Nos adentramos en tres obras arquitectónicas que son un orgullo para la región y tiene el sello indiscutible de César Augusto Ferrari.
Colaboración: Carlos Cerutti | intimaso@gmail.com
[dropcap]E[/dropcap]l arquitecto César Augusto Ferrari, fue uno de los hombres que dejó una fuerte impronta en los rasgos de Villa Allende. Nacido en San Possidonio –cerca de Módena, Italia- , construyó en esta ciudad más de una decena de casas residenciales de muy particular estilo (si algo fuera necesario para destacar su creatividad, baste citar que fue el constructor de la iglesia de los Padres Capuchinos, en Córdoba, y de Nuestra Señora del Carmen, en Villa Allende).

De ellas rescatamos cuatro, sólo por su vecindad, pues todas se ofrecen a la vista sobre la avenida del Carmen. La primera, apenas separada por el arroyo Saldán del Ex Anfiteatro Municipal (un curioso adosamiento de discutible ubicación), es hoy el Hostal del Castillo San Possidonio. De estilo neogótico eléctico, fue construida entre 1932 y 1936. Con sus cinco plantas y 500 metros cubiertos, consta de doce dormitorios y seis baños. Adquirida
por la familia Balagué en 1957, hace 18 meses que funciona como hostal *. Sus aberturas ojivales y columnas torneadas con predominio del ocre ofrecen una inevitable comparación con el estilo de la iglesia del Carmen.

Cruzando la calle y haciendo esquina con Duarte Quirós, se levanta La Cigarra, quizá la residencia más característica de Villa Allende. Aquí también Ferrari, su dueño original, impuso su huella a través de aberturas con ojiva, una acogedora galería y un aljibe que remata en su cúpula gótica. Y una curiosidad: la casa tiene un pequeño ascensor que transporta al primer piso. Su propietaria es hoy María Góngora de Remorino *.

Cruzando Duarte Quirós, al 29 de dicha calle y también con Jardín hacia Del Carmen, encontramos La Golondrina, otra residencia construida por Ferrari. Hoy propiedad de la familia Chammás. Se trata de una construcción clásica y contemporánea a las mencionadas anteriormente. La familia Chammás la ocupa desde 1956, cuando consiguió, después de no pocas gestiones, comprársela a Ferrari. Modificada por sus propietarios actuales, exhibe un adecuado aprovechamiento de espacios y libertad de tránsito en sus ambientes interiores. La Golondrina tiene dos vistas impactantes: hacia el oeste, las Sierras Chicas, y hacia el este, la residencia Santa Teresita, también obra de Ferrari, hoy propiedad de la familia Chemes. Su frente combina el ladrillo visto con aberturas blancas y un cerco verde natural en altura.
Nota rescatada de la Revista mensual “Nosotros y la Realidad” (*) de octubre del 2005. Autoría del artículo, Emiliano Luís Nicola, por entonces Director Periodístico de ese medio gráfico.
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Muchas gracias por esta información que ya ha pasado a ser parte de mis archivos, aportan datos que no había encontrado en ningún otro lugar. siempre me sorprenden con sus artículos tan bien investigados.