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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

“Creo que no se está haciendo buen periodismo en Argentina”

Juan Federico, en dialogo con El Milenio, explica la construcción de un periodista de sucesos policiales y recalca que en la región “hay tres veces más violencia urbana que muertos por inseguridad”.


Por Matías Pérez | matiasperez@elmilenio.info

Colaboración: Clara Spinosa, Sabina Enrici,

Sofía Perrella y Aldana Amuchástegui. 4° IENM


Desde hace 12 años, Juan Federico es periodista de fragmentaciones sociales en la Voz del Interior, además de autor de “Drogas, cocinas y fierros”. Sus historias en las investigaciones policiales comenzaron tras haber sido seleccionado en un concurso universitario para una pasantía que lo llevaría a formar parte de un diario. Desde ese momento, dejó de intentar con el deporte para meterse de lleno en la realidad social de cada barrio cordobés y provincial, lo que le permitió construir confianza entre sus lectores y colegas.

Si bien reconoce que cuesta años generar una base de datos propia, con estadísticas que son consultadas hasta por el mismo Estado Nacional, el premiado comunicador le dijo a El Milenio que “el periodismo de profundidad me parece que es más concreto con respecto a los contextos, lo que pasa es que muchas veces estamos denunciando sin proponérnoslo”.

El Milenio: ¿Cómo fueron tus inicios en el periodismo de sucesos?

Juan Federico:  Siempre supe que me gustaba el periodismo. Desde chico escribía sobre deportes o sobre otras cosas, hacia recortes de diarios y generaba una versión propia, pero después a lo deportivo no le di más bolilla. Hasta que surgió la duda de qué tipo de periodismo seguir, me empecé a interesar por uno más político, policial, más general en sí.

Me incliné más por policiales cuando realicé una pasantía a través de un concurso que se llevó a cabo en la universidad, entonces cuando me llaman voy al diario y me envían a la sección antes mencionada debido a que había quedado en tercer lugar.

Fue así que estuve durante seis meses en sucesos y otros seis en deportes. Finalmente, me preguntaron si quería volver a sucesos y ahí me di cuenta que era más interesante, no porque me guste el policial duro, sino que me gustan más los contextos, y por eso creo que el policial es una buena excusa para contar lo que es la sociedad. Es empezar a rastrear desde abajo para explicar porque surge un fenómeno así en esta sociedad.

EM: ¿Cómo te marcó en lo personal ser periodista de sucesos?

JF: Hace 12 años que estoy en La Voz del Interior, ingresé con 22 años, y es básicamente mi primer trabajo formal. El periodismo me ha marcado todo, casi la historia de mi vida.

Por ejemplo, hoy hablo con amigos o con pares, y ninguno de ellos ha entrado a un barrio de la ciudad de Córdoba, posiblemente yo tampoco hubiera entrado. He conocido una cara de la capital que, si yo hubiera elegido otra actividad, por mi vida cotidiana no hubiera pasado ni cerca de esos lugares.

Entré a la cárcel, a lugares donde están detenidas personas con delitos graves y con trastornos psiquiátricos, he podido ver lo que es una cámara de Gesell con víctimas de violación, es decir, todo eso me llevó a conocer todo un abanico de la realidad, que si fuera por otro empleo no hubiera conocido.

→“Nuestro discurso, nunca se puede solapar, tiene que ser 100% real”.

PM: ¿Cuál es tu marca personal a la hora de escribir?

JF: En las universidades te enseñan el ¿qué?, el ¿cómo? y todas las preguntas básicas. Yo particularmente trato de responder el ¿por qué? a través de las causas, ya que el ¿qué? es más fácil contarlo.

Por ejemplo, hoy tengo una base de datos en el diario donde contamos los accidentes viales y las victimas que provocan, desde hace 11 años los hacemos, por lo que vas comparando año tras año como es la evolución, si hay más o menos.

Entonces, cuando tenés tantas promesas oficiales, podés constatar con esta base de datos, que es propia, por lo que nadie te puede decir que no. Te da una independencia, y ahí siempre encontrás el por qué.

→“Creo que no se está haciendo buen periodismo en Argentina, como que se fue a las trincheras. Socialmente y en cuanto a las prioridades de interés de la gente, el periodismo quedó cortado por las disputas políticas y cada uno empezó a ver el mundo desde una visión determinada”.

EM: ¿Por qué elegiste informar sobre “las malas noticias”?

JF: Es una elección. La violencia es una cara extrema de la sociedad, si vos tenés un episodio violento, quiere decir que hay un fracaso detrás. Se trata de denunciar todo lo que nos está faltando como sociedad.

De hecho, yo tengo dos variantes, la gente lee mucho policial por el morbo, pero también lee mucho policial porque es una de las pocas ramas del periodismo que cuenta lo que está pasando a la vuelta de su casa, o lo que puede pasar cuando vas a la parada del colectivo.

La violencia es una suma de todos nuestros fracasos, para mí la mala noticia es una excusa para hablar de las carencias que tenemos como sociedad.

En cambio, la gente no lee tanta política porque sabe que la verdad está mucho más enmarañada.

EM: ¿Cómo se trabaja en la sección sucesos / policiales?

JF: Básicamente, somos tres personas físicamente en el diario que hacemos la sección, yo soy el encargado, después hay otro colega que se encarga de ir a tribunales todos los días y otro periodista que hace la parte policial más dura.

Al mismo tiempo, tenemos un conjunto de colaboradores que están trabajando en las principales ciudades de la provincia y ante cualquier cosa hay periodistas de otras secciones qué tienen temas que se cruzan con lo nuestro, por lo que eventualmente participan en el área.

El ritmo de trabajo es de todos los días, siempre tenés un tema propio y después tenés los de agenda. El policial lo que tiene es que tenés muchísimos contenidos porque no son planificados.

EM: ¿Cómo es el trabajo en conjunto con la policía?

JF: El periodismo policial no es sobre la policía, que muchas veces el periodista se confunde y terminan mimetizándose con esta institución.

La policía es un mundo muy interesante, ya que se es policía las 24 horas, por ejemplo, yo tengo mucho contacto a través del WhatsApp. Los periodistas hablamos todo el día con ellos, desde cosas insignificantes a cosas muy interesantes.

Para mí no es la fuente principal, en mis casos prefiero consultar con el fiscal o el juez. Hay que ver todas las versiones, por eso tenés que tener redes, gente de confianza en los barrios que te cuente la verdad de los sucesos.

Los vecinos son las mejores redes, siempre hay que cuidarlo y no exponerlo. Tengo la ventaja de poder ser discreto.

→“El periodismo te permite contar el mundo entero desde todos los lados”.

EM: ¿En el trabajo de campo existen los informantes?

JF: Claro, son las fuentes. En este sentido, tengo policías, vecinos, fiscales, jueces, psicólogos, policía judicial, forenses.

Tenés un montón de fuentes, de todos esos hay algunos que son informantes permanentes, norma del diario y mía es que no se le paga a nadie, porque si no después la persona empieza a tener un interés por la información que te brinda y te puede llegar a inventar datos. Siempre sabés que el qué habla, por algo habla, tenés que prestar atención.

EM: ¿Cómo haces para confiar en la fuente?

JF: La confianza te la da la permanencia y te das cuenta que no te mienten, cuando no te falló una o tres veces. Las primeras veces tenés que confirmar e investigar lo que te dicen. Necesito siempre algo más, un papel o algo que me lo afirme, si no te queda como un rumor que no podés publicar.

De hecho, no me gusta tanto hablar de investigar, sino que me gusta más llamarlo periodismo de profundidad, es más concreto, es de los contextos.

→“Tras 12 años, vengo hablando de lo mismo: chicos muertos, las mismas drogas y es cada vez más cíclico. Yo noto que se volvió una política pública, porque todo el mundo habla del narcotráfico, pero aún no advierto que se efectúen de forma inteligente. El discurso es siempre el mismo: más plata, más policías; pero la pobreza en Córdoba es muy grande y es donde surge este problema, aunque no es exclusivamente por esto”.

EM: Entonces: ¿cómo trabajás con las estadísticas?

JF: A mí me interesa mucho trabajar con datos, para mí el dato es muy importante en el sentido de sistematizar. Entonces, por ejemplo, veía en Córdoba nadie te decía lo que sucedía respecto a los homicidios y lo que hice yo fue hacer un Excel, al que le fui agregando un montón de variables, y me encargué de contabilizar esas muertes.

De hecho, el Estado Nacional me pidió la base de datos para poner la primera estadística que hicieron hace dos años sobre cuántos homicidios había en cada provincia. Ya que a nivel provincial dieron mal los números, y lo hicieron porque tengo todo con nombre y apellido.

A todos esos homicidios los voy clasificando por categoría: inseguridad, violencia urbana, violencia doméstica, femicidio, entre tantas otras. Igualmente, al ver los datos, advertía que la principal causa no es la inseguridad, que es lo que todo el mundo cree, sino que es lejos la violencia urbana, es decir, crímenes entre conocidos. Hay tres veces más violencia urbana que muertos por inseguridad y te das cuenta que la mayoría de los muertos eran jóvenes.

Después, comenzás a ver que la mayoría eran barrios de clase media/baja o baja directamente (la periferia de la ciudad de Córdoba), en los que se veía siempre la misma dinámica social. Es decir, chicos que ya no van a la escuela, hijos de generaciones que no trabajan, es decir, se repiten los patrones. Ahí es cuando uno comienza a denunciar estos patrones.

Este periodismo ya es sociológico más que policial. No es una investigación que tenga que empezar de cero con cada barrio, sino que, al ir tantas veces a los mismos, ya me permite ver como los barrios van involucionando. Como cada vez se los ve más pobres y como todas las promesas oficiales fracasan.

→“Cuento con una red propia, por lo que me voy todas las semanas al Hospital de Urgencias, a la morgue, y, por ende, es muy difícil que se me escape algo”.

 

EM: ¿Y los personajes de cada barrio se conectan?

JF: Claro. Ellos son lo que señalan al que abastece de armas, el que suministra drogas, a los que cada vez que se hace un allanamiento son “intocables”. Entonces, uno va buscando referentes.

EM: ¿Los casos de Sierras Chicas son muy diferentes a los de Córdoba capital?

JF: Son menos, es decir, hay menor cantidad de homicidios. Sí advierto que en Sierras Chicas existen sectores puntuales donde ya se está generando una lógica similar, violenta.  Por supuesto, a menor escala, ya que es un proceso que lleva años.

Lo que tienen las Sierras Chicas es que son sociedades más pequeñas, entonces son barrios más pequeños, por ende, es más fácil intervenir socialmente y advertir cuando esta situación se va de las manos. Yo creo que ahí el Estado puede reaccionar.

EM: ¿Chocás con un límite cuando te das cuenta que hay vínculos entre funcionarios y el narcotráfico?

JF: El tema del riesgo siempre sale y siempre se habla. Yo la verdad trato de no pensar. Por lo que, si yo tengo la información, la publico.

La verdad es que el periodismo en eso es muy ingrato porque muchas veces te quedas solo. Por ejemplo, tuve un episodio en 2010, cuando estaba siguiendo un tema de una chica que habían matado en barrio Müller. La policía y la fiscalía decían que el asesino era un joven de catorce años que se había enojado porque le habían dicho “orejudo sucio”.

Me puse a ver esto, porque había algo que no me cerraba, conocía el lugar donde había sido, conocía el ambiente y sabía que había mucho narcotráfico. También tenía algunos datos que la mamá de la chica vendía drogas, todo en un contexto de absoluta marginalidad. Finalmente, llego al expediente, me pongo a leerlo y me encuentro con que la hermana más grande de la nena había relatado que, tres días antes de que la maten a su hermana, tres personas fueron a comprar droga a su casa, no habían querido pagar, la mujer se negó a venderles y entonces estas tres personas le dijeron que le iban a matar a un hijo. Al mismo tiempo, había una legisladora provincial que vivía en la zona que tenía vínculos con la mamá y el narcotráfico.

Fue así, que con todo eso hice una nota. Eso, obviamente genero un gran lio y a mí, gente del barrio que me conocía y que me pasaba información, mi llamó al día siguiente diciéndome que tuviera cuidado porque me quieran matar. Por eso, tuve un policía durante un mes en la puerta de mi casa.

→“Un premio no me deja mucho, es nada más que un empujón, se trata de saber que, por lo menos, lo que uno hace sirve”.

EM: ¿Te acordás alguna de tus primeras experiencias en algún barrio marginal, en donde empezaste a encontrar tus primeras fuentes?

JF: El 14 de febrero de 2006, estaba almorzando en el diario y un policía lo llama a mi jefe poniéndole una frecuencia policial. El tipo me mira y me dice “ándate ya”. Un ex policía había matado a sus cuatro hijos.

Fuimos con un fotógrafo, en ese entonces no había redes, entonces era ir y ver qué había pasado. Nunca me impactó tanto una cosa como esa. Hasta el día de hoy, las caras que yo veía, nunca más las volví a ver. Yo pensé que eso era normal, porque no había hecho tantos homicidios. Hasta el día de hoy, siempre me acuerdo de eso.

Por norma, yo trato de no ir con la policía. Cuando llegás al barrio y la gente ve a la policía, las personas no confían. El vecino no se va a quedar para que la autoridad vea con quien habla el periodista. En definitiva, el vecino te llama porque quiere hablar con vos. Aprendí que además ponés en tela a todo un barrio.

EM: ¿Cómo se tratan algunos temas que son muy sensibles, con tantos datos a confirmar, con respecto a la inmediatez de la web?

JF: Es todo un problema la web, un problema para el ejercicio responsable del periodismo. Se confunde a esta con las redes sociales.

En las redes sociales hay mucho rumor, mucho periodista apurado por tener primicia y terminan haciendo muchas equivocaciones. Nos pasa a todos. Por ahí es mejor llegar después, pero con la información correcta.

Antes el periodista, especialmente el gráfico, era mucho más anónimo. Ahora está todo el mundo queriendo ver quién es el que lo dice primero, quien tiene más retuits o likes, y eso no tiene nada que ver con el periodismo.

La web es como una procesadora, una picadora. Pienso que no debería haber opción más que poner lo que realmente está chequeado, eso es el periodismo, informar lo que se sabe y lo que está verificado.

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