fbpx
Anuncios

El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Del otro lado de la red


A casi 20 años de su retiro, la ex tenista Inés Gorrochategui continúa vinculada al deporte de la mano de la enseñanza. Mediante su academia, la ex top 20 del ranking mundial busca marcar un camino que no sólo contenga el aspecto competitivo, sino la posibilidad de entender al deporte como herramienta fundamental para el crecimiento de las personas.

“Dejar de jugar definitivamente no fue una decisión difícil para mí, ni me costó asimilar la situación”, subraya Gorrochategui. (Foto: Martín Báez/ Mundo D)

De impronta luchadora y ultra profesional, Inés Gorrochategui comenzó a jugar al tenis a los siete años de edad en el club Jockey, en parte siguiendo los pasos de su tío. Sin embargo, el primer amor deportivo de la tenista no fue la raqueta sino la pelota, y en ese sentido explica: “A mí, en mi infancia, me gustaba mucho jugar al fútbol, pero en ese momento no era muy bien vista la idea de una niña jugando a la pelota. Me llevaron a jugar al tenis y por suerte me gustó inmediatamente, me enganché rápido con el deporte”.

Paso a paso el entorno de la ex jugadora y sus entrenadores, fueron avizorando que las habilidades de Inés eran capaces de abrirle camino en el ámbito competitivo. Así fue como Gorrochategui se fue involucrando, “de a poco”, entre los diez y los doce años en sus primeros enfrentamientos en torneos.

Los buenos resultados y la regularidad de su andar la depositaron rápidamente ante la posibilidad de competir en torneos nacionales y a los doce años se consagró, por primera vez, campeona de un torneo sudamericano representando a Argentina. Ya por ese entonces, la joven cordobesa era catalogada como uno de las mejores promesas de un tenis nacional femenino emergente.

La confianza que le generó abrirse paso entre las mejores raquetas juveniles del continente potenció las perspectivas de Inés de convertirse, a futuro, en una tenista profesional. A pesar de ello, Gorrochategui aclara que la decisión final de apuntar al circuito internacional la tomó a los catorce años, cuando participó de una gira que duraría tres meses en Europa, chocando ante un nuevo nivel, en otra escala de torneos. Una vez que volvió de ese viaje la decisión fue dejar la escuela, comenzar a rendir libre y apuntar todos los cañones a un entrenamiento que pudiera elevarla a un nuevo status tenístico.


“Lo que más nos preocupa es que existen torneos en los que ni siquiera hay chicas y, desde nuestra óptica, el cambio quizás pase por reorganizar las competencias, hacer un censo para saber dónde están entrenando las mujeres, cuáles son los clubes con más jugadoras”, explica la ex tenista.


El tiempo le daría el premio que buscaba, consolidándose en una disciplina sumamente esquiva para las mujeres en Argentina. Inés Gorrochategui compitió de igual a igual ante las mejores del planeta e incluso logró colocarse dentro del Top 20 del ranking WTA. Su camaleónico y técnico modo de juego, le abrió las puertas al menos de la tercera ronda en todos los Grand Slams, llegando a clasificar a los cuartos de final de Roland Garrós, instancia en la que caería ante la legendaria Steffi Graf.

El Milenio: ¿A qué jugadora buscabas imitar cuando apostabas a entrar al circuito?

Inés Gorrochategui: En ese momento, las referencias que tenía eran jugadoras a las que seguía mucho como Martina Navratilova. Pero también, obviamente, estaba la presencia de Gabriela Sabatini, quien es tres años más grande que yo, y ya cuando yo estaba por ingresar al tenis grande ella había explotado como una de las jugadoras más relevantes del circuito. Gabriela fue sumamente importante para nuestra generación. En los noventa ella fue un impulso tremendo para todo el tenis argentino. Si me tengo que quedar con una preferida esa es Martina Navratilova, por su estilo de juego, una tenista muy habilidosa y extremadamente contundente en ataque.

Archivo

EM: ¿Cuáles fueron las dificultades más grandes que te tocó afrontar a la hora de despegar en tu carrera?

IG: Por definición, en el tenis, muchas veces las dificultades pasan por lo económico. El esfuerzo que tuvo que hacer mi familia para que yo viaje fue inmenso. Tenía un entrenador que estaba conmigo casi a tiempo completo, entonces los costos eran grandes, pero ultra necesarios para avanzar y estar preparada para ese nivel. Eso fue lo más complejo, acá no había nada, ni un solo torneo que sumara puntos para el ranking mundial, por lo cual era esencial hacer buenas giras. Sí recuerdo que en ese momento las giras eran mucho más extensas que las actuales. Nos pasábamos bastante más tiempo en Europa, desde marzo hasta mediados de julio duraba una de las vueltas.

EM: ¿Qué superficie se adaptaba mejor a tu juego?

IG: Históricamente la superficie madre para el tenis nuestro era el polvo de ladrillo. Ahí me formé, pero con el correr del tiempo me empezó a gustar muchísimo el césped, me divertía un montón jugar ahí. Lo que sucede es que son sólo tres semanas de pasto al año, las que propone el circuito. Al final de mi carrera, por un tema de lesiones, me costaba menos jugar en cancha rápida. Normalmente se piensa que es al revés y que es menos nocivo jugar en polvo de ladrillo para las articulaciones. No obstante, a mí se me complicaba mucho el tema de patinar para llegar a la pelota, entonces en mis últimos tiempos, como profesional, prefería el cemento. En cuestiones referidas a mi estilo de juego, creo que mi forma era bastante adaptable a todas las superficies.

Archivo

EM: Mirando hacia atrás ¿qué defectos podrías señalar en lo que era tu tenis?

IG: En cuanto a mis defectos, ya con el diario del lunes y habiendo pasado un tiempo luego de mi retiro, pienso que mentalmente podría haber tenido una mejor preparación y eso es importantísimo en tenis. No era muy común la preparación psicológica en esos tiempos. Pero creo que con mejores estímulos hubiera logrado un aprendizaje y un entrenamiento más óptimo, que me permitiera explotar de otra manera mis condiciones.

EM: ¿Te animás a hablar de tus virtudes?

IG: Las virtudes pasaban más por cierta facilidad que tenía para ejecutar los distintos golpes. Eso me dio también un juego muy adaptable. Mi peor golpe, claramente, era el drive y el mejor el revés. Es como todo en la vida, hay que saber esconder o camuflar los defectos y potenciar las virtudes. En definitiva, lo que tratamos de hacer también con los alumnos en la academia.

Foto: Ramiro Pereyra / Mundo D

EM: ¿Pudiste darte un espacio para disfrutar de los distintos lugares a los que te tocaba viajar a través del tenis?

IG: Mientras viajaba, en un comienzo, estaba casi al cien por ciento involucrada en el tenis únicamente, yendo a entrenar, descansando y así tenés pocas oportunidades de recorrer el entorno. Ya a partir de los 22 años me empecé a interesar mucho por conocer acerca de la cultura de los diferentes países donde me tocaba jugar, yendo a museos, analizando mucho más. Pienso que más que nada tiene que ver con la madurez, con darse cuenta de que la vida pasa por otros lugares, por conocer constantemente. Siempre pienso que hoy, con los años que tengo, viviría el circuito de otra manera, pero esa es una experiencia que solamente te la dan las vivencias y el trayecto recorrido.

EM: Te retiraste a los 26 años, ¿pudiste pasar de página con naturalidad en esa etapa?

IG: Dejar de jugar definitivamente no fue una decisión difícil para mí, ni me costó asimilar la situación. Fue un proceso que fue decantando solo y tuvo que ver con las lesiones que tenía y lo mucho que me costaba recuperarme de las mismas. El último torneo que jugué fue el US Open y ya me costaba mucho soportar el dolor y ser competitiva.

En ese momento decidí ir a Austria, a probar un tratamiento y recuperarme. Volví a resentirme cuando llegué a Córdoba para entrenar. Volví a Austria y cuando ya me estaba preparando para el siguiente año y volver a jugar en el Abierto de Australia, de nuevo aparecieron las mismas molestias y la decisión fue sumamente fácil, curiosamente. Más que nada porque tenía la tranquilidad de haber hecho todo lo que podía para recuperarme lo mejor posible y no había funcionado. Fue momento de darle cabida a otras cosas en mi vida. En esa época tenía 26 años, para lo longevos que son los tenistas ahora parece demasiado joven, pero lo tomé con mucha naturalidad.

EM: ¿Por qué hoy el tenis femenino encuentra jugadoras top tan inconsistentes, con la excepción de Serena Willams? ¿Qué diferencia hay con tu generación, cuando las mejores reinaban por años en los primeros cinco puestos?

IG: A mí me cuesta bastante esto de comparar épocas y analizarlas en contraposición. Me parece que el mundo ha cambiado mucho y eso se refleja en las distintas actividades deportivas. Es cierto que en esta última época se han visto muchos cambios en los primeros puestos, es como que duran menos tiempo al tope de su nivel o intercalan entre buenos y malos rendimientos muy rápido. Me parece que tienen las exigencias de hacer muchas cosas al mismo tiempo. María Sharapova, por ejemplo, jugaba al tenis y en simultáneo lideraba una empresa enorme, fundaciones, etcétera.

Archivo

Todo esto de la conectividad y del avance de la tecnología hace que la cabeza de las jugadoras se ‘queme’ más rápido, por decirlo de alguna manera. En mi época parecía que los jugadores podían estar más enfocados en su trabajo deportivo, hoy supongo que hay otras cosas en juego y eso afecta al rendimiento de casi todas, con la increíble excepción de Serena Willams, que hace veinte años que no para de ganar y está a la altura de los monstruos contemporáneos del tenis masculino.

EM: ¿Hay competencias nacionales con suficiente nivel como para potenciar a los jugadores y prepararlos para el tenis de elite mundial?

IG: En cuanto a competencia interna en Argentina, se puede decir que con la nueva conducción de la Asociación Argentina de Tenis con Agustín Calleri se está volviendo a generar torneos de menores, al menos del modo en el que se hacía en los años noventa. Habrá que ver si funciona, están tratando de potenciar a más jugadores. Para los padres venía siendo cada vez más costoso poder bancar el calendario de competencia de los chicos, porque estaba muy diseminado por toda la Argentina y ahora se intenta regionalizar los torneos, lo cual puede llegar a ser positivo para muchos jóvenes.

Para los varones, básicamente se están generando un montón de torneos profesionales. Para las chicas va a ser un poco más complejo. Pero creo que las falencias que afronta el tenis femenino no pasan tanto por la falta de competencia en Argentina. A mí y a mi socio en la academia de tenis, Marcelo Pacheco, lo que más nos preocupa es que existen torneos en los que ni siquiera hay chicas y desde nuestra óptica, el cambio quizás pase por reorganizar las competencias, hacer un censo para saber dónde están entrenando las mujeres, y cuáles son los clubes con más jugadoras. Sería importante hacerlas jugar por equipos, para que no estén tan solas, pero todo esto indudablemente necesita un apoyo económico, alguien que programe y brinde una visión clara de cómo llegar a esos objetivos. Las jugadoras sí o sí requieren apoyo económico, porque tienen que competir al menos desde los catorce años contra las mejores del mundo. Necesitan salir afuera a disputar partidos.

“Desde la academia intentamos reforzar la idea de que los puntos o el ranking no son la única vara con la que medirse, y que, intentar mejorar siempre vale la pena”, comenta Gorrochategui. Archivo

EM: ¿Cuál es el objetivo que sustenta a la academia de tenis que formaste?

IG: El objetivo de nuestra academia está muy vinculado a la formación de jóvenes jugadores que no tiene que ver solamente con la competición. Ahora vamos a retomar la ‘escuelita’de tenis con profes que salieron de nuestra academia. Fundamentalmente queremos transmitirles a los chicos que el deporte es sano, que es una herramienta para sus vidas, para crecer, cuidar el cuerpo y compartir con otros.

Dar cuenta de que la competencia es dura y que hay que esforzarse, pero que también se pueden generar momentos para compartir con el otro. Intentamos reforzar la idea de que los puntos o el ranking no son la única vara con la que medirse, y que intentar mejorar siempre vale la pena. Hay chicos que le dedican mucho tiempo y ganas al tenis y el deporte no siempre te devuelve eso con resultados. Por eso es importante saber que el tenis les devuelve todo esto en la vida, convirtiéndose en grandes estudiantes, personas con valores y capaces de entender el porqué de los sacrificios que hacemos diariamente. Tratamos de predicar con el ejemplo, del mismo modo con el que educo a mis hijos trato de reflejar en los chicos que entrenamos. Sentimos un gran orgullo en ese mensaje, porque creemos en ello y porque es el pilar de la filosofía de la academia.

Anuncios

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: