnos los lugares”, en palabras de su propulsora.

Sierras Chicas es reconocida por ser cuna de artistas y emprendedores de toda índole. Músicos, escritores, pintores, dibujantes, actores, cineastas y un largo etcétera, comenzaron a trazar sus sueños en estas tierras.

Tal es el caso de Agustina Merro, joven vecina de Mendiolaza y licenciada en Letras Modernas que, en plena pandemia, se animó a lanzar un audaz proyecto: Fruto de Dragón. Se trata de una editorial cien por ciento sierrachiquense cuyo objetivo es publicar libros sobre “viajes, territorios y ciudades”.

“Son temas que siempre me apasionaron y hasta el día de hoy siento que me atraviesan. El vínculo entre literatura y ciudades es un tema que me ha interesado mucho a lo largo de mi vida y mis estudios”, señaló Agustina a El Milenio y explicó que hace muchos años que trabaja para diferentes editoriales, “pequeñas, medianas, grandes, universitarias, independientes y de toda índole”.

Habitar poéticamente



Como explicó la editora, Fruto de Dragón apunta fundamentalmente a aquellas obras que tengan como temática común el viajar y lo que se puede aprender conociendo otras culturas. “Me interesa una mirada subjetiva sobre los viajes y sobre las ciudades, es decir, no busco un relato objetivo o meramente informativo, más ligado tal vez a un modo turística de viajar, sino que me interesa indagar en las múltiples formas de habitar poéticamente los espacios”, expresó.

“Qué nos pasa cuando viajamos, cuando habitamos una cultura nueva, cuando vamos a otro lugar que no conocemos, o qué nos pasa incluso en nuestra propia ciudad, en definitiva, qué les pasa a las personas en los diferentes territorios y qué tienen para decirnos los lugares”, son las preguntas que se hace Agustina, al tiempo que celebra su primer lanzamiento “El pájaro detrás del pájaro”, trabajo que explora Tailandia, Myanmar y Turquía a través de una serie de crónicas ilustradas.

En este sentido, Fruto de Dragón tiene las puertas abiertas a todas las formas posibles de plasmar una experiencia en papel. “Pueden ser libros, pero también tengo pensadas algunas publicaciones de índole artesanal, como fanzines o impresiones de mapas en serigrafía. En cuanto al contenido, las publicaciones pueden ser novelas, crónicas, ensayos, historietas, etc. Me interesa abarcar diferentes formatos y géneros”, aclaró Merro.

“Busco una mirada subjetiva sobre los viajes y las ciudades, no me atrae el relato objetivo, más ligado a lo turístico. Me interesa indagar en las múltiples formas de habitar poéticamente los espacios”.

Animarse en pandemia



Al tratarse de un emprendimiento personal, Agustina está presente en todas las etapas que implica un proyecto editorial, desde elegir tipografías o realizar correcciones, hasta llevar adelante charlas con los escritores y gestionar la impresión de los ejemplares. El trabajo no le resulta pesado, sino más bien al contrario, ya que disfruta el vínculo que se va formando con las diferentes personas que intervienen en el proceso.

“Me gusta pensar que cada libro es un equipo: está el autor o la autora que viene con una idea, el diseñador o la diseñadora que plasma en una propuesta gráfica lo que el otro intenta transmitir con palabras y a veces hasta intervienen otras personas convocadas especialmente para la ocasión. Por ejemplo, en el caso de ‘El pájaro detrás del pájaro’, trabajamos con la actriz Elisa Gagliano, quien escribió un prólogo que realmente funciona como puerta de entrada poética al libro”, apuntó Merro.

En medio de una pandemia que ha alterado los parámetros de movilidad en todo el mundo, mucho se habla sobre cómo cambiarán las reglas del juego en el futuro. Desde su lugar, la licenciada en Letras Modernas manifestó su deseo de que la situación no se traduzca en una forma de viajar “ligada a la experiencia del miedo o la aprensión hacia las personas”, sino que esto sea un aprendizaje más, que nos permita comprender la necesidad de acercarse a los demás y aprender de las nuevas experiencias.

“Quisiera todo lo contrario, que se refuerce una manera de viajar desde la proximidad, el contacto con los otros, el cariño, la paciencia y la escucha. Creo que son todos estos elementos los que permiten la transformación en el viaje, que me parece que es la forma de viajar que vale la pena”, sostuvo Agustina. “Si no estamos dispuestos a mutar de alguna manera, el viaje se convierte en algo superficial y efímero. A mí me interesa una forma de viajar en la que se habilite el contacto con otras formas de vivir y de pensar el mundo”, afirmó la joven.

El primogénito


Mensajes de texto, poemas, collages, fotos y varios borradores fueron la materia prima de “El pájaro detrás del pájaro”, libro basado en los viajes que realizó Melina Alzogaray, amiga de Agustina y también vecina de Mendiolaza, por ciudades tan distantes como Bangkok, Chiang Mai o Estambul en 2019.

“Teníamos los textos enviados por Meli a través de WhatsApp durante la travesía, sus dibujos, fotos Polaroid y algunos collages que ella iba haciendo con elementos gráficos recolectados en los diferentes lugares”, expresó la editora al recordar el ecléctico material que tenía a su disposición para dar forma a la obra impresa.

“La primera decisión fue respetar el formato original del texto, que era como una especie de escritura en verso”, cuenta la editora. “Respecto del material gráfico, decidimos quedarnos con algunos dibujos e ilustraciones que seleccionamos atentamente, y de los collages, incluimos sólo el que está en la tapa”, añadió.

La obra cuenta con varios detalles que la hacen especial, como fotografías del viaje, las cuales se encuentran sueltas entre las páginas y varían de ejemplar a ejemplar, lo que permite “intercambiarlas, coleccionarlas o colgarlas”, en palabras de Agustina, que sonríe con orgullo al pensar en el gran trabajo realizado este año, a pesar de las dificultades.

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