De ser uno de los hospedajes más completos de Sierras Chicas en la época de auge turístico, pasó a funcionar como casino durante 28 años. Hoy este edificio emblemático de Río Ceballos se ha transformado en un complejo deportivo.

  • Por Mabel Tula
  • Colaboración: Máximo Migliori (4to IENM) y Lucía Argüello.

Según data en los textos históricos de la ciudad, en 1915, la pensión de Próspera Moyano funcionaba donde posteriormente se levantó el hotel Los Sauces. Construido por José Schiaffino (fundador y primer presidente de la Sociedad de Fomento y Turismo de Río Ceballos) en la década de 1930, se distinguía por su gran pileta, rodeada de pequeñas esculturas, y por su característico salón de fiestas al aire libre.

En los tiempos de oro de “la Perla de Sierras Chicas”, fue uno de los hoteles más importantes de la región. Era costumbre que, en la temporada de vacaciones, los lugareños pasaran por el lugar para ver qué nuevo artista o personalidad había llegado al pueblo.

Hoy para muchos es el casino viejo, pero en su momento tuvo más de 50 habitaciones e incluso, todavía conserva algunas paredes de adobe. Contaba con un gran salón de juegos y entretenimientos y semanalmente se realizaban campeonatos de tenis, natación, billar, ajedrez y bochas entre los visitantes del hotel.

Al frente tenía un amplio patio con mesas que funcionaba como pista de baile en las tardes y noches de verano. Gracias a que ofrecía postales con fotografías del establecimiento para enviar como recuerdo, estas imágenes sirven hoy como registro indiscutido de su exitosa propuesta.

A fines de los 70, comenzó la época de caída de la demanda turística en la zona. La mayoría de los hoteles se transformaron en ofertas de veraneo sindicales y, finalmente, en residencias para adultos mayores. El hotel Los Sauces se convirtió en “El casino” de Río Ceballos el 21 de junio de 1991 (luego conocido como “viejo casino” cuando se inauguró el del Howard Johnson), durante la intendencia de Alonso, y funcionó como tal hasta abril de 2019.

El hotel Los Sauces fue construido en la década de 1930 por José «Pepe» Schiaffino. Llegó a tener 50 habitaciones y se destacaba por su pista de baile al aire libre y su gran pileta. Fue uno de los más importantes de la zona y recibió a numerosas personalidades de la época.

Jorge Jara, su niñez y adolescencia frente al hotel Los Sauces


Los cuatro hermanos Jara (Luis, Jorge, Osvaldo y Juan) pasaron toda su niñez y adolescencia (desde principios de los años 50 hasta los 70) en una casona frente al Hotel Los Sauces, en Avenida San Martín al 5015, donde hoy funciona una guardería.

Charlando con El Milenio, Jorge Jara, reconocido arquitecto de la zona, rememoró anécdotas de su infancia que tuvieron lugar en el emblemático sitio de Río Ceballos.

El Milenio: ¿Cuánto tiempo vivió su familia frente al hotel?

Jorge Jara: Mis padres alquilaron esa casa (que pertenecía a un señor de apellido Periales) durante, por lo menos, 20 años. Ambos (Celestino y Genoveva) eran peluqueros y cada uno tenía su propio salón, en la misma propiedad: mi papá para caballeros y mi mamá, para damas. El propietario del hotel, el señor Schiaffino, era cliente de mi padre.

El Hotel Los Sauces, ya sea por su ubicación, su estilo o sus servicios, siempre estaba lleno en temporada de vacaciones (de diciembre a marzo). Apenas terminaban las clases, ya comenzaba a llegar gente, la mayoría de Santa Fe (especialmente de Rosario) y Buenos Aires. Eran familias que se hospedaban al menos un mes y muchas regresaban al año siguiente.



EM: ¿Sabe por qué se llamaba “Los Sauces”?

JJ: Porque tenía unos sauces espectaculares al costado del arroyo “Mal paso”. Había unos 30 árboles antiquísimos, hermosos, pero la gente que después puso el casino, los taló a todos de un día para el otro, en una semana los liquidaron. Era el área donde luego funcionó el estacionamiento. Quedaron sólo las palmeras del frente, que cada otoño se llenaban de golondrinas.

EM: ¿Tiene recuerdos de su infancia relacionados con el hotel?

JJ: Sí, ¡sobre todo en la pileta! Llegaba el calor y todos los días me cruzaba al frente con mis hermanos, toallita en mano y malla puesta. Ahí pasábamos los veranos enteros, a veces incluso íbamos con mis primos, cuando venían a pasar unos días a casa.

Esa pileta era bellísima. Para la época debe haber sido una de las mejores. Del lado de la calle tenía un pez enorme, con forma de dragón, por el que salía un chorro de agua. Al frente, para el río, había dos filtros de agua inmensos. El año pasado, cuando taparon la pileta, desapareció todo, incluida la gárgola. En esa piscina aprendimos a nadar. Siempre había un cuidador, bañero o profesor de gimnasia que nos enseñaba. Para nosotros era muy lindo.

EM: ¿Podían ingresar sin problemas?

JJ: Mis hermanos y yo entrábamos gratis, no sé si porque éramos vecinos, pero nos movíamos con total naturalidad por todo el predio. También nos hicimos amigos de algunos chicos turistas, porque venían varios años seguidos.

Después, en la época del Festirama (famoso festival que se llevó a cabo desde 1967 hasta 1973), muchos de los artistas que venían a tocar se alojaban ahí. Era común verlos en la pileta o sentados en esas galerías con arcadas. Más de uno se cruzó a la peluquería de mi mamá a cortarse el pelo o peinarse, como Ámbar La Fox, Violeta Rivas y Estela Raval. También se hospedaron los chicos del programa “Música en libertad”, que eran famosos en esa época. Bailaban y cantaban y nosotros los veíamos ensayar, salir, entrar e ir de acá para allá.

También se realizaron allí muchas fiestas de egresados del secundario Mariano Moreno y del Espíritu Santo. Alquilaban el salón, la pista de baile al aire libre, junto a la pileta, todo muy tranquilo. Los Sauces fue un hotel con mucho prestigio.

EM: Como arquitecto, ¿pudo ver las modificaciones que sufrió el edificio?

JJ: Cuando comenzó a funcionar el casino en los años 90, prácticamente lo desfiguraron. Primero talaron los míticos sauces de la parte de atrás y después modificaron la fachada colonial típica de los años 40. Le pusieron un revestimiento de ladrillo visto, taparon las arcadas, colocaron membrana sobre las tejas y los conductos de aire acondicionado por fuera. La pileta funcionó más o menos hasta el año 1998, recuerdo haber llevado en alguna oportunidad a mis hijos.

«Tengo recuerdos hermosos del hotel. Llegaba el calor y todos los días me cruzaba con mis hermanos, toallita en mano y malla puesta. Ahí aprendimos a nadar, nos pasábamos los veranos enteros en esa pileta». Jorge Jara, arquitecto y vecino de Río Ceballos.

David Nalbandian y su Arena Pádel


El año pasado, el ex tenista mundial y corredor de rally David Nalbandian sumó una nueva pasión a su vida: la práctica profesional de pádel. Posiblemente, ese es el motivo por el cual decidió transformar la pileta del ex hotel Los Sauces (inmueble que adquirió en 2010) en un complejo techado con tres canchas de pasto sintético azul y paredes de vidrio; más vestuarios, quincho y bar abierto al público en general.

En conversación con El Milenio, el famoso deportista habló sobre el presente y futuro del espacio. “Yo compré la propiedad donde funcionaba el casino hace nueve años. Este último cerró porque se terminó su contrato en abril y decidimos no renovarlo”, adelantó.

“Ahora he tomado la decisión de hacer un emprendimiento en el lugar, un club de pádel que se instaló donde estaba la pileta, por lo que no se mantuvo nada de lo que había en esa zona”, explicó Nalbandian y aclaró que la pileta no funcionó durante los últimos años “porque la tenía alquilada el casino y nunca la había explotado”.

La obra, a cargo de la arquitecta María Eugenia Bosh, ya se encuentra en su etapa final. Con respecto al edificio central del ex hotel, su futuro permanece incierto, ya que gran parte está deteriorado por la antigüedad y la inundación de 2015.

Por ahora, el que supo ser uno de los hoteles más emblemáticos de Río Ceballos y testigo clave de sus años dorados, se encuentra inhabilitado y sólo se usa como depósito, mientras espera su destino entre vestigios del pasado y recuerdos nostálgicos de quienes formaron parte de su historia.