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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Pinceles de Arequipa

“Las personas, las vivencias, los elementos”, son sólo algunas de las inspiraciones en las que se apoya la artista Cecilia Macedo. La pintora nacida en las alturas de Perú es ahora una vecina más de Sierras Chicas, lugar en el que su pasión por la plástica volvió a reverdecer.


Por Ignacio Parisi | ignacioparisi@elmilenio.info

Colaboradores: Eva Aguirre y Marisol Delfino. 4°A IENM.

Sofía Chada y Genaro Manno. 4°A IMVA


Nací en Arequipa, al sur de Lima en Perú. Me casé con un cordobés en mi país natal, y un año más tarde decidimos venir a vivir a Argentina, más precisamente a Córdoba. Primero estuvimos dos años en el centro de la ciudad y luego, buscando un poco la tranquilidad y alejarnos del ruido nos mudamos a Villa Allende”, cuenta esta artista plástica que comenzó su trayectoria en paralelo a su trabajo formal.

Cecilia cree firmemente en los encuentros que le propone el camino y afirma que la vida la trajo hasta Villa Allende para poder involucrarse con su propio arte. “Yo no sabía cuando empecé a formarme aquí, que esta zona tenía tantos artistas. Me fui dando cuenta que llegué a un sitio plagado de música, de pintura. Vine a buscar la calma, lo verde, el silencio y uno pinta mejor en la tranquilidad”, sostiene Macedo.

Desde la cuna mamó la creatividad de su abuela, maestra de bellas artes y su abuelo escultor. “Ella era muy completa y yo sentía una gran admiración por su manera de pintar. Mi abuelo por su parte hacía esculturas en mármol y a mí me encantaba poder ir a su casa sólo para observar sus obras”.

Aun optando por su carrera universitaria como administradora, Cecilia nunca olvidó lo que generaba en ella la pintura, y de la mano de sus lápices y acuarelas siguió probando un mundo que desde pequeña despertaba su curiosidad.

El Milenio: ¿Cómo comenzaste a darle paso a tu formación técnica?

Cecilia Macedo: Empecé con Sebastián Silva en Villa Allende. Una tarde pasaba por el lugar buscando algún curso de diseño y me topé con una galería. En ella vi unos atriles y profesores, gente pintando, todo lo que a mí me llama la atención. Entre y pregunté, me dijeron los horarios y pasé los siguientes cuatro años muy metida en ese lugar, porque me encantaba.

En realidad, en lo técnico era bastante libre, porque uno elegía el camino que quería recorrer en el arte y Sebastián te iba guiando, dándonos herramientas y conocimientos desde lo más básico, como puede ser el círculo cromático, hasta lo más avanzado. Todo el tiempo fui aprendiendo a hacer diferentes cosas, me enseñó distintas técnicas y además mi profesor siempre me motivó a exponer mis trabajos.

Luego de esos cuatro años conocí a Alberto Martínez Pueyrredón, y me gustó su manera de manejar la figura y las líneas, por lo cual empecé a tomar clases con él. Hasta el día de hoy vuelvo, en ocasiones para que me ayude haciendo alguna crítica sobre la obra, por ejemplo. En el camino de todo esto, fui haciendo paralelamente seminarios de figura humana, de escultura y otras técnicas plásticas que me fueron ayudando a darle vida a lo que más amo.

EM: ¿Qué ocupa un lugar más importante en una obra, la imaginación o el manejo técnico?

CM: Las dos cosas. Uno puede tener una gran vocación y la mejor creatividad, pero si no te preparás y no estudiás, sentís que no avanzás. Me ha pasado en ocasiones, querer plasmar algo y no terminar de hacerlo por falta de herramientas. Eso me ocurre cada vez menos, porque fue evolucionando mi preparación. Ahora puedo reconocer lo que hace falta, dónde y cuándo.

“Me gusta que mi trabajo sea enmarcado dentro de la pintura latinoamericana. Que comunique las raíces de Perú y Argentina, porque siento que tenemos mucho en común”, afirmó Macedo.

EM: ¿Definirías la pintura como tu campo principal?

CM: Sí, soy pintora como base, desde siempre. Hubo un tiempo en el que me atrajo mucho la escultura y empecé a hacer trabajos en mármol, tomando un curso. Me gustó tanto que me compré todo un equipamiento necesario para esas técnicas, con el cual uno parece casi un astronauta. Hice cinco esculturas y estaba muy involucrada con eso, pero llegó un tiempo en el que tuve que parar un poco porque tengo dos hijos y un trabajo junto con mi marido. No tenía el suficiente tiempo para darle a la escultura eso que necesita: dedicación completa. Te ponés el traje a la mañana, comenzás a trabajar y hasta la tarde no parás. En la pintura es distinto, son otros los espacios, podés soltar y retomar. Es lo que más me gusta, pero todavía tengo a la escultura como materia pendiente.

EM: ¿Hay algún pintor en especial al que admires y en el cual te inspires a la hora de armar tu propia obra?

CM: Sí, admiro a muchos artistas y pienso que es parte del aprendizaje permanente, ver cuadros, obras de diferentes artistas. Uno va tomando distintas formas dentro de lo que le gusta y pienso que mis referentes, entre los grandes maestros son Vincent Van Gogh y Josep Renau. Entre los más modernos en Perú tengo a un artista muy importante para mí, que es Fernando de Szyszlo. Él fue un precursor de la pintura moderna, que sin embargo nunca dejó de lado las raíces de lo tradicional. Falleció hace unos meses y hacía pintura abstracta, pero se puede leer mucho en sus obras. Yo trato de tomar esa esencia.

EM: Hablás de un artista peruano como referente, ¿cuánto hay de la cultura peruana en tus trabajos?

CM: Creo que se puede ver mucho de eso en mis obras. Siempre pongo algún elemento latinoamericano, porque en realidad es más abierto que sólo peruano. Tuve una época cuando trabajaba allá, en la que visitaba muchos pueblos jóvenes, lo que acá llaman villas miseria, y me involucré mucho con las problemáticas sociales. De modo que esas cosas te marcan en todo sentido y cuando pinto me viene a la cabeza el recuerdo de las personas, las vivencias y los elementos como adornos y cerámicas que ellos hacían. Todo esto lo reflejo al momento de pintar.

EM: ¿Entonces se puede decir que hay algún tipo de relación de tus obras entre sí?

CM: Sí, hago series. Por ejemplo: comienzo a pintar con los rostros como temática y puedo estar meses metida en eso porque me involucro mucho. Luego me canso y arranco con paisajes, símbolos o abstracciones. Actualmente estoy un poco con lo ‘urbano abstracto’ como eje.

 

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