“Cuentos para viernes por la noche” es el nombre de una serie cordobesa (filmada en parte en Villa Allende) que atravesó las fronteras para estrenarse en España. Pablo Vergara y César Aparicio, dos de las mentes detrás de este proyecto, indagan en el recorrido de una producción que busca poner al espectador bajo una ruleta de emociones.

Colaboración: 

  • Gaspar Quintana y Joaquín Cortés Funes 
  • 5to Años.  Instituto Milenio Villa Allende. 
  • Felicitas Saracco y Francisco Mirgone 
  • 5to Año.  Instituto Educativo Nuevo Milenio.

Aunque frecuentemente subestimados, el terror como género es, para los grandes directores, un abanico de posibilidades. Con la expansión del cine, muchos de los primeros retratos del miedo para la sociedad moderna se presentaron como pesadillas en plano secuencia, con pasillos que se vuelven cada vez más angostos, luces titilantes y una tétrica presencia, que espera al momento de mayor tensión para revelarse súbitamente. En ocasiones, los trucos varían, pero algunos recursos se vuelven indispensables.

“Cuentos para viernes por la noche” es una serie cordobesa que se presenta como una colección de historias que combinan la fantasía, el suspenso y el terror, con el deslumbrante atractivo de lo desconocido. Pablo Vergara, director de la obra, encontró en este género tan particular, un resquicio para poner en juego narrativas que atravesaron su manera de entender y sentir el miedo, incluso antes de sumergirse en el cine como profesión.

Allí entonces, pueden reflejarse reminiscencias de lo que Vergara define como “cine de terror adolescente”, llegando a finales de la década del 90. “Hubo un resurgir, en términos de taquilla, de la mano de películas como Scream, Sé lo que hicieron el verano pasado o Leyenda urbana, con guionistas como Kevin Willamson o Wes Craven, el creador de Freddy Krueger. Son artistas con un recorrido muy rico, que me marcaron desde chico. Supongo que mucho de eso se arrastra a la creación de Cuentos para viernes por la noche”, explica el director.

Al igual que sucede con producciones populares de la talla de Stranger Things, en esta serie local también confluyen una serie de guiños a la influencia directa de films como Dimensión desconocida y otros clásicos del terror, entre ellos Halloween y la recordada Martes 13.

En este compendio de historias con tonada cordobesa, la búsqueda de escenarios resultó fundamental, y uno de los elegidos fue una locación en Villa Allende. La estética orientada a los años setenta convirtió al sitio en el lugar perfecto para anclar algunos de los relatos de este mundo paranormal.

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Proyecto en movimiento


Si bien, como director, Vergara aglutina buena parte de las decisiones creativas del proyecto, cada área aportó un elemento vital para transitar ese arduo camino que deben atravesar todas las obras audiovisuales en Argentina para abrirse paso en diferentes plataformas. 

César Aparicio es otra de las cabezas de esta propuesta. Conoció a Pablo en los pasillos de la facultad, mientras estudiaban Cine y Televisión en la UNC. Allí, lo que comenzó con un corto en el que trabajaron juntos, se transformó en un largometraje (con César como director de fotografía) que decantó en los primeros pasos de lo que terminaría siendo Cuentos para viernes por la noche. 

Para enfrentar el siempre difícil obstáculo del financiamiento, decidieron embarcarse en una batería de concursos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), con la fortuna de encontrar una convocatoria específicamente orientada al cine de terror. 

“Los procesos de desarrollo son largos, a este proyecto lo venimos potenciando hace seis años. Filmamos un capítulo piloto hace cuatro años, con recursos cien por ciento propios, para ver qué posibilidades creativas se le podían imprimir y cómo funcionaba el relato de la serie”, comenta César.

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Vuelo permitido


Las producciones audiovisuales han quedado entre el enorme tendal de actividades víctimas de la pandemia. César Aparicio lo vive en carne propia, con dos películas que iban a tomar cuerpo este año y todavía esperan en el tintero. La primera contaba con parte del equipo migrando desde España a Argentina, y la segunda era un largometraje cordobés dirigido por María Aparicio, conocida por su labor en el drama documental Las Calles. A apenas dos semanas de haber iniciado la preproducción, llegó el anuncio de la cuarentena.

“No conozco ningún proyecto grande de película que se vaya a filmar este 2020. Si bien hace poco más de un mes la actividad está habilitada, son iniciativas que movilizan mucha gente y que toman un trabajo largo de preproducción. Por lo tanto, es difícil arrancar este año. Todos los que nos dedicamos a esto no pudimos trabajar. Han sido meses complicados. Quizás el vaso medio lleno es que tuvimos más tiempo para sentarnos a escribir y guionar otros proyectos”, reflexiona César.

En medio de la tormenta, Cuentos para viernes por la noche cruzó las fronteras y encontró un escenario para presentarse ante el púbico internacional, a través de la plataforma televisiva española Dark. Este importante llamado a las pantallas deriva de la participación de la serie en Ventana Sur, un evento que se realiza todos los años en Buenos Aires, donde convergen distribuidoras, directores, productores, señales y plataformas digitales como Netflix o Amazon. En esa feria de actores de la industria audiovisual, la serie de terror cordobesa captó la atención de la plataforma ibérica, un canal dedicado exclusivamente al terror.  

“Estamos muy contentos con el estreno en España, hemos recibido muchos mensajes de la gente, han estado opinando, incluso de los personajes, en las distintas fotos del Instagram de la serie. Me quedo con esa recepción por parte del público, que es sumamente motivadora para seguir escribiendo historias orientadas a este género”, sostiene Aparicio.

A nivel local, la producción aún analiza distintos terrenos donde aterrizar. En ese sentido, César asegura que existen diferentes opciones y buscarán concretar el proceso a finales de este año. “Las vacaciones de verano serían un buen momento para que el público pueda sentarse un viernes por la noche a comer una pizza y disfrutar de estas historias”, aventura el productor.