8 septiembre, 2026

El Milenio

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Educación sexual integral: un derecho en las escuelas

La Ley Nacional 26.150 de Educación Sexual Integral, sancionada en octubre de 2006, se ha convertido en una herramienta de gran importancia para introducir en las escuelas temáticas que, por mucho tiempo, fueron evitadas o abordadas de manera insuficiente.

Por Julieta Santo. FCC. UNC. periodico@elmilenio.com


En un contexto nacional marcado por la reciente media sanción del proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, adherentes y detractores de la iniciativa coinciden en un mismo reclamo: se necesita más educación sexual. La falencia, sostienen otros, está en la inadecuada aplicación de la ley 26.150.

Esta legislación, perteneciente al ámbito educativo, establece que, por definición, hablar de educación sexual integral significa introducirse en aspectos no solamente biológicos, sino también psicológicos, sociales, afectivos y éticos.

El programa establecido por la ley apunta a incorporar la educación sexual integral dentro de las propuestas educativas de todas las instituciones, ya sean públicas o privadas, desde el nivel inicial hasta el nivel superior de formación docente y de educación técnica no universitaria. Entre sus objetivos declara garantizar una formación armónica y equilibrada, acercar a los educandos conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados sobre los distintos aspectos vinculados a la educación sexual integral y promover actitudes responsables ante la sexualidad, sosteniendo la importancia de evitar problemas relacionados a la salud sexual y reproductiva.         


Los contenidos, que se apoyan en los principios constitucionales de igualdad y no discriminación, parten del propósito de facilitar el acceso e involucramiento del alumnado en los procesos de información, comunicación y educación respecto al tema, dentro del marco de una cultura democrática.             

Uno de los puntos más destacados de la ley se encuentra en el hecho de que exige una formación permanente, es decir, una puesta en debate diario y continuo en las aulas de las temáticas vinculadas a la educación sexual integral. Destaca, además, la importancia del abordaje de los contenidos a partir de situaciones cotidianas, que faciliten la comprensión e identificación de los conceptos y problemáticas.

Educación en derechos


Al contrario de lo que pueda sugerir el título de la ley, su propuesta no se basa exclusivamente en el tratamiento de temáticas como la sexualidad y la salud, sino que es también, en sí misma, una apuesta al trabajo en las aulas sobre derechos humanos, valores y prácticas saludables de autoconocimiento y vinculación con otros. Además, introduce temas como el respeto a la diversidad sexual, el reconocimiento y valoración de los sentimientos y las decisiones de los pares y la igualdad de oportunidades para todas las personas sin distinción de género.

Esta legislación tiene además la particularidad de trascender los límites de las instituciones, exigiendo la organización de espacios de formación para padres o responsables. Esta vinculación entre los establecimientos educativos y las familias da respuesta a la necesidad de, según expresa la ley, “promover la comprensión y el acompañamiento en la maduración afectiva del niño, niña y adolescente, ayudándolo a formar su sexualidad y preparándolo para entablar relaciones interpersonales positivas”.

La ley en los colegios


Alejandra Gait, directora del Instituto Educativo Nuevo Milenio de Unquillo, fue consultada por este periódico respecto a la aplicación de la ley de Educación Sexual Integral en la institución. En primer lugar, explicó que el colegio atravesó por varios períodos en cuanto a la puesta en ejercicio del reglamento. “Los primeros años tuvimos una mirada biologista, pero después, con la aparición de la ley, la situación cambió. La ley ampara, permite un abordaje que antes no había”, expresó.

La docente relató que, tiempo atrás, alrededor del año 2003, la educación sexual era trabajada como una materia, en una hora dentro de la currícula. Luego, en 2006, aparece la ley y le da un peso significativo y una orientación diferente a la educación sexual en la escuela.

“Fue un gran cambio, ya que antes había que pedir autorización para hablar o dejar de hablar estos temas. Entonces pudimos empezar a trabajar con una mirada distinta y a involucrar a los alumnos”, afirmó.

Actualmente, los estudiantes de sexto año del colegio son capacitados durante aproximadamente un mes y medio y son quienes se convierten en protagonistas de las jornadas de educación sexual integral. Se trata de encuentros donde comparten, con sus compañeros de otros años, los tópicos que seleccionaron y trabajaron. “Esto es innovador por el protagonismo de los alumnos, porque les permite manejar un trasfondo científico y, a la vez, poder llevar la información a sus pares, creando un clima de confianza entre los más chicos y los más grandes”, reflexionó la directora del establecimiento. Además, señaló que se evidencia un gran avance de los alumnos en la interiorización y el manejo de ciertas temáticas en relación a años anteriores.

Como se mencionó anteriormente, existe un fuerte debate en torno a la puesta en práctica de la ley 26.150. En referencia a esto, la entrevistada señaló que el conflicto está en los recursos existentes para satisfacer la implementación de la ley, ya que hoy no todas las instituciones educativas atraviesan la misma realidad. Sin embargo, agregó: “Yo pongo el eje en el docente dentro de la institución. Hay docentes que se ven comprometidos con los chicos y con el aprendizaje de los alumnos y hay docentes que simplemente cumplen un recorrido pedagógico dado. Existe una ley que exige un cumplimiento. Se puede responder a eso trabajando los contenidos como una obligación, como un compromiso, o como una respuesta a los alumnos”.


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