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Ver la necesidad del otro

Rosana Parrella es una vecina de Mendiolaza que forma parte de una agrupación destinada a viajar y ayudar a comunidades que se encuentran en situación de vulnerabilidad social.

Rosana Parrella es una vecina de Mendiolaza que forma parte de una agrupación destinada a viajar y ayudar a comunidades que se encuentran en situación de vulnerabilidad social. La colectividad recibe voluntarios de toda América Latina comprometidos con la acción comunitaria que los identifica.

Rosana Parrella es vecina de Mendiolaza e integrante de una colectividad que brinda ayuda a comunidades vulnerables.

El territorio argentino y latinoamericano está cubierto de pequeñas comunidades que llevan adelante un estilo de vida alternativo a partir de sus raíces socioculturales, la escasez de recursos y el alejamiento de las grandes ciudades. Ante este panorama, muchas veces atravesado por necesidades de todo tipo, numerosos grupos y organizaciones se comprometen a brindarles ayuda y apoyo.

Rosana Parrella, vecina de Mendiolaza, es voluntaria en una agrupación religiosa que lleva a cabo tareas comunitarias en el norte argentino y en otros países de la región. Su accionar se basa principalmente en la recolección de donaciones y en la prestación de diferentes servicios o atenciones para darles una mejor calidad de vida a los habitantes de aquellas comunas.

Con una formación profesional en la rama del derecho, Parrella decidió orientar su vocación hacia el trabajo social con el fin de poder auxiliar, junto a sus pares, a otras personas. “Viajamos en familia y con grupos de estudiantes universitarios a distintas provincias del país haciendo trabajo social y misionero. Es decir, vamos con una misión y un propósito, que es ayudar a la gente”, explicó.

Comenzó a realizar este tipo de actividades durante su etapa en la universidad en el año 1993. El contacto con fotografías que reflejaban las necesidades de aquellos pueblos y las anécdotas que le llegaban sobre su situación, fueron la motivación para emprender su primer viaje hacia esa realidad. El reconocimiento de las carencias que eran moneda corriente en esas zonas le generó cierta concientización respecto a lo que ella tenía y lo que podía dar.

Su primera misión fue en la región del río Amazonas, donde trabajó en poblados que se encontraban en una clara falta de condiciones sanitarias y atención médica adecuada. Por esta razón, el grupo estaba constituido por odontólogos, médicos y enfermeras, más todo un equipo de apoyo logístico encargado de los recursos y las donaciones.

A partir de entonces, Parrella ha participado periódicamente de estas incursiones en diferentes regiones del país a lo largo de 25 años. En estos momentos, su principal destino es el norte, visitando las provincias de Chaco, Formosa y los Valles Calchaquíes (noroeste argentino) durante la época invernal.


“Es una experiencia de vida preciosa que enriquece muchísimo, porque uno sale de su zona de comodidad y ve otra realidad que, muchas veces, está tapada. Más allá de lo material, todos tenemos para dar y hay mucha necesidad en el mundo” – Rosana Parrella.


Grupos de estudiantes universitarios y jóvenes profesionales viajan casi todos los años a estos sitios para llevar a cabo diversas actividades en beneficio de los poblados, desde pintar una escuela, hasta construir un pozo de agua que abastezca a la población.

La colectividad

La asociación encargada de estas actividades y de la cual forma parte Parrella (llamada Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo Argentina) tiene presencia en más de 190 países y cuenta con más de 25 mil coordinadores y 550 mil voluntarios. En América Latina y el Caribe (subcontinentes con más de 500 millones de habitantes) la organización se encuentra establecida en 26 países y posee dependencias en las principales ciudades del territorio.

En Argentina particularmente, está consolidada en 14 ciudades con más de 120 coordinadores y voluntarios. Su meta está relacionada con la implementación de diversas estrategias de carácter social, haciendo énfasis en movimientos de carácter estudiantil y en la implementación de herramientas digitales.

A pesar de su origen religioso, Parrella explicó que se trata de una colectividad orientada fundamentalmente hacia una perspectiva social, ya que, aunque surja a partir de una cuestión espiritual, posee una vocación de servicio que apunta hacia lo comunitario en general.

La misión: ayudar

Odontólogos voluntarios prestan sus servicios a habitantes de poblaciones carenciadas del norte argentino.

Los viajes se realizan en diferentes fechas y a diversos lugares que son definidos por la misma organización. Cualquier persona puede participar de estas travesías, aunque la asociación trabaja usualmente con estudiantes y profesionales de varias universidades, desde la Universidad de Buenos Aires hasta alumnos de la Universidad Católica de Córdoba y la Universidad Nacional de Córdoba. El año pasado participaron más de 20 estudiantes cordobeses en estas expediciones (los interesados pueden sumarse contactándose con la agrupación a través de las redes sociales).

Aun así, vale aclarar que cada persona es responsable de financiar su propio trayecto hacia el destino propuesto por la asociación. Ésta solo se encarga de planificar la coordinación y duración del viaje, que se extiende aproximadamente dos semanas. En dicho proceso, también se llevan a cabo las donaciones necesarias que incluyen ropa, alimentos, útiles y algún otro aporte específico que es destinado al lugar en cuestión.

En su charla con El Milenio, Parrella recomendó a la gente involucrarse en estas prácticas, ya que de esta forma “uno puede ver la necesidad del otro”.  Además, resaltó: “Lo lindo de esto es ver los cambios y la sonrisa de las personas, ya que después se continúa manteniendo el contacto y la comunicación con ellos”.

“Está bueno que estas inquietudes sean de interés para los chicos y jóvenes. Es una experiencia de vida preciosa que enriquece muchísimo porque uno sale de su zona de comodidad y ve otra realidad que, muchas veces, está tapada. A través de esto, el amor que uno recibe, lo puede compartir. Más allá de lo material, todos tenemos para dar y hay mucha necesidad en el mundo”, concluyó.