El experimentado actor forma parte del elenco de “Yo, traidor”, el filme de Fernández Engler que por estos días se rueda en Saldán. Como directivo de Sagai, el gremio de los actores, tiene una mirada abarcadora sobre la actividad audiovisual como arte e industria y generadora de actividades que implican muchos puestos de trabajo.

Osvaldo Santoro en Saldán: “El cine es un imán para el turismo” 4
Osvaldo Santoro recrea uno de los personajes de «Yo, traidor» en locaciones de la ciudad de Saldán

  • Por Redacción El Milenio.
  • A TRAVÉS DE PRENSA CÓRDOBA.

Con una vida dedicada a la actuación, Osvaldo Santoro alterna por estos días una intensa labor en Córdoba, donde integra el elenco de ‘Yo, traidor’, la película de Rodrigo Fernández Engler, con su responsabilidad gremial como secretario de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (SAGAI), una entidad que tiene jóvenes 13 años y es la única en el país autorizada para gestionar y administrar colectivamente los derechos intelectuales de actores y bailarines.

Santoro hace un alto en el rodaje y repasa los últimos acontecimientos, seguro de que tendrán un fuerte impacto en la actividad cinematográfica. En el parque de la casona de Saldán donde transcurre parte de la historia, manifiesta su alegría por este nuevo trabajo, pero advierte que está preocupado porque el actual es un momento muy duro.

“El cine no escapa de lo que es la crisis en general -enfatiza- y parte de la dificultad reside en que todavía no se le ha dado la importancia que tiene la cultura”. Se lamenta Santoro de que “dejan de lado la cultura porque no da rédito inmediato”.

Según él, sólo a una gran miopía puede atribuirse que desdeñe una herramienta que ofrece posibilidades infinitas. “Yo pienso que es al revés: la cultura puede dar un rédito si se la sabe explotar desde le talento y desde los recursos… sobre todo desde los recursos”.

Y agrega que en cualquier país del mundo se fomenta la audiovisual porque el cine vende paisajes, pasajes, estadías, vinos, comidas y fomenta el turismo, una actividad que compite con la industria, la agricultura y la minería. Y menciona ejemplos a montones.

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El film de Fernández Engler obtuvo uno de los premios del Plan provincial de Fomento para Contenidos Audiovisuales

Respecto a su labor actoral y a esta posibilidad de salir del tradicional circuito porteño, Osvaldo exhibe su absoluta satisfacción con el equipo de ‘Yo, traidor’“Estoy trabajando últimamente en el interior. Vengo de hacer una película en Saladillo con el mismo grupo de producción; había trabajado en el Sur, como lo voy a hacer ahora con la película ‘El Faro de las Orcas’, con (Joaquín) Furriel y Maribel Verdú”.

“Me gusta el interior; como secretario de SAGAI, la sociedad de propiedad intelectual de los actores, estamos intentando de cualquier manera que se fomente la actividad audiovisual y que vaya a las provincias porque después, los paisajes que tenemos pueden servir para desarrollar el turismo. Creo que nadie se dio cuenta de esto y me parece que es importantísimo”, reflexiona Santoro.

Recordemos que en Córdoba, la actividad audiovisual es considerada una industria. Cuenta con más de 30 pymes productoras que generan nuevos emprendimientos productivos de manera continua, con servicios de producción, montaje, sonido, color, animación, alguna de ellas con tecnología y calidad broadcasting internacional.

De esta forma la provincia se convierte en un Polo Audiovisual y en el segundo centro de producción nacional que despierta interés en todo el mundo.


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Luz, cámara…

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Junto a Mariano Martínez en pleno rodaje.

Como hombre que ha transitado la comedia y el drama y con una dilatada carrera en cine, teatro y televisión, Santoro es capaz de mostrar en un minuto de interpretación todo su oficio. En el interior de la casa donde se filma un pasaje de ‘Yo, traidor’, unas 15 personas despliegan cámaras, filtros y luces, hasta que exigen silencio para comenzar a rodar.

Como si todos los demás hubieran desaparecido y sólo existieran en el mundo su personaje y el de Mariano Martínez, protagonista del filme, Santoro se acomoda frente a una repisa donde hay una fila de libros y una fotografía y con un tono apenas audible y la voz quebrada le explica a su interlocutor algo que sucedió hace 32 años. Cuando termina tiene los ojos humedecidos y un instante después reaparecen todos los que presenciaron la escena, para aplaudir.

“La película es entrañable, con un guion muy sólido. Cuando me lo propusieron me pareció que hablaba de un tema central de los humanos que tiene que ver con una parábola de la Biblia que es la del hijo pródigo. La historia de alguien que se olvida de sus propios sentimientos, de su familia, pero que finalmente retorna. Por supuesto que en el ámbito de hoy, y eso hace que la obra tenga mucha vigencia”.

Entusiasta a la hora de pensar en lo que puede generar ‘Yo, traidor’, dice Santoro que le llamó la atención la posibilidad que los personajes puedan desarrollarse en su plenitud. “Creo que cada uno de ellos, tanto el que interpreta Mariano Martínez o el de Arturo Puig, como los otros actores y actrices, pueden satisfacer un rol que es muy atractivo para actuar”, finaliza.

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