fbpx

Unquillo. Los fanáticos  asisten cada año a Córdoba para ver las carreras y disfrutar de un espectáculo automovilístico donde destacan marcas, modelos, escuderías y sponsors. Pero detrás de cada parabrisas hay corredores con miles de experiencias vividas e historias por contar. Uno de ellos, Ariel Pucheta, cuenta a este medio cómo son los comienzos y la vida de un piloto apasionado.

El Milenio: ¿Cómo nació su pasión por este deporte?

Ariel Pucheta: Esto nació acompañando a mi padre desde chico, él me llevaba a ver los autos; fuimos a todos lados. Siempre le encantó muchísimo, a donde se podía ir, íbamos a ver las carreras. Eran de Rally Mundial, Nacional o Provincial, no fué otro deporte, muy rara vez la pista; y así nació esta pasión que nos encanta.

EM: ¿De qué manera logró insertarse a este mundo profesionalmente? ¿Cómo fueron sus inicios?

AP: Cuando nosotros íbamos a ver el Rally hacíamos auxilio. Después mi padre pudo correr en el año 84, lo hizo todo él: era navegante e iba con su hermano. Pasó el tiempo y un tío mío, con otro chico, empezó a correr, nosotros ya teníamos 15 años e íbamos a hacerle el auxilio a ellos. Luego tuvimos la posibilidad de comprar un auto, con mi hermano. Acá siempre fue entre los tres, mi padre, mi hermano y yo, todo se decidía entre nosotros, hasta el día de hoy sigue siendo igual.

EM: ¿En qué tipo de competencias participó?

AP: Participamos principalmente en el Rally provincial de Córdoba. Tres años tuvimos la posibilidad de correr como invitados en el Rally provincial que se realizó en Unquillo. Fue un logró bárbaro. Tuvimos muchas ofertas de la pista, pero siempre fuimos unidos, y la pista es individual, no nos llama la atención. Nos gusta, claro, porque es fierro, pero no es algo que nos apasione tanto como el Rally.

EM: ¿Cuáles fueron sus logros y metas obtenidas?

AP: Logros fueron muchos y lindos. Siempre que te ponés el casco el logro tuyo es llegar. Por ahí es lindo llegar a un puesto, ganar es lo mejor que te puede pasar, porque cuando vos la peleas, que no tenés presupuesto, lo disfrutas más. Yo lo vivo de esa forma porque todo me costó, todo lo que se hace es muy a pulmón. Cuando vos lográs un buen puesto es como tocar el cielo con las manos; hoy, hace 22 años, cada vez que me pongo el casco voy con las mismas ganas.

EM: ¿Con qué coche de competición tuvo su mejor experiencia?

AP: ¡Qué problema! (risas). Mirá, cuando arrancamos con el FIAT 128, nos costó mucho al principio porque nosotros no sabíamos nada, no teníamos ni idea de lo que era cambiar una rueda. Con ese auto estuvimos siete años corriendo, los últimos tres peleamos los campeonatos y siempre, por alguna cosa, salimos dos veces segundos y dos veces terceros. Pero muy lindos logros nos dio ese auto.

Cuando armamos el otro, el FIAT Regata, también fue difícil el cambio, pero al año siguiente peleamos las carreras, salimos una vez segundos y una vez terceros en el campeonato. Nunca se nos dio el primer lugar, pero siempre fuimos protagonista.

Por cuestiones de presupuesto corremos sólo una o dos carreras al año, pero nos encantaría hacer un año completo, seguro podríamos pelear algo serio. Y eso es por la experiencia, somos unos de los que más antigüedad tiene, cerca de 22 años. Es mucho, y es una pasión que la llevás desde el primer momento en que te pusiste el casco y quisiste salir a correr.

EM: ¿Cuál es la importancia de tener un copiloto? ¿Quién fue el suyo? ¿En que se basó para elegirlo?

AP: Siempre fue con mi hermano, no había mucha elección. Nos gusta tanto a los dos que es algo que compartimos mucho. Es más, una vez íbamos a correr y se nos rompe el tráiler, yo iba manejando y le digo “bueno, bajamos el auto y lo llevamos andando”, mi hermano no sabía manejar, y le dije “bueno Seba, vas a tener que agarrar el auto de carreras y seguirme atrás, no vamos a dejar el auto tirado”. Y ahí fue la primera vez que manejó (risas).

A él nunca le llamó la atención manejar, siempre prefirió ser navegante, siempre fue todo con él. Tal es así, que cuando no está es como si me faltase la otra mitad. Ellos son los ojos nuestros, vamos ciegos a lo que dicen ellos, tienen la hoja de ruta y nosotros seguimos sus indicaciones. Si él se equivoca, o hay algo mal escrito entre los dos, fuiste. Y ahí viene los tumbos, las idas afuera, o le pegás a algo. Vos lo único que haces es guiarte y manejar, acelerar, doblar frenar, pero ellos te dicen “a la derecha” y vos vas a la derecha.

EM: ¿Con que tipo de organización debe contar un piloto de Rally?

AP: Nuestro equipo prepara todo la semana anterior: herramientas, el colectivo, repuestos, diagramar los horarios que te dan para hacer la hoja de ruta, la inscripción. En nuestro caso, nosotros tenemos una casilla rodante, no reservamos hotel ni nada. Todo lo que hay que controlar tenes que hacerlo una semana antes, las cubiertas que vas a llevar, las lonas, las carpas. Aparte tenés que encargarte vos de los buzos, los cascos.

EM: ¿En que considera que el Rally influyó a lo largo de su vida?

AP: Es un deporte que para mí es una pasión, influye en toda mi vida, mi vida es eso. Pasa todo por el Rally, más allá que uno tiene otras cosas como el fútbol y un asado, pero el ochenta por ciento de mi vida se basa en el Rally. Te acostumbras a vivir esto.

EM: ¿A qué se dedica actualmente?

AP: Mi trabajo diario es herrería de obra, metalúrgica.

EM: Relacionado a las competiciones ¿Cuáles son sus planes a futuro?

AP: Seguir corriendo todos los fines de semana que se pueda sería muy lindo. El año pasado fue muy complicado, es todo presupuesto. Nos gustaría tratar de participar este año completo en el campeonato cordobés.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: