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Un ejemplo de vida

Josefina Valli de Risso tuvo un sueño cumplido: otorgar buena educación a su pueblo. Ella creía fehacientemente en que la educación era la base de un país, y fue por ello que apoyó a su familia en la conformación de la Fundación que lleva su nombre, cuyo objetivo es la educación en todos los niveles. Este legado persistirá por siempre.


Por Redacción El Milenio | periodico@elmilenio.info


El pasado 27 de febrero, a la edad de 98 años, falleció Josefina Valli de Risso, presidenta de la Fundación que lleva su nombre, que tiene como objetivo y estandarte del presente y el futuro a la educación, a través de sus institutos educativos Nuevo Milenio y Milenio Villa Allende.

Describir a “Pocha”, como la gente usualmente la llamaba, no es tarea fácil, porque sintetizar tantas cualidades de una mujer pionera y emprendedora en simples palabras no sería suficiente.

Josefina  fue custodia de la continuidad de la idea de la educación como base de vida. A su vez, fue una impulsora de un desarrollo organizacional de la Fundación apoyado en el estatuto, y transmitía el sentido de la responsabilidad en todos los profesionales que forman parte de la misma.

El legado de esta gran mujer no culminó con su partida, sino que permanecerá en las bases que sembró y cosechó entre su familia, amigos, y en la comunidad educativa que tanto la recuerda.


Su historia


→La honestidad y la humildad fueron sus estandartes de vida.

Madre de cinco hijos (Graciela, Roberto, Guillermo, Luis y Mario) y esposa de Don Roberto Risso, se convirtió en una mujer que inculcó a su familia valores increíbles, desde la honestidad y la humildad, el sentido de justicia y la responsabilidad.

Como una persona estricta y determinante, como la recuerdan sus seres queridos, mantuvo las ideas y los principios en una línea recta e inquebrantable.

Josefina tuvo que convertirse en una mujer autodidacta, terminó el nivel primario y aunque ella quería seguir estudiando, su familia no se lo permitió porque debía viajar a Córdoba, cuestión complicada en ésa época. En Unquillo, durante esos años no había otras posibilidades. Entre sus recuerdos siempre permaneció el deseo que manifestaba desde su niñez de estudiar. Su formación intelectual la realizó gracias a su amor por la lectura, según destacan sus seres queridos.

“Sin lugar a dudas tenía una personalidad fuerte, una mujer de carácter, intelectualmente muy preparada; era una ávida lectora”, destacan sus allegados.

Le gustaba acompañar a sus hijos en sus actividades disfrutando de su compañía y sus logros.

Cuando una parte se instaló en Italia viajó casi 25 años seguidos para compartir con ellos sus vidas, sus progresos y sus alegrías.

Su gran amor de madre le permitió ver crecer a sus hijos, fomentando su formación y apoyándolos en los emprendimientos que ellos iniciaban. Los Risso eran gracias a Josefina una familia unida por el amor de esa madre que estuvo presente en cada momento de sus vidas.


Pionera y rebelde para una época de hombres


En las primeras épocas de Unquillo, cuando el correo distaba mucho tiempo de ser electrónico, más bien era de tracción a sangre, una pequeña niña arribaría a la edad de siete años a este pequeño poblado y tiempo después se transformaría en la primera empleada pública mujer de la telefónica unquillense.

El servicio telefónico de la mano de Roberto Risso llegó a Unquillo en el año 1939. “Él venía de ser jefe de trafico de Rosario y Santa Fe, y cuando se enfermó, por sugerencia de su médico, pidió traslado a Córdoba de forma provisoria, para de ésta manera poder recuperarse, que con el tiempo se convertiría, en definitiva. Entonces, la empresa que en esa época pertenecía a una sociedad inglesa le dio indicación de crear una central telefónica en un Unquillo pujante y turístico”, explicó su hija Graciela.

→Josefina Valli de Risso era una ávida lectora y autodidacta.

Por ese entonces, y como expresó Graciela, Josefina Valli “fue una pionera en muchos aspectos y una rebelde para la época. Esto se debió a que, en los primeros tiempos, cuando era extraño que las mujeres realizaran trabajo fuera de su casa, mi mamá se atrevió a trabajar en una oficina pública, a traspasar esa línea, cuando los derechos de las mujeres aún estaban lejos de existir”, agregó su hija.

Como la demanda del servicio fue creciendo, de ésta manera comenzó su vida laboral. Así fue como conoció al que sería su futuro esposo con quien formaría una familia.

→“Recuerdo una anécdota que cuando conectaba las llamadas de Guido Buffo y Lino Spilimbergo me quedaba hablando durante un largo rato. Spilimbergo me pedía que deje ir a mi hija así él podía pintarla, pero yo no se lo permitía ya que no había nadie que pudiera acompañarla”.

(Josefina Valli de Risso).


Su principal sueño y anhelo: la Educación


En su momento, Marta Cristina Parisi le había pedido colaboración a la familia Risso con respecto al Nuevo Milenio ya que por problemas edilicios la escuela se cerraba.

Gracias a su experiencia de vida,  a la importancia que ella daba a la educación y a las iniciativas sociales, Josefina apoyó e incentivó el proyecto institucional de gran magnitud emprendido por sus hijos, el Instituto Educativo Nuevo Milenio de Unquillo y allí comenzó  nuestra historia. Con el correr de los años se agrega a la Fundación, el Instituto Milenio Villa Allende.

En la fundación y como presidenta de la misma, ella estaba interiorizada de todo el movimiento. Monitoreaba el clima de las dos instituciones educativas de Unquillo y Villa Allende, además, hasta los 95 años ejerció en su cargo y concurría a la escuela.

“Cuando se hizo cargo de la presidencia, lo primero que pidió fue el estatuto, se lo leyó entero, tanto que ante cualquier cuestión te citaba el mismo. Ella siempre hacía muchas preguntas, porque era una mujer muy curiosa y a través de estas hacía reflexionar a la gente”, dijo Risso.


→“A pesar de su carácter fuerte para enfrentar muchas vicisitudes tenía siempre un gesto afectivo y cariñoso para todos. Lectora por excelencia, leía sin anteojos y le apasionaba la historia, la actualidad, tanto nuestra como los de otros personajes destacados, diarios y libros. Participaba cuando podía a eventos, formó parte del elenco de un spot que realizó el área de Medios Audiovisuales del instituto en pro del respeto a la vida”.

 (Marta Cristina Parisi).


Huellas del alma


→Guillermo Risso: “Josefina no era solo mi madre, era la mujer que gracias a ella existen nuestras escuelas. Ella nos inculcó la idea de que las escuelas fueran una iniciativa social y no comercial. Que hacía falta enseñarles a los jóvenes para tener un país mejor y no solo nos acompañó con sus ideas si no que ella personalmente estuvo algunos años trabajando en nuestra escuela, así como desde su casa.

Ella no fue una persona que tuvo un paso simbólico, fue una persona operativa por muchos años y realmente una parte muy importante de lo que son hoy los Milenios; éstas hermosas realidades que hoy nos dan trabajo y muchas satisfacciones, un proyecto de más de dos mil personas entre estudiantes y trabajadores”.


→Mario Risso: “Me gustaría escribir algo, pero tengo tanto en mi interior que escribir un libro sería muy poco, y podría contaminar con mi poca actitud literaria mis propios sentimientos”.


→Luis Risso: Mi madre tuvo en su  vida dos grandes tristezas; la pérdida de mi padre todavía joven, y un hijo que para una madre es un dolor inmenso. Pero como nos decía ella “no tienen que llorar cuando no esté más, porque tuve una vida larga, intensa, llena de paz y de amor junto a todos ustedes”. Tengo  la seguridad de que están velando por nosotros los tres juntos.


→Andrea Pesasi: “Si tuviera que describir mi abuela con una palabra diría incondicional, siempre estaba si la necesitábamos, para escuchar, para hablar, para aconsejar, para ayudarnos o para retarnos si hacía falta.  Sus hijos y sus nietos fueron su alegría y la razón de su existencia, rejuvenecía con nuestra compañía, le encantaba escuchar de nuestras vidas, era una gran consejera y nos gustara o no, nos decía su pensamiento, su posición, aunque fuera diversa a la nuestra, pero siempre apoyándonos. Nos enseñó que, “la unión hace la fuerza”,  no son sólo palabras que uno dice y que la mayor riqueza del ser humano son los afectos  y como tales  aprender a valorarlos.


→Juan Manuel Risso: “Siempre fue de perfil bajo, no le gustaba mostrarse. Nos inculcó estar con los pies en la tierra; era una guía. Cuando alguien tenía que tomar una decisión siempre se presentaba cuál era la línea del pensamiento de ella. Siempre nos transmitió el sentido de justicia, de humildad, la rectitud de cumplir, la responsabilidad”.


→Facundo Risso: “Ella era el ejemplo de amor dignidad y nobleza personificada, cada conversación te dejaba un aprendizaje nuevo. El amor por su familia era conmovedor, pensarlo te emociona. Tenía la maravillosa capacidad de retarte y quererla más todavía, ella te marcaba la cancha, y también el norte. Sus valores fuertemente arraigados de integridad justicia y sencillez nos dejaban a todos los que tuvimos la suerte de disfrutarla un panorama claro de hacia dónde ir y de cómo ir”.


→Cecilia Bertone: Trabajar con Josefina implicaba poseer un gran sentido de responsabilidad, ella continuamente recalcaba y nos llamaba a reflexionar nuestras prácticas en función de la calidad educativa y que aportaba de concreto a nuestros estudiantes. De ella aprendí que antes de conformarme con lo “conveniente” de ser flexible había que analizar que era justo, nos gustase o no. Recuerdo siempre que para ella el horario de trabajo de una persona era una cuestión a respetarse, así como el salario de cada uno; eso sí, también exigía profesionalismo y dedicación a la tarea.

Su trabajo en la administración era detallado y controlaba todo, no aceptaba ni siquiera que se le abone un taxi, para ir y venir de su casa quedaba de acuerdo con alguien de la escuela para que la lleve, aun si tenía que esperar para coordinar su regreso; yo siempre le decía: “Pocha al menos un taxi la fundación le puede pagar, usted es la presidente”; ella me respondía de inmediato: “La Presidente de esta fundación debe trabajar ad honorem, y para que pagar un taxi si alguien me puede llevar”.

Tenía un gran sentido de humildad, nunca impuso una decisión siempre dialogaba; si no se sentía segura sobre un tema, preguntaba y se informaba, e incluso cuando alguna cosa no le terminaba de gustar me decía: “Bueno, si vos estas segura, confío en tu criterio”, lo que hacía que la responsabilidad fuera más sentida.

Su gran sentido religioso traspasado a sus hijos siempre nos impulsó a ayudar al prójimo, favoreció un clima de solidaridad en las escuelas, facilitando a las direcciones de los niveles los proyectos que eran y son de intervención social, de mirar a la comunidad, de poder tener aulas heterogéneas en el sentido más amplio de la palabra.


→Patricia Rizzi: “Josefina tuvo un espíritu trabajador y de empuje constante, que sin dudas se veía reflejado en sus hijos. Yo, como pobladora de Unquillo, puedo rescatar lo unidos que fueron como familia, y gracias al apoyo que ella brindaba a las iniciativas de sus hijos es que hoy tenemos el Nuevo Milenio”.


→Soledad Ferreyra: “Josefina me cambió la vida. Era una visionaria en materia de educación y una defensora de los derechos de la mujer. Agradezco a que ella haya ampliado su mirada a toda su familia y nos brindara un lugar dentro de la comunidad educativa”.


→Marta Parisi: “Su gran amor de madre le permitió ver crecer a sus hijos en los valores cristianos, fomentando su formación y apoyando en los emprendimientos que ellos iniciaban. Una familia unida por el amor de esa madre que estuvo presente en cada momento de sus vidas.

A pesar de su carácter fuerte para enfrentar muchas vicisitudes tenía siempre un gesto afectivo y cariñoso para todos”.


→Nancy Monserrat: “Josefina seguirá siendo un ejemplo de fortaleza, inteligencia, honradez, capacidad y servicio. Siempre tendré en cuenta sus enseñanzas y consejos. Fui testigo de su impecable vida”.


→Natalia Boffelli: “Es un símbolo muy importante para la educación de sus hijos, en el acompañamiento que tuvo con ellos de siempre. Plasmó eso en la escuela también. Ella con sus 95 años llegaba a la administración, entendía todo. Muy trabajadora y observadora. Lo más significativo fue que dejó un legado en la escuela como lo fue ella de madre. Nos queda la responsabilidad de continuar educando con amor y respeto, como ella lo hizo. Una hermosa mujer y madre”.


→Alejandra Gait : “Tengo el recuerdo de una vez que la ayude a salir de la administración,íbamos a subir al auto y yo le plantee por qué seguía viniendo, que era época de descansar, de aprovechar su tiempo libre y ella me dijo que el trabajo era muy importante, que aún tenía fuerzas para seguir aportando éste tiempo a la escuela”.


Esta nota forma parte de la edición especial impresa de Periódico El milenio

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