La arquitecta y poliartista oriunda de Buenos Aires encontró en la tranquilidad de Sierras Chicas, la inspiración para desarrollarse primero como artista plástica y después, como escritora. De niña se vio atraída por la pintura y la literatura, de grande por la arquitectura, la antropología y el psicoanálisis. De la sinergia entre estas disciplinas, nació su primer libro, “Son las cosas”.

Por Lucía Argüello y Carlos Romero.

Colaboración:

  • Agostina Khon y Sol Vélez
  • 4to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio
  • Milagros Franchi y Constanza López
  • 4to Año, Instituto Milenio Villa Allende

Marta nació en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, pero las vueltas de la vida la llevaron a mudarse a Villa Allende en 2009. Formada como arquitecta, pero ligada desde pequeña a las artes visuales, afirma que todas sus experiencias de vida le sirvieron para encarar su más reciente faceta: la escritura. Así, el año pasado, Rivero presentó su primera obra literaria, “Son las cosas”, un libro de historias íntimas que nació casi por casualidad en un taller de escritura que llevó a cabo en 2018.

El Milenio: ¿Cómo comenzó tu carrera artística?

Marta Rivero: Mi carrera como artista no se desarrolló dentro del ámbito académico, sino que más bien arranca desde mi infancia, con los primeros “felicitados” que me sacaba en primer grado por mis dibujos de estilo libre. De niña fui a muchos talleres de pintura y dibujaba mucho en casa por mi cuenta. Al mismo tiempo, la literatura es algo que también llevo desde siempre, aunque recién lo canalicé por primera vez en un libro el año pasado.

EM: Estudiaste Arquitectura y Antropología, ¿cómo se vinculan estos conocimientos académicos con tus obras?

MR: Cuando empecé Arquitectura (en la UBA) casi abandono en primer año para entrar a la Escuela de Bellas Artes. Mis padres me insistieron para que continuara con la carrera y creo que fue una decisión acertada, porque a diferencia de otras profesiones, la arquitectura es una disciplina muy atravesada por el arte, donde uno aprende mucho a ejercitar la mirada, esto de qué vemos cuando vemos. Así que creo que mi trayectoria como arquitecta influyó muchísimo en mi trabajo artístico.

La antropología es algo que se inserta ya acá en Córdoba. Empecé una maestría en la UNC que, si bien no terminé, me permitió desarrollar una reflexión a escala general del hombre. De hecho, una de las ramas que más me ha interesado en mi carrera como arquitecta, es el urbanismo, que justamente se trata de insertar al hombre dentro de la trama de la ciudad.

Creo que el factor común es ese, lo humano, tanto en la arquitectura y en la antropología, como en las artes visuales y la literatura, donde siempre se pone en juego un otro que toma contacto con nuestra obra.


“Cuando escribo, no trabajo sobre lo que quiero decir. La historia es la excusa que tengo para desarrollar una forma, un sonido, una cadencia. No me interesa tanto qué decir, sino cómo decirlo”


EM: ¿Por qué elegiste Villa Allende para vivir?

MR: Me trasladé a Córdoba en el año 2009 junto a mi familia, buscando un cambio de vida con respecto a la cotidianeidad de Capital Federal. Queríamos un lugar que tuviera la misma actividad cultural, pero a una escala más amigable. 

No sabíamos que íbamos a terminar viviendo en Villa Allende, pero un día vine a raíz de una invitación y cuando crucé la rotonda de ingreso, donde está la YPF, tuve la sensación de que había llegado al lugar donde tenía que quedarme. Creo que podría viajar y vivir temporalmente en cualquier lado, pero mi sitio está en Villa Allende.

EM: ¿Esta elección influyó en tu carrera artística?

MR: Totalmente, acá empecé a desarrollar más activamente mi trabajo como artista visual. Encontré una escala más cómoda para el desarrollo de mi vida, me sirvió para retomar mi lado más barrial y poder aprovechar mejor mi tiempo, pude pintar muchísimo y concurrir a varios talleres.

EM: ¿Cómo arrancó tu etapa de escritora?

MR: En 2018, por invitación de una mamá del colegio (Victoria) con quien siempre compartimos muchos libros, empecé un taller sobre poesía femenina. En cada encuentro, nos daban un disparador de escritura, lo cual hizo que comenzara a escribir periódicamente y no sólo cuando tenía ganas.

El año pasado, retomé algunos de esos textos y la llamé a Victoria para preguntarle qué le parecía si los desarrollaba un poco más. Entonces ella seleccionó tres que sentía que podían conformar un mismo libro y fue ayudándome a darle forma, tratando que la escritura sea compleja, pero no confusa, haciendo esa limpieza necesaria para que pudiera leerlo otra persona que no fuera yo.

Estuvimos un año así hasta que ella me dijo que estaba listo para publicar. La verdad que me costó mucho más que la pintura, porque la palabra se desenvuelve de una manera más rotunda, más contundente y más íntima.

EM: En este sentido, ¿cómo sentís que influye el arte plástico en tu escritura?

MR: Escribo como pinto y pinto como escribo. Al leer mis escritos, me doy cuenta que no trabajo sobre lo que quiero decir. O sea, siempre hay una historia subyacente, pero eso no es lo que me importa, la historia es la excusa que tengo para desarrollar una forma, un sonido, una cadencia. No me interesa tanto qué decir, sino cómo lo quiero decir, y lo mismo me pasa cuando dibujo o pinto.

EM: ¿Dirías que te sentís más identificada con alguna de las dos (escritura o pintura)?

MR: Creo que no podría ir una sin la otra, porque en las artes visuales también soy narrativa. Cuando pinto, me voy contando una historia a mí misma con la línea. En lo personal, yo trabajo mucho con el psicoanálisis, con lo simbólico. No es tanto pensar un tema puntual, sino trabajar sobre el metalenguaje. Tanto “Son las cosas” como mis pinturas están atravesadas por el psicoanálisis, en ambas trabajo con la narración.

EM: ¿Buscás transmitir algún mensaje con tu libro?

MR: No trato de dar ningún mensaje en particular. De hecho, si leo el libro ahora, siento que los personajes dicen otra cosa e incluso a veces yo parezco ser todos los personajes. Es casi una experiencia personal con una historia por detrás. A veces la gente me pregunta “pero, ¿qué quisiste decir con tal cosa?” y quizás no quise decir nada, porque yo creo que la literatura borra los límites de la realidad y la ficción. 

“Son las cosas” no está hecho para que el lector cierre el libro y quede satisfecho, tiene un montón de cajones que quedan sin abrir y depende de cada uno si quiere hacerlo o no. No hay ningún mensaje que yo quiera dejar con mi libro, o tal vez el mensaje sea ese: que cada uno pueda armar su propia historia.