Las diversas corrientes migratorias que llegaron a la Argentina desde los años 1880 hasta la actualidad han contribuido a la riqueza y variedad de las comidas típicas que se encuentran a lo largo y ancho del país.

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La comida define a los argentinos. La comida es un referente de cada país, de la sociedad que conforma cada Nación, de la vida cotidiana de las personas, de la economía personal, de la geografía, de lo que produce cada región, entre varias cosas más.

Sierras Chicas recibió a lo largo de su historia grandes corrientes inmigratorias que arribaron a la Argentina provenientes de diversos países del mundo, los que contribuyeron directa o indirectamente a la riqueza y variedad de la comida típica que se encuentra en la mesa de los argentinos y los habitantes del cordón serrano.

Muchas de los platos que hoy existen – y persisten- en las mesas de cada casa o restaurante de los “argentos”, es nada más y nada menos que por la contribución inmigratoria.

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Perfeccionando el asado. Siempre se dijo que el asado es el mayor representante nacional en el mundo, y esto no es nada desacertado, pero en realidad los argentinos no hicieron más que perfeccionarlo. Al menos esto considera The Huffington Post:”El asado argentino hace avergonzar a cualquier otro tipo de barbacoa (…) Los argentinos comen cerca de 150 libras de carne (más de 68 kg) por persona, por año. Y realmente no podemos culparlos porque su ganado es sin dudas el mejor del mundo”.

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La anterior, data de tiempos de conquista, cuando comienzan a arribar las primeras vacas al Río de la Plata, las cuales fueron introducidas por los españoles, quienes ya tenían su barbacoa o asado – dicen los historiadores, con más hueso que carne -, pero las tierras del país le dieron su toque y eso llevó a la perfección de la carne que hoy es reconocida mundialmente.

Ya en 2016, los argentinos y habitantes de Sierras Chicas continúan comiendo carne, pero ahora por excelencia, aunque en la actualidad los animales son más grandes y no se alimentan exclusivamente de pasturas, sino que algunos son engordados con el sistema de feedlot.

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Los europeos invadieron el menú. Ya en 1910, la comida y el menú de los argentinos tenían nuevos ingredientes y sabores, es que la influencia de la inmigración ya era muy fuerte. Los italianos en particular trajeron, junto con sus valijas y sueños, recetas de pizzas, embutidos y pastas.

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Pero también llegó el minestrón genovés -preparado con hortalizas, porotos, pesto y abundante queso-, los ricos ravioles del domingo, la ya nacional salsa con estofado, las inigualables albóndigas de carne de la abuela, y la pastafrola, compañera única del mate. En este sentido, Sicilianos, calabreses, venecianos, romanos, piamonteses y napolitanos aportaron una infinidad de sabores a la mesa argentina.

Por su lado, los españoles, descendientes de los conquistadores, sumaron más recetas y comidas, como la tortilla de papas, el cochinillo a la segoviana, la carbonada, lentejas con panceta, chorizos colorados, morcillas, los callos a la vizcaína. Muchos de estos, tan populares, que nadie se imagina su procedencia extranjera.

Finalmente, no solo hay que mencionar los españoles e italianos, por lo que es necesario destacar la presencia de inmigrantes franceses, polacos, rusos, turcos, alemanes, austríacos, húngaros, británicos, irlandeses, galeses, portugueses, yugoslavos, suizos, daneses, norteamericanos y holandeses en el país y la región. También fueron muy importantes los inmigrantes judíos que trajeron, principalmente a Buenos Aires, su credo, sus comidas y su cultura en general.

Todas estas culturas se acoplaron, se fusionaron, se integraron y hoy forman indiscutiblemente parte de la sociedad argentina.

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De más acá. La inmigración europea no fue la única que hizo pie en las Sierras Chicas, por lo que no solo se encuentran a lo largo y ancho del cordón serrano opciones gastronómicas que ofrecen en sus menús típicos platos italianos y españoles. En la actualidad, cada vez son más frecuentes los restaurantes dedicados, principalmente a ofrecer comidas de procedencia latinoamericana, pero claro está con el toque multicultural que caracteriza a los argentinos.

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La inigualable sopa de maní boliviana.

Es así, como a la hora de leer la carta ya son opciones recurrentes las de origen mediterráneo, napolitano, parisino, griego, romano, mexicanos. Ya sean en platos principales o simplemente en guarniciones o ensaladas.

La lista de opciones no es nada corta, por lo que se pueden encontrar fajitas, nachos y tacos de México, arepas de Colombia, feijoada de Brasil, ceviche de Perú, entro otros. Punto y aparte, es la oferta de tragos provenientes de los países limítrofes como mojitos, caipiriña, tequila, entre otros.

Aunque lo que más llama la atención es la adopción de estas en los hogares, algo que no se debe a la incidencia de los inmigrantes, pero sí al proceso de globalización.

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La comida chatarra protagoniza. México, Chile y Argentina son, entre trece países latinoamericanos, los que más consumen comida ultra procesada por persona, según un estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) dado a conocer esta semana.

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Por esto mismo, ya es un hábito en la región dedicar un tiempo del día a comer un combo de hamburguesa de casas de comidas rápidas, principalmente de origen estadounidense. En este sentido, tomarse un milkshake o batido frutal, comerse un cheesecake, un hot dog, donas, papas fritas, sándwiches, es algo común entre los argentinos.

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