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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Los ojos del camino

Gustavo Beccaría lleva más de un cuarto de siglo navegando los caminos más difíciles del mundo. Desde el Dakar al Gran Premio de Sierras Chicas, Beccaría habló de todo con El Milenio.


 Por Ignacio Parisi | ignacioparisi@elmilenio.info

Colaboradores: Agustina Gallego y Lara Rodríguez. 4°A IENM


Con jóvenes 50 años, Gustavo Beccaría conoce los senderos del rally latinoamericano como pocos. Llegó por primera vez a ser navegante “casi por casualidad”, sin embargo, con el tiempo se fue convirtiendo en uno de los copilotos más ganadores del automovilismo argentino.

Actualmente, también se desempeña como organizador y promotor del Campeonato Cordobés de Rally que luego de varios años volvió a aterrizar en Sierras Chicas, con grandes participaciones locales.

A lo largo de sus nueve fechas, el rally de la provincia mediterránea pasó por parajes y ciudades como Santa Rosa de Calamuchita, Villa Giardino, Huerta Grande, Cruz del Eje, Villa María y Río Tercero, entre otros; arrancando en marzo y culminando en noviembre, con competencias cada treinta días.

El Milenio: ¿Cómo fue la experiencia de poder correr el Rally Dakar?

Gustavo Beccaría: Yo empecé corriendo el Rally Cross-country, una carrera que se hace en Argentina y que tiene características similares a las del Dakar, con tramos un poco más cortos. En ese momento corríamos sábados y domingos con pruebas muy duras, como la de Ruta 40 o el “Desafío del Litoral”. Eso, en parte, me abrió las puertas y tuve la posibilidad de correr tres Rally Dakar. Son quince días de carrera en las que estás expuesto a muchas situaciones y la relación con el piloto se vuelve aún más importante que los otros rallies. Pasás todo el día subido arriba de tu vehículo en terrenos muy complejos.

Yo siempre competí en camioneta, lo cual disminuye la exigencia física en relación a las motos o cuadriciclos claramente. La carrera es muy dura, tenés dificultades mecánicas o del terreno que no son comunes y hay que agarrar la pala, porque de otra forma se hace imposible.

EM: ¿Qué lugares te sorprendieron a nivel paisaje en el Dakar?

GB: Es difícil elegir, atravesamos muchos paisajes increíbles, pero me impactó Copiapó en Chile y las dunas de Perú, son montañas de arena en un espacio interminable, fue impresionante.

EM: ¿Cuál es la clave para enfrentar una carrera de esa magnitud?

GB: En el Dakar existe un grupo que corre para ganar la carrera, y otro que corre para ganarle al Dakar. Yo estuve dentro del grupo que corría para ganarle al Dakar. Ganarle al Dakar es llegar al final. Competí tres veces y llegué una sola vez a terminar ese desafío. La sensación cuando llegás es increíble, de esos tres rallies que corrí recién en el último pude alcanzar la meta. Fue indescriptible.

La clave es mental. Una de las veces rompí un motor en Copiapó, en el medio del desierto, esto sucedió antes del mediodía y pudimos llegar al final de etapa recién al otro día, a las siete de la tarde. Tuve que pasar una noche entera en el desierto, donde pasa de una temperatura de 50° C, en menos de una hora, a 5° C. La amplitud térmica es terrible. Lo que quiero decir es que el desafío, más allá del tema del manejo, de la calidad del auto, del equipo que tengas; pasa por lo mental. La resistencia es fundamental. Si bajás los brazos y te das por vencido te podés morir en el desierto, de hecho ha pasado muchas veces.

“En el Rally Dakar el desafío, más allá del tema del manejo o del equipo que tengas, pasa por lo mental”, destacó el experimentado piloto.

EM: ¿Cuál es el trabajo del copiloto en un rally?

GB: Muchos dicen que son los ojos del piloto. Hay que adelantarle lo que viene en el camino, ya que él no lo puede ver. Hay un trabajo previo que lo hace solamente el navegante. Hoy contamos con muchas herramientas, con Google Maps, uno accede a mucha información sobre cada lugar y el recorrido. Cuando tenés muchos años como navegante vas generando una hoja de ruta a partir de años anteriores y la podés utilizar en algunas carreras como por ejemplo las del rally cordobés o argentino, porque los tramos se repiten. Esa hoja se vuelve incluso más segura en ocasiones, porque tiene las correcciones de haber atravesado ese camino en velocidad de competencia, de modo que te brinda otra perspectiva muy necesaria. En la previa analizás los mapas y también el pronóstico del tiempo, tratando de anticipar que puede llegar a suceder en el trayecto. Hay que prestar mucha atención en ese sentido porque el tipo de piso condiciona el andar, y si hay barro, por ejemplo, el auto puede patinar más.

EM: ¿Hay muchas modificaciones de un año a otro en este tipo de carreras?

GB: No, en general hay tramos que mantienen sus características y que a veces tienen algunas pequeñas modificaciones. En el rally mundial existe un porcentaje del recorrido que se debe respetar de un año a otro en las pruebas que se repiten. Para eso está también la hoja de ruta, que en definitiva es lo que escriben el piloto y el navegante a partir del reconocimiento previo que se hace del terreno. A partir de ese planeamiento existe una graduación, una serie de códigos que se utilizan entre el conductor y el copiloto para saber qué información tienen sobre el sendero que están recorriendo. Esa graduación determina si una curva es más rápida o más lenta y cuánto mejor sea la comunicación va a poder imaginar el piloto que hay más allá de lo que puede ver en el camino. Ya sabe cuánto debe frenar, si tiene que bajar un cambio o no, o si puede ingresar fuerte a un tramo.

EM: ¿Qué objetivos se propusieron desde la organización del Campeonato Cordobés de Rally en el 2017?

GB: Apostamos muy fuerte a tratar de levantar al rally cordobés. Queríamos tener más autos, seducir a los pilotos y al público de nuevo, y fundamentalmente, poder hacer que todos se sintieran como una gran familia. En parte se había perdido eso, veníamos de algunos años en los que había decaído el rally provincial de Córdoba, que ha sido históricamente el más importante del país. Este año hemos aumentado notoriamente la cantidad de autos en competencia, de hecho mantuvimos un promedio de ochenta vehículos por carrera. Además, hemos recuperado el buen clima, tratando de ser solidarios, de mejorar en lo organizativo y no dejar ningún detalle librado al azar.

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