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Homenaje a Luigi Giuseppe Tribaudino

Luigi Giuseppe Tribaudino, en castellano, fue un sobresaliente artista del hierro forzado que aportó con la excelencia de su arte una gran dosis de estética a la imagen arquitectónica de Río Ceballos. Recientemente fallecido, su hija Gabriela rememora su vida y su obra.


Por Manuel Domínguez

y Maximiliano Cavallin. 6°B IENM


Gabriela Tribaudino, docente de italiano en la Fundación Josefina Valli de Risso, recuerda a su padre Luigi Giuseppe, un sobresaliente artista de hierro forzado, quien aportó con la excelencia de su arte una gran dosis de estética a la imagen arquitectónica de Río Ceballos.

Luigi Giuseppe Tribaudino

El Milenio: ¿Cuál era el nombre completo de su padre?

Gabriela Tribaudino: Mi padre se llamaba Luis José Tribaudino, en italiano: Luigi Giuseppe Tribaudino.

EM: ¿Dónde y cuándo nació?

GT: Nació en Racconigi, un pueblo a 30 km de Turín, capital de Piamonte en Italia, el 17 de noviembre del año 1929.

EM: ¿En qué consistía su arte?

GT: Papá era artesano de hierro forzado, fue la quinta generación; empezaron a trabajar en Italia. Él aprendió el oficio o el arte de su padre, al igual que éste del suyo y así se fue transmitiendo.  Comenzaron trabajando para la Casa Reinante, que en ese momento eran los Saboya, reyes de Italia, así que también eran conservadores del castillo, de una de las residencias que estaba en el lugar donde mi padre vivía.

Gabriela Tribaudino recordó a su padre: “Yo estudié cultura en hierro y chapa y presenté la tesis en la Universidad Nacional con lo que él me enseñó”.

EM: ¿Le afectó en algún momento el cambio de país?

GT: Él siempre se sintió muy cómodo en la Argentina. Ellos emigraron aquí después de la segunda guerra mundial, en el ‘49, recién terminada la misma. Recuerdo que papá decía que al principio no podía dormir por el silencio, estaba acostumbrado a los bombardeos, tenían que salir corriendo de las casas para los refugios antiaéreos, y cuando llega a Río Ceballos, se instaló y el sentir la nada, el silencio, no lo dejaba dormir. Pero por el resto creo que se adaptó muy bien. Siempre le gustó el país, incluso se casó dos veces: primero con una italiana que es mi madre, que falleció joven y se volvió a casar en segunda nupcias con una argentina de origen bien criollo. Yo creo que siempre le gusto el país y se afianzó muy bien acá.

EM: ¿Por qué se instaló en Río Ceballos?

GT: Ellos trabajaban mucho para la casa reinante, unido a lo que era la posguerra en Italia, país perdedor en ese momento ya habían perdido la oportunidad de trabajar como lo habían hecho siempre y además estaba la posibilidad de una tercera guerra en la cual ya deberían haber combatido mi padre y su hermano, entonces deciden venirse; venden una casa de 300 años en la que vivían y así es como se instalan acá.

EM: Entonces uno de los beneficios de venir a la Argentina es salvarse de la guerra ¿Algún otro beneficio?

GT: Debe ser muy difícil emigrar. Mi abuela decía siempre una cosa que me quedo grabada: “La patria de una persona, empieza siempre en el lugar donde uno entierra sus muertos”. Es una frase fuerte, yo la recuerdo siempre, y al estar mi abuela ya enterrada acá, creo que tenían esa percepción de que una vez que cambiaran de continente (en ese momento no era como ahora, que se iba y se volvía) todo iba a ser diferente.

EM: ¿Cuándo viaja a la Argentina ¿Trajeron sus herramientas?

GT: Trajeron muchas cosas, es increíble todo lo que pudieron llevarse de su antiguo hogar, hasta han traído obras de ellos, tengo muestras de algunas de ellas en casa, como palmas en hierro forjado y muchas cosas más.

Por ejemplo, una cruz que había hecho mi abuelo entre la primera y segunda guerra mundial, y había quedado en la cima de uno de los montes en Monviso, una de las principales montañas en Piamonte, donde nace uno de los ríos más importantes. Esa cruz permaneció durante años, y en la ocasión del jubileo real decidieron bajarla porque pensaron que había que restaurarla, pero se encontraron con que no hizo falta tocarla, simplemente le pusieron un nuevo pedestal. La cruz lleva puesto su nombre, la hicieron el padre y el hermano de mi papá, entonces mi padre viajó en esa ocasión como único descendiente, ya que Luigi Giuseppe fue el último Tribaudino, con él se termina el apellido incluso.

EM: ¿Las condiciones en las que trabajaba su padre acá, eran las adecuadas?

GT: Sí. Fueron uno de los primeros talleres más antiguos en instalar soldadura eléctrica, tuvieron que hacer un tiraje especial de cables porque no había lugar, porque ellos traían muchas cosas que incluso acá no había ni se conocían, óptimas condiciones que ellos sí conocían de Italia e instalaron un buen taller con todo tipo de maquinarias para trabajar.

Y en los últimos momentos mi papá se dedicó a la herrería artística, que era lo que él aprendió de las enseñanzas de su padre. De todos modos, se dedicaron a la herrería en general durante muchísimos años. Incluso hay obras de él y de su hermano en toda Córdoba y otras provincias, por ejemplo, en Río Ceballos hay un precioso conjunto de portón y rejas en Pasaje Piamonte, al lado de la terminal, que en este momento es la escribanía Torchio, que realizó mi padre solo ya que mi tío para ese entonces ya había fallecido, y es un gran trabajo.

Es un tipo de oficio que se ha perdido, en la actualidad se hacen cosas estampadas o mucho más sencillas. En cambio, todo esto esta forjado en fuego, se trabaja en forjas, se calienta el hierro y una vez caliente se lo va modelando y moldeando, un trabajo extraordinario.

Luigi Giuseppe Tribaudino

EM: ¿Él pudo enseñarle a alguien su arte?    

GT: Yo estudié cultura en hierro y chapa y presenté la tesis en la Universidad Nacional con lo que él me enseñó, y mi esposo (Julio Guillamondegui) que también es artista plástico, es quien verdaderamente siguió los pasos, porque estuvo 10 años viéndolo trabajar el hierro, -porque él empleaba otros materiales como la piedra o la madera- hasta que comienzó a trabajar en hierro, e incluso mi padre le decía a Julio que él tenía la mano de mi abuelo, que era la mano de aquella época cuando estaba la corriente artística llamada “Art Nouveau”, que era en la que se realizaban flores, plantas y animales en hierro, obras que se ven  mucho en Italia.

Julio realizó estas cosas, entonces de alguna manera estábamos muy contentos, porque mi marido, que sigue siendo escultor y sigue trabajando en hierro forjado, ha seguido sus pasos y trabaja en su taller, quedando en sus manos.

Yo creo que realmente la cuestión del trabajo con el hierro es algo alquímico, es la transformación de la materia y creo que hay algo mágico en eso y considero que mi papá fue una persona mágica, y sembró su magia entre todas las personas que lo conocimos, porque realmente sabíamos que tenía un carisma muy especial… él siempre me decía “cuando yo ya no esté, vas a ver mis obras” y realmente yo, en el trayecto que hago desde mi casa hasta la terminal, puedo ver sus trabajos, que son portones y rejas, en tres casas distintas. Así que esto es una manera de perdurar más allá de la presencia física.

EM: Entonces ¿se puede decir que su padre aportó fuertemente a la cultura de la localidad de Río Ceballos?

GT: Yo creo que sí, por que incluso tuvo en su momento una distinción (muestra distinción) del club argentino de servicios, por sus trabajos; creo que la comunidad sabía lo que era Tribaudino y su hermano, que murió en el año 2000. Pero, así como trabajaron mi abuelo y su hermano a la par, también trabajó mi padre y su hermano a la par.

Angelo Vittorio Tribaudino, nacido en Racconigi el 23 de enero de 1926, y murió en Río Ceballos el 24 de enero de 2000.

Eran muy reconocidos en la localidad de Río Ceballos. Aparte él me enseñó a hablar italiano, el primer italiano lo aprendí con él, además de enseñarme un montón de cosas.

EM: Finalmente: ¿Su padre era muy unido a su hermano?

GT: Totalmente, es notable lo cerca que siempre estuvieron siendo casi diametralmente opuestos, mi tío era el diseñador, el que programaba, el que proyectaba, en cambio mi padre era el ejecutor, el que hacía todas estas cosas, el que forjaba realmente con la fuerza y la creatividad, han estado cerca hasta el último momento, lo que es muy italiano, ya que allí la familia es muy importante y siempre estamos muy unidos, estamos acostumbrado a ello.

A veces me conmuevo, porque habiendo nacido acá, me siento muy ligada a Italia y uno termina teniendo un pie en cada lugar. Uno nace acá, pero ha sido tan fuerte la transmisión de cultura que han hecho conmigo que también me siento de allá, uno termina siendo una cosa hibrida, ni de acá ni de allá. Hay como una nostalgia que es muy típica del argentino descendiente de emigrante, no muchos tenemos esa extraña melancolía que no terminamos de resolver a veces porque es debido a esto ¿no?

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