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Colaboración: Candelaria Gos, Amandine Hoet y Celeste Gotta Corral

Instituto Educativo Nuevo Milenio


El béisbol es un deporte donde la estrategia cumple un papel determinante. La simpleza, observada desde afuera, es apenas la cáscara de un juego donde el conocimiento de las aptitudes y destrezas de cada componente del equipo puede inclinar la balanza hacia un resultado u otro. En Estados Unidos, es una de las maquinarias deportivas más grandes y multitudinarias que existen. En Latinoamérica, en países como República Dominicana, Nicaragua o Venezuela, constituye parte importante de la identidad cultural.

En Argentina es un nicho creciente, que se traslada de generación en generación a partir de un puñado de valores que abren escuelas en cada lugar que pueden, buscando enseñarles a los más jóvenes de qué se trata este juego que la mayor parte de las veces solo vemos por televisión.

Rodrigo Bruera, coordinador de la escuela de béisbol de Villa Allende, es uno de esos valores. Lleva el béisbol en la sangre, como un legado diferente al de la mayoría. Llegó a este deporte a los seis años a través de su hermano y su hermana, quienes practicaban en el Club Alas Argentina. “Fui a parar ahí por seguirlos a ellos. Vivía en Alto Alberdi y mis hermanos jugaban todo el tiempo. Un día, un chico consiguió un guante y una pelota y se comenzó a instalar este deporte”, cuenta Bruera.

Si bien sus hermanos fueron el primer impulso, Rodrigo encontró en Arturo Arias un gran referente. Paso a paso, fue hallándose a sí mismo en el campo y definiendo el lugar desde donde realizar el mejor aporte al equipo. “Generalmente, cuando empezás a jugar, no tenés tanta ductilidad con el guante, entonces lo que hacen los entrenadores es mandarte al fondo, a la parte de los jardines”, confiesa Bruera, haciendo referencia a lo que en béisbol se denomina ‘outfield’, un sector de la defensa al que la pelota bateada llega con menor fuerza.

Luego de pasar por esa etapa, ocupando un lugar de menor riesgo mientras aprendía algunos conceptos del juego, su entrenador percibió la versatilidad de Rodrigo para lanzar la bola, una función que requiere una enorme coordinación, difícil de encontrar en un niño. “En ese momento no tiraba muy fuerte, pero sí era muy preciso”, recuerda el lanzador.

“En el béisbol argentino estamos aprovechando mucho la inmigración venezolana. Son jugadores que vienen de uno de los países potencia en este deporte a nivel mundial y su presencia ha elevado notablemente el nivel local”. El Milenio/ Eduardo Parrau.


Este juego, donde cada movimiento de piezas puede torcer el destino de un partido, popularizó el uso de métodos de estadística avanzada para medir el valor deportivo de cada jugador. Rodrigo es un convencido de la importancia del conocimiento a la hora de planificar una estrategia y en ese sentido, explica: “desde afuera, quienes no conozcan la disciplina, pensarán que esto es pegarle a la pelota, tirarla lejos y correr. En realidad, acá la búsqueda es ir avanzando de base en base. Es un ejercicio de pensar cómo mover cada elemento, como ocurre en el ajedrez”.

Esta tendencia, que avanzó a principios del 2000 y se extendió a otros deportes como el básquet, tuvo su emblema en los Oakland Athletics de Estados Unidos, que triunfaron en la liga más poderosa del mundo (historia plasmada en la película Moneyball, protagonizada por Brad Pitt). “Basándose en las estadísticas y el conocimiento del juego, formaron un equipo con jugadores que no eran populares, que no vendían o que no estaban en los libretos y los llevaron a instancias finales”, cuenta el coordinador del Arias Béisbol Club.

El beisbolista formó parte de una etapa histórica para el seleccionado argentino. El Milenio/ Eduardo Parrau.


El Milenio: En la actualidad, ¿un pitcher estudia a los bateadores a los que se enfrenta?

Rodrigo Bruera: Sí, hoy en día se ha avanzado mucho en ese tema y se utiliza la tecnología constantemente. Hay diferentes tipos de lanzamientos, la pelota puede ir recta, puede girar hacia la izquierda o la derecha del bateador, etc. Cada bateador tiene características diferentes, algunos tienen más fuerza, pero son más lentos en su movimiento de manos. Entonces existen estrategias distintas en función del bateador que se presenta en cada turno.

EM: ¿Cómo sería el proceso de entrenamiento y qué aspectos se trabajan en un nivel inicial?

RB: Nosotros en Villa Allende tenemos un profe que trabaja iniciación deportiva en béisbol. Ahí empezamos con pelotas de tenis para que nadie se golpee ni corra ningún riesgo. Lo que buscamos es que aprendan todas las destrezas de a poco, que incorporen el lanzamiento, el atrape de pelota, que sepan cómo correr y batear.

Tratamos de hacerlos rotar constantemente entre los distintos ejercicios, para que no se vuelva monótono para los niños. Ya a nivel competitivo, esas bases de entrenamiento llevan una intensidad mayor y un largo de práctica de tres horas. Es una exigencia mucho más técnica.

EM: ¿Cómo es la situación particular del béisbol en Sierras Chicas?

RB: En Sierras Chicas tenemos el béisbol instalado y afianzado dentro de Villa Allende. Empezamos en 2003, cuando presenté un proyecto social integral en la municipalidad, y estuvimos tres años en lo que se llamaba “centro de integración barrial”. Allí los chicos practicaban distintos deportes y actividades recreativas. Así fui introduciendo esto que para la mayoría era “qué hace ese loco con un bate y una pelota”. 

Luego de esos tres años, comenzamos a planificar otro proyecto, porque los niños crecieron, las pelotas empezaron a volar para todos lados y a los vecinos no les agradaba mucho. En esa búsqueda de opciones, encontramos la Agencia Córdoba Deportes, que tenía un basural abandonado al fondo. Hicimos un convenio, trabajamos junto a los padres de los chicos que venían a la escuelita, buscamos ayuda exterior y ahora llevamos más de una década practicando en ese espacio.

Rodrigo Bruera compite en el alto rendimiento desde los 18 años y jugó en la primera división de Italia. Foto gentileza quien corresponda.


EM: ¿Hay suficientes encuentros entre clubes como para que se logre una continuidad?

RB: Sí, la Federación de Córdoba los organiza todos los fines de semana, desde infantiles hasta primera. En el torneo hay cuatro categorías actualmente. Lo que nos sucede es que a veces tenemos que adaptar las categorías en función de la cantidad de chicos que tiene cada club en cada división.

En cuanto a la Liga Argentina, se juega dos veces a la semana. Córdoba tiene dos equipos participando de esa competencia, que se maneja a un nivel semiprofesional, con algunos jugadores pagos incluso. En el béisbol argentino estamos aprovechando de gran manera la inmigración venezolana. Vienen de uno de los países potencia en este deporte a nivel mundial y la presencia de ellos ha elevado mucho el nivel local.

EM: Es interesante ver cómo la inmigración puede modificar un deporte como el béisbol en Argentina.

RB: No cabe duda, el nivel ha cambiado muchísimo, incluso más allá de la migración. Se han creado nuevos clubes en Buenos Aires y hay muchos jóvenes de Venezuela con ciudadanía argentina que quieren formar parte de nuestra selección.

Eso incrementa el nivel porque empezás a competir con los mejores. Acá en Córdoba, por ejemplo, teníamos apenas dos o tres lanzadores capaces de tirar a noventa millas por hora, que es una velocidad base. Ahora tenemos diez pitchers capaces de hacerlo. De esta forma, los bateadores mejoran su juego, porque se van acostumbrando a lanzamientos de esa velocidad, y cuando lleguen a competir ante grandes combinados del mundo, van a estar muchísimo más preparados que antes, porque entrenan con jugadores de ese mismo nivel.

Otra cuestión importante es el incentivo que genera la competencia interna. Hoy los jugadores tienen que potenciar todas sus cualidades al máximo porque, de lo contrario, otro puede tomar su lugar.


“Lo importante es que los que empiezan incorporen todas las destrezas”, explica Bruera en relación al nivel inicial. El Milenio/ Eduardo Parrau.


EM: ¿Considerás que uno de tus logros más importantes fue haber podido jugar en el exterior?

RB: Sí, creo que ese fue un objetivo cumplido muy importante, además porque pude mantenerme durante varias temporadas viviendo esa experiencia. También fue clave para mí el logro grupal de clasificar con Argentina para los Juegos Panamericanos de Lima 2019. Eso fue histórico, Argentina nunca había llegado por mérito propio a un torneo de esa envergadura. Solamente habíamos participado anteriormente cuando fuimos anfitriones.

EM: ¿Es un desafío para los beisbolistas argentinos practicar un deporte tan poco difundido en nuestro país?

RB: Desde mi óptica, lo fundamental es ir ganando espacio. En otros países hay otro acercamiento por parte de la familia al béisbol, se asemeja más a lo que sucede con el fútbol acá, donde los padres se vinculan, se quedan en la cancha a ver a sus hijos.

No es fácil, en un país con una cultura futbolera tan arraigada, encontrar un lugar que se abra a la familia, que genere oportunidades para el niño o la niña que quiera practicar béisbol. Es algo que intentamos inculcar. Yo tengo la suerte de trabajar en la escuela con un profesor que alguna vez fue alumno mío, cuando yo tenía veinte años y recién arrancaba como formador. Hay gente fiel a este deporte y lo que intentamos es mantener viva esa llama.

“En un país con una cultura futbolera tan arraigada, no es fácil encontrar un lugar que se abra a la familia, que genere oportunidades para el niño o la niña que quiera practicar béisbol. Por suerte hay gente fiel a este deporte y nosotros intentamos mantener viva esa llama”

EM: ¿Con qué expectativas fue el equipo de béisbol argentino a Lima 2019?

RB: La idea nuestra era hacer un buen papel, ir a competir y, si se daban los resultados, meternos en una segunda ronda. Pero nos encontramos con un nivel superior, el béisbol panamericano está muy por encima de la mayor parte del sudamericano. Chocamos con Cuba, que es un conjunto durísimo y nos superó claramente. Luego hicimos partidos bastante reñidos, en los que por momentos fuimos ganando, pero perdimos ante Canadá y Colombia, que tienen un tremendo rendimiento. Era para nosotros el cierre de ciclo, siendo un grupo de jugadores que trabajó de manera conjunta durante casi nueve años. Sabíamos que competíamos contra profesionales al cien por ciento, pero teníamos la ilusión de dar un batacazo que no se dio.

El Arias Béisbol Club de Villa Allende nuclea a más de sesenta jugadores de todas las categorías, edades y géneros. El Milenio/ Eduardo Parrau.

EM: ¿Cómo fue para “Los Gauchos” la experiencia de jugar un Panamericano?

RB: Para nosotros fue una experiencia bastante novedosa. Yo les decía a los chicos más jóvenes que era increíble, compartir con otros deportistas, sentirse profesional representando a Argentina, sentirse Messi por un rato, por decirlo de alguna manera. Las vivencias cuando uno está las 24 horas rodeado de los mejores atletas son hermosas. La villa olímpica era fantástica y aprovechamos cada tiempo libre para ir a ver otras disciplinas, charlar con otras delegaciones y apoyar a Argentina en todos los ámbitos.

EM: ¿Qué deportistas te sorprendieron de otras disciplinas en el Panamericano?

RB: A mí me gustó mucho ir a ver sóftbol. Sus canchas estaban muy cerca de las nuestras, la delegación argentina fue campeona del Panamericano y ya es un equipo que había salido campeón mundial. Me pareció que tenían un par de lanzadores excelentes. Luego estuvimos alentando al básquet, que ganó la medalla de oro de punta a punta. Son jugadores que uno admira desde la televisión, como Luis Scola o Facundo Campazzo. Pudimos pasar tiempo con ellos, charlar, compartir una mesa y fue muy especial.

2 pensamientos sobre “Rodrigo Bruera, entre bate y guantes

  1. Ignoraba que se practicara ese deporte en Villa Allende y con tantos alumnos !!!!……muy buenos los conceptos de Rodrigo !!!!!

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