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Un cine para los pueblos olvidados

Darío Arcella realiza documentales sobre culturas que se encuentran en situación de precariedad, desprotección o marginación. Hace unos meses, reestrenó Nuestro Mundo - Anuhu Yrmo, un film que retrata la cultura, historia y filosofía de la Nación Yshir, comunidad nativa del Chaco paraguayo que lucha por preservar sus modos de existencia históricos.

Colaboración:

  • Galo Cavina y Pedro Lascano.
  • Instituto Educativo Nuevo Milenio.
  • Genaro Bellomo, Juan Cruz Ferrer y Lucas Sánchez.
  • Instituto Milenio Villa Allende.
  • Lucía Argüello.

Hace décadas que el pueblo Yshir lucha para defender sus derechos, su cultura y los territorios que habita ancestralmente en el departamento de Alto Paraguay (Chaco paraguayo). Esta región del país vecino, que limita al norte con Bolivia y al este con Brasil, ha sido foco de múltiples debates fronterizos, sociales y ambientales. Hacia allí se dirigió en 1994 el cineasta y documentalista Darío Arcella, con el objetivo de conocer desde adentro la vida de esta comunidad nativa.

Su experiencia inspiró la Trilogía de la Tierra, una colección documental dirigida por el actual vecino de Unquillo que empezó con Crónicas de la Gran Serpiente (2011), siguió con La Ceremonia (2014) y culmina con Nuestro Mundo – Anuhu Yrmo (2016), reestrenada este año en diversas plataformas.

La obra se presenta como un relato en tres partes: la primera película recorre la filosofía e historia de los pueblos americanos, la segunda habla sobre la espiritualidad y la relación con la naturaleza de la Nación Yshir y la última pone en evidencia la criminalización de los medios de vida ancestrales de esa comunidad por parte de organismos internacionales que buscan la preservación de la biodiversidad.

Así, Nuestro Mundo – Anuhu Yrmo retrata la lucha de los Yshir por preservar su vida y su cultura ante el avance de la frontera agropecuaria (que redujo su territorio original de un millón de hectáreas a sólo treinta mil) y las instituciones que prohíben la caza y la pesca, sustento histórico de la comunidad. 

La obra, que de algún modo muestra “el lado B de las políticas ambientales”, cuestiona los entretelones de las medidas conservacionistas tomadas por organismos que desconocen las realidades sociales de los territorios donde se implementarán. “¿Qué hay detrás de las grandes ONGs y su interés por la conservación de la biodiversidad? ¿Biodiversidad para quién?”, se pregunta el film.

Cine comunitario



Para el cineasta, poner en imágenes las injusticias, y en particular aquellas cometidas contra los pueblos originarios, es una premisa que viene de la infancia. Creció rodeado de relatos ancestrales, pero fue el cine, y más precisamente el género documental, la herramienta que le brindó la libertad necesaria para expresarse combinando distintos recursos.

“Me decanté por este género cuando descubrí la posibilidad expresiva que tiene el documental para mostrar los puntos de vista de gente que sistemáticamente ha sido silenciada y criminalizada”, indicó Arcella y detalló: “Es un genocidio constante e invisible que deja a la gente sin tierras por intereses económicos, a menudo ilegales, que corren la frontera agrícola hacia los territorios de pueblos originarios».

Para el realizador audiovisual, “lo que sobrevuela las tres películas es la búsqueda por retratar lo mejor posible la filosofía y sabiduría de estas comunidades” (que se vinculan con la naturaleza de una manera muy distinta a los modos extractivitas imperantes en el sistema económico mundial), aparte de representar “las injusticias a las que están sometidos”.

“Cuando trabajo con una comunidad indígena, pongo mi conocimiento sobre el proceso del cine, pero todo lo que va a suceder en la película lo aporta la comunidad. Podría decirse que soy un extranjero, pero la idea es romper ese cerco y trabajar desde ellos mismos”, detalló el cineasta sobre las nociones que guían su propuesta.

Para Arcella, esta idea del “cine en comunidad” empezó a gestarse en 1995, junto con los primeros pasos de la Trilogía de la Tierra. “En 2014, casi 20 años de trabajo después, siento que lo logramos. Trabajamos para ser parte de la comunidad, para que nuestro arte cinematográfico aporte a la expresión de sus saberes”, apuntó.

“Me decanté por este género cuando descubrí la posibilidad expresiva que tiene el documental para mostrar los puntos de vista de gente que sistemáticamente ha sido silenciada y criminalizada”

Cultura en peligro



Nuestro Mundo – Anuhu Yrmo contó con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Argentina), International Development Research Centre (Canadá), Social Sciences and Humanities Research Council (Canadá) y Culturas en Contacto (Argentina). La producción fue un trabajo conjunto del Grupo Documenta, un colectivo de cineastas, artistas, antropólogos, filósofos, comunicadores y dirigentes nativos del cual Darío Arcella forma parte, y la Unión de Comunidades Indígenas de la Nación Yshir (UCINY- Paraguay).

En 2017, la película ganó el Gran Premio Moisés Huentelaf del VIII Festival de los Pueblos Indígenas, llevado a cabo en Valparaíso. Además, ha circulado por numerosos festivales, donde lo importante, para su director, es poder visibilizar la problemática que atraviesa la Nación Yshir, cuya forma de vida “ha sido criminalizada por políticas internacionales y de conservación”.

El film demuestra una vez más la impronta expresiva de Arcella, que actualmente está trabajando en Fui Alan por un año, un nuevo documental inspirado en Los Relocalizados (2017) donde se trata la problemática de la identidad. “¿Qué sucede cuando nuestra identidad falta y cómo la burocracia se encarga de complicar lo más posible el acceso de las personas al mundo?”, es la pregunta que moviliza el creador audiovisual en su obra en curso.

“Evidentemente no tengo en mi norte la masividad de catálogo. Mi trabajo es un aspecto del cine, no sigo la moda, sino que busco hechos estructurales que me toman mucho tiempo de realización, cinco o seis años en promedio”, reconoció el director al hablar de su público. “Siempre apuesto a un espectador reflexivo, a un espectador que complete el discurso de la película”, añadió.

“Se podría decir que el nexo temático de mis películas es retratar culturas que se encuentran en una situación de precariedad, desprotección o marginación por diversas razones, creo que ese sería mi lema”, concluyó el cineasta.

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