• ESPECIAL
  • Milagros Dolores Alcántaro
  • periódico@elmilenio.info
  • Colaboración: Melania Sénneke, Agustina García y Elisa Sánchez (4to IMVA).

La región. En la actualidad, el plástico es uno de los elementos más cuestionados cuando se habla de contaminación. El hecho de que la gran mayoría de los productos fabricados con este material terminen en ríos, mares y océanos, los convierte en un peligro para la vida marina y la conservación del medio ambiente. Según datos del Banco Mundial, Argentina genera 2.705.318 toneladas de residuos plásticos por año, de los cuales solo el 5% se recicla.

En este contexto comienza a desarrollarse Biop S.A. (Bioplástico®), una empresa cordobesa única en el país que comercializa plástico biodegradable, un material que se comporta igual que el plástico tradicional, pero se fabrica a partir de productos biológicos renovables.

Diego Moyano, fundador y CEO de Biopsa, participó en el Forum Excelencia 2019: Innovación con impacto. Foto gentileza Excelencia Fundece.

Con oficinas en Córdoba, Buenos Aires, San Pablo (Brasil) y Santiago de Chile, Biopsa se encuentra asociada a una empresa de Holanda que le provee la tecnología y química de los materiales, mientras ellos se especializan en cómo adaptarlos a la industria argentina. En este momento, la intención de Biopsa es montar su propia planta en Córdoba para dejar de importar materiales de Europa y producirlos en el país.

De las cadenas de petróleo a las cadenas de azúcares

Los productos fabricados con bioplásticos se degradan en 180 días aproximadamente. Foto gentileza Brenda Austin.

Los plásticos están formados por cadenas largas de carbono que se pegan unas a otras. Al ser un material termodinámico, en presencia del calor, se vuelve flexible y se puede moldear para fabricar distintos productos. Aunque hoy en día el plástico es muy polémico, ha resuelto una gran cantidad de problemas: desde los insumos de hospitales hasta el packaging de los alimentos, que ayudan a prevenir muchas enfermedades. Sin embargo, la cantidad de soluciones que brinda este material es proporcional a los problemas que genera, especialmente para el ambiente, ya que los productos de plástico pueden tardar hasta mil años en descomponerse.

¿Por qué se presenta este problema con el plástico y no con la madera, por ejemplo? Sucede que la madera está compuesta por moléculas que microorganismos, como hongos y bacterias, pueden “comer”. Así, estos componentes se degradan en materia orgánica y otros elementos que se integran al ciclo de la naturaleza.

El problema con los plásticos es que, al estar hechos de petróleo, la naturaleza no sabe cómo “digerirlos”, entonces se acumulan en el ambiente por mucho tiempo, explicó Diego Moyano, fundador y presidente de Biopsa (y actual vecino de Mendiolaza). Ante esta observación, surgió la idea de reemplazar las cadenas de carbono derivadas del petróleo del plástico, por cadenas hechas con azúcar, celulosa o proteínas.

De esta manera, Biopsa comenzó a ofrecer plástico biodegradable como materia prima a fábricas que producen, por ejemplo, descartables o packaging (embalaje). “Queremos demostrarle a la gente que le podemos dar un material que en la industria funciona como plástico y en la naturaleza se comporta como un pedacito de madera”, expresó Moyano.

El producto es el mismo, pero a la hora de descomponerse, lo hace en un tiempo mucho menor. Tras utilizar un descartable de bioplástico, una persona puede ponerlo en la compostera y, aun si lo tirara a la basura, “siempre se terminará biodegradando”, aclaró el fundador de Biopsa.

Argentina genera 2.705.318 toneladas de residuos plásticos anuales, de los cuales solo el 5% se recicla, según datos del Banco Mundial.

Mismos hábitos, menos impacto

En noviembre de 2018, Mercado Libre incorporó 4 millones de bolsas de bioplástico para enviar sus productos. Foto gentileza Biopsa.

Otras de las ventajas que ofrece esta empresa cordobesa, es poner a disposición de los ciudadanos la oportunidad de disminuir su impacto ambiental en la vida diaria. El bioplástico no demanda un cambio en los hábitos de consumo de las personas y Moyano lo ilustró con un ejemplo sencillo: una familia celebra un cumpleaños y utiliza descartables de bioplástico. Su forma de festejar no cambia, la diferencia es que esos productos se van a descomponer en unos meses, y no en cientos de años. “Los bioplásticos ayudan a las personas a seguir con su vida, pero con un impacto mucho menor en el ambiente”, apuntó.

Además, desde Biopsa señalan que sus productos no sólo no son nocivos para el ambiente, sino que tampoco incluyen ingredientes que puedan perjudicar la salud de las personas (fltalatos, Bisfenol A, dioxinas, estirenos, clorovinilos, etc.), como sí ocurre con el plástico convencional.

Aun así, la fabricación de bioplástico está dentro de un circuito comercial que necesita camiones para transportar los productos, lo cual genera emisiones de dióxido de carbono. “No existe una industria de impacto cero, pero sí estamos trabajando todos los días para que nuestra huella de carbono vaya bajando”, explicó Moyano.

Asimismo, el empresario contó que, cuando se comenzó a desarrollar el plástico biodegradable, el almidón necesario se obtenía a partir del cultivo de maíz. Sin embargo, para algunas personas era incómodo que esos cultivos se usaran para producir bioplástico en lugar de alimento, según señaló el fundador de Biopsa.

Ante esa situación, comenzaron a utilizar el descarte de la fábrica de papas fritas McCain, que procesa miles de toneladas de papas por mes. Este residuo, actualmente, es la fuente del almidón que se utiliza para fabricar los bioplásticos. “Así solucionamos dos problemas: por un lado, dejamos de usar cultivo virgen y, por otro, le encontramos valor a grandes cantidades de residuos”, destacó Moyano.

“Queremos demostrarle a la gente que le podemos dar un material que en la industria funciona como plástico y en la naturaleza se comporta como un pedacito de madera”

Desafíos y obstáculos

Al hablar sobre el desarrollo del proyecto, el director ejecutivo de Biopsa señaló que “este tipo de empresas requieren mucho esfuerzo y durante un tiempo prolongado”, ya que se tiene que desarrollar la tecnología y formar las alianzas para que los desarrollos comiencen a utilizarse en distintas industrias.

Por eso, continuó, las propuestas de este tipo avanzan más rápido en países donde el Estado dedica apoyo y recursos a las empresas de innovación. Sin embargo, a nivel local, son muy pocos los proyectos de este tipo que sobreviven, lamentó Moyano. “En Argentina es complicado desarrollar una empresa así”, opinó.

Entre otros factores, explicó el empresario, hace falta armar un equipo que necesita trabajar por años hasta llegar a dominar la tecnología necesaria. Mientras tanto, se deben pagar sueldos antes de poder cobrar por el trabajo, ya que “en Argentina es absolutamente imposible sacar un préstamo para una empresa”. Por eso, Moyano contó que desde Biopsa han trabajado con aportes e inversiones de personas interesadas en el proyecto. Aun así, es una tarea difícil, “ya que el país tiene muchos altibajos, entonces hay muchas dudas sobre si las ideas van a funcionar”, sostuvo el director.  

Otra de las trabas a las que se ha enfrentado esta empresa se refiere al trabajo con los investigadores. “Los científicos argentinos son unos capos”, manifestó Moyano, “pero tienen muy pocos recursos para desarrollar esta tecnología”. Esa es una de las razones por las que actualmente Biopsa está trabajando con investigadores de Holanda, donde hay mayor apoyo estatal.

Moyano explicó que los procesos de innovación que intentan nuevas y mejores formas de llevar a cabo ciertos procesos son costosos; ya que requieren energía, tiempo e inversión, aparte de prueba y error, para llegar a su versión final. Por esta razón, el plástico biodegradable es más caro.

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En algunos países de Latinoamérica, como Chile, Uruguay y Perú, hay leyes que establecen que, para los productos descartables, solo se pueden usar bioplásticos. Sin embargo, esto no sucede en el país. En Argentina, ante la falta de legislación estatal y compromiso civil, ocurre que, al momento de elegir entre el plástico biodegradable y el plástico a base de petróleo, las personas terminan eligiendo la segunda opción, al ser más barata.

En este marco, proyectos como Biopsa necesitan aliarse con otras compañías para poder crecer. Por ejemplo, actualmente, Mercado Libre (empresa argentina de compra y venta por Internet) está comenzando a utilizar bolsas de bioplástico para envolver los productos que envían a domicilio. Para Moyano, esto se da gracias a que en algunas empresas hay tomadores de decisiones que se preocupan por el impacto ambiental.

“El tema de la legislación es clave”, afirmó, “es muy importante que el marco legal acompañe a las iniciativas que cuidan el medio ambiente. Nosotros necesitamos que haya reglas que sólo el Estado puede establecer”, enfatizó el fundador de Biopsa.

“Los bioplásticos no requieren un cambio de hábitos. Ayudan a las personas a seguir con su vida, pero con un impacto mucho menor en el ambiente”

¿Qué requisitos deben cumplir los bioplásticos?

Los bioplásticos se fabrican a partir de productos orgánicos (azúcar, celulosa, proteínas, etc.) que la naturaleza puede renovar y degradar. En Argentina, la norma IRAM-ISO 14.021:2000 (que toma como referencia a las normativas EN 13432 y EN 14995 de la Unión Europea) establece que, para ser considerado “compostable”, un material debe reunir las siguientes condiciones:

  • Brindar información transparente sobre todos sus componentes.
  • Cumplir con límites para metales pesados.
  • Al menos 90% del material orgánico debe transformarse en dióxido de carbono tras 180 días en condiciones de compostaje controlado.
  • Después de 90 días de compostaje, al menos un 90% del material original debe haberse reducido a fragmentos menores a dos milímetros.
  • El material no debe tener impacto negativo sobre el proceso de compostado.
  • El compost resultante no debe tener efecto negativo en el crecimiento de plantas.
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