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Una beca al futuro


Santiago Sarudiansky, oriundo de Cabana, Unquillo, apuesta a su objetivo de ser tenista sin resignar la búsqueda de un título universitario. El joven unquillense accedió a una beca internacional en Estados Unidos y relata su experiencia en primera persona.

“No puedo dejar de lado el progreso personal que significa para mí estar en otro país y empezar prácticamente una nueva vida”, remarca el tenista que actualmente vive en Estados Unidos.

Las posibilidades de abrirse paso en el circuito del tenis mundial son realmente escasas. La competencia es de lo más cruento que pueda proponer cualquier deporte y la imposibilidad de jugar profesionalmente sin salir del país de origen, se vuelve un escollo, con la excepción de naciones como Francia o Alemania, con grandes organizaciones que atraviesan a los clubes.

Más aún, la dificultad esencial que moldea y define quienes acceden o no al tenis profesional es la económica. Tal es el caso de miles de adolescentes, con grandes condiciones que quedan en el camino, sin poder apostar un gran monto de dinero. La carrera del unquillense Santiago Sarudiansky no es ajena a este contexto, y en relación a ello afirma: “Yo intenté meterme al circuito ATP jugando torneos en Argentina, pero económicamente estaba muy difícil, necesitábamos miles de dólares para que pudiese jugar apenas unos pocos torneos internacionales al año”.

Fue entonces cuando empezó a maquinar la posibilidad de jugar en Estados Unidos, de la mano de una beca universitaria. “Ya había escuchado de muchos casos de jugadores cercanos a mí, de menor o igual nivel tenístico, que se habían ido a jugar a Estados Unidos con estas becas. Por lo tanto, empecé a buscar yo también, no tenía dinero para seguir compitiendo de otra forma y si quería estudiar en Argentina debía dejar de jugar al tenis, cosa que no estaba dispuesto a hacer”, explica Sarudiansky.

Consciente de los obstáculos, pero seguro de sus virtudes, Santiago apostó por la que hasta el momento parece “la opción perfecta”. Desde hace tiempo su hogar es la Sonoma State University, al norte de California en un lugar que Santiago define como “muy tranquilo” a menos de una hora de San Francisco.

El Milenio: ¿Cómo descubriste que el tenis era tu pasión?

Santiago Sarudiansky: La verdad es que llevo mucho tiempo en esto, juego hace once años. Recuerdo que mi hermano mayor empezó a jugar al tenis y yo, como típico hermano menor, quise intentar lo mismo. Tomé un par de clases sólo para divertirme, aprendí rápido y empecé a jugar algún que otro torneo. Sinceramente al principio lo pasaba mal, sufría mucho los nervios de la competición, no me gustaba, pero aún así me iba relativamente bien en cuanto a resultados.

Me di cuenta que había una atracción respecto al tenis que me mantenía perseverando a pesar de los malos ratos y de a poco me fui acostumbrando. Me fue gustando cada vez más, hasta que me enganché por completo en lo que significa la competencia en sí, que fue en definitiva lo que me llevó a amar este deporte.

EM: ¿Qué requisitos hay que reunir para conseguir una beca universitaria y poder jugar al tenis?

SS: No se necesita nada demasiado especial. Aunque sí, obviamente, la beca va a ser mejor o peor dependiendo de tu nivel académico en el secundario, sumado al manejo del idioma inglés y la capacidad para jugar al tenis. Esas creo que son las tres claves para conseguir una beca de ese tipo en Estados Unidos.

Por otro lado, es obvio que se necesita mucha determinación y energía. Digo esto porque no es nada fácil el proceso de tomar la decisión y trabajar, estudiar y entrenar para lograrlo. No es simple, se hace largo, hay que aguantar, pero al final estoy seguro de que vale la pena.

EM: ¿El fin de tu beca es también crecer a partir del estudio?

SS: Tal cual, apuesto por el tenis y la parte académica al mismo tiempo. Yo sabía por lo que había averiguado que el nivel tenístico en las universidades era excelente, porque hay muchísima competencia. Por otro lado, voy a salir de la universidad con un título bajo el brazo si logro mis objetivos y puedo articular el hecho de poder conseguir un buen trabajo con un nivel deportivo alto y la posibilidad quizás de ingresar al circuito ATP.

EM: ¿Cómo llevás el binomio deporte/estudio?

SS: Es complejo, pero por suerte las universidades en Estados Unidos tienen todo organizado para que los atletas puedan estudiar perfectamente. Está todo planificado. Lo importante es la energía que uno mismo le pone, no es tan sencillo levantarte, entrenar cuatro horas de tenis y físico, de ahí salir directo hacia una clase, después otra. Los tiempos son ajustados, no voy a mentir, estoy todo el día de un lado para el otro y a eso se suma que en mi casa también tengo que estudiar y prepararme. Parece una locura, y ciertamente lo es, pero se pueden combinar ambas cosas y una vez que entrás en ritmo, incluso, llegás a disfrutarlo.

EM: ¿Identificás un progreso desde que estás allá?

SS: El progreso más grande que noto es mi nivel de inglés, en sólo unos meses ya puedo hablar con total naturalidad con la gente y es algo que me costaba cuando llegué. Tenísticamente recién ahora estoy progresando y volviendo a jugar en un alto nivel. El primer semestre que pasé en la universidad fue muy duro, en el sentido deportivo, porque tuve que adaptarme a muchas cosas muy rápido. Sumado a eso, tuve una lesión en mi primer mes, debido al cambio de superficie, ya que pasé de jugar en polvo de ladrillo a canchas de cemento. Esa lesión me duró varios meses, e incluso todavía duele, pero ya puedo entrenar casi en plena intensidad.

Luego, no puedo dejar de lado el progreso personal que significa para mí estar en otro país y empezar prácticamente una nueva vida. Aprendés a manejar tu propia economía, a relacionarte con otro tipo de gente. Esa experiencia es un avance en mí y me ha ayudado a crecer.

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