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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Al son de los tambores

“Bum Racatá” es una Escuela de Percusión Afroamericana que funciona de manera itinerante en distintos espacios de Río Ceballos para personas de todas las edades. En entrevista con El Milenio, su fundador y director, Pablo Solís, cuenta de qué se trata este proyecto que trajo desde Buenos Aires hace tres años.


Por Lucía Argüello | luciaarguello@elmilenio.info

Colaboración: Carlota Arrieta y Jazmín Corvalán (IENM) y Jerónimo Palacini (IMVA).


“La Escuela trabaja sobre varios ejes de la música afroamericana, es decir, música de los pueblos negros que llegaron a América como esclavos en la época de la colonia y que aquí adquirió identidad propia a través del paso del tiempo y el mestizaje”.

Pablo Solís es chileno de nacimiento, porteño por adopción y, recientemente, cordobés por elección. Tiene 37 años y nació en Chile, aunque vivió desde los siete en Buenos Aires. Hace tres años, decidió salir de la gran ciudad y se trasladó con su familia a Río Ceballos. Pero en la mudanza no se trajo únicamente unos cuantos muebles, sino también su Escuela de Percusión Afroamericana “Bum Racatá”.

El proyecto empezó en Capital Federal durante el 2007 y actualmente funciona de forma itinerante en distintos espacios de la perla de Sierras Chicas. Dicta clases y talleres sobre distintas ramas de la percusión afroamericana (batucada, percusión afrocubana, percusión folklórica argentina, cajón peruano, etc.) para niños, jóvenes y adultos de todas las edades. Hoy en día, cuenta con más de treinta miembros y se encuentra en plena expansión en un marco de popularización creciente de la música y las danzas de origen afroamericano en Córdoba y en el país.

El Milenio: ¿Cómo te convertiste en percusionista?

Pablo Solís: Yo empecé a estudiar percusión por hobby alrededor del año 1995-1996 y realmente me gustó. La percusión es un camino muy lindo dentro de la música, sobre todo por la relación que se establece con los compañeros.

Con el tiempo, me di cuenta que ya estaba muy sumergido en el tema, tomaba muchas clases, había encarado una investigación y tenía nuevas inquietudes que me fueron llevando a la formación como músico percusionista y, más tarde, a la docencia. Estudié Música en la Universidad Nacional de La Plata. Trabajé casi diez años en una escuela de percusión muy grande de Argentina llamada “La Chilinga”, que tiene más de 900 alumnos, y después me largué de forma independiente.

EM: ¿Y cómo fue el traslado de Buenos Aires a Río Ceballos? ¿Te costó encontrar un nicho en Sierras Chicas para establecerte con tu escuela?

PS: Al principio sí, porque fue como empezar otra vez de cero. Por suerte es un lugar con mucha oferta cultural y de a poco se han ido consolidando algunos espacios y hay muchas personas que me han ayudado con este proyecto, no sólo aquellas que me brindan un lugar para trabajar, sino también aquellas que van a las clases, los seminarios y los talleres, y que van adquiriendo un compromiso desde otro lugar, lo cual permite que la escuela crezca y siga adelante.

EM: ¿Qué estilos y qué instrumentos se manejan en la Escuela?

PS: La Escuela trabaja sobre varios ejes de la música afroamericana, es decir, música de los pueblos negros que llegaron a América como esclavos en la época de la colonia y que aquí adquirió identidad propia a través del paso del tiempo y el mestizaje. Así, a lo largo de la costa atlántica, nacieron nuevas expresiones culturales y sonidos propios de América.

Los contenidos de los talleres de la Escuela giran fundamentalmente en torno a la música afrobrasilera, afrocubana, afroperuana y afrorioplatense y, en función de la familia musical, se usan diversos instrumentos. Por ejemplo, para la música del caribe se usan tumbadoras, congas, quintos, accesorios, etc.; la música popular brasilera trabaja con zurdos, repiques, redoblantes y timbales, que hoy se ven mucho en las murgas que existen a nivel nacional.

EM: ¿Cómo se da este carácter de “itinerante” que tiene la Escuela?

PS: Lo de itinerante se debe a que no tenemos un lugar propio donde dictar las clases, entonces se hacen convenios con distintos espacios (centros culturales, escuelas, bibliotecas, centros vecinales, etc.) donde nosotros ponemos el proyecto, los docentes, los instrumentos y los contenidos, y ellos ponen el lugar. Por ahora yo soy el único profe, todo es muy chiquito porque recién empezamos, pero ya hay más de 30 alumnos.

A su vez, en las clases se van formando grupos que trabajan con distintos contenidos, desde introducción a la percusión hasta trabajo técnico (para que sepan abordar el instrumento no sólo desde la repetición sino desde el entendimiento y la técnica). A medida que estos grupos se van consolidando, se van haciendo presentaciones, que también son una instancia de aprendizaje por lo que implica el show en vivo, el contacto con la gente y el poner en escena lo aprendido.

EM: ¿Te parece que en los últimos años ha habido una expansión de la percusión y su práctica en Argentina?

PS: Sí, sobre todo a partir de los 90 con el retorno de la democracia y el auge de Internet. Lo bueno es que esa expansión de la percusión se ha dado en varios ejes o vertientes, porque el término “afroamericano” por ahí reduce mucho la realidad de dos continentes: por un lado, África, que incluye muchísimas naciones y culturas, cada una de las cuales tiene su propia expresión a nivel musical, y por otro lado América, donde también hay muchísima diversidad.


EM: En mayo-junio estuviste compartiendo unas jornadas de percusión y danza afroamericana con alumnos de quinto año del Instituto Educativo Nuevo Milenio de Unquillo, ¿qué tal fue esa experiencia?

PS: Trabajé con dos profesores más que se encargaron de la parte de danza y yo me ocupé de la percusión. Teniendo en cuenta que los chicos participan de la estudiantina y están familiarizados con los instrumentos de murga, vimos, dentro de ese formato, un ritmo de carnaval de la música popular brasilera.

La verdad que estuvo muy lindo, la respuesta de los chicos fue muy buena, a pesar de que las primeras clases eran de danza y teníamos miedo que los chicos no se coparan, pero pasó todo lo contrario: estaban todos bailando, súper conectados con la clase. El balance de los talleres fue más que positivo así que espero que se les pueda dar continuidad en el futuro.

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