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Quedar en el tiempo futuro

Fue uno de los formadores de la Feria de las Artes de Córdoba capital, pero eligió Salsipuedes para crear en su madurez. Walter Godoy es un artista autodidacta que sorprende con cada creación. En esta nota conocemos a un hombre que eligió ser artista contra viento y marea.

Por Matías Pérez | matiasperez@elmilenio.info

Matías Mazzia y Santiago Cacho. 4°A IENM.

Camila Bergel y Clara Spinosa. 4°B IENM 

Con respecto a las metas, Walter Godoy dijo: “A mí me gusta viajar, ahora estoy pensando en viajar al Uruguay y ver si puedo salir un poco del país. Conozco Argentina casi de norte a sur, lo he aprovechado”.

El Milenio: ¿Cómo arrancó todo?

Walter Godoy: Soy autodidacta, hice el secundario hasta segundo año y después me dediqué a trabajar. Por lo que en el oficio aprendí soldadura con diferentes técnicas, siempre en fábricas.

En el año 1982 ingresé al ejército, justo para la Guerra de Malvinas, donde fui voluntario. Aunque no pude ir. Cuando yo salí de ahí fue difícil regresar a la fábrica porque ya no me querían tomar, entonces comencé a investigar en distintos trabajos, me gustaba la cocina, por lo que trabajé un tiempo en eso, pero no era lo mío.

Un día, tras leer una nota de la contaminación del espacio y la tierra, comenzó a interesarme mucho esa temática y comencé a preguntar: ¿qué podía hacer yo para enfrentar ese problema? Finalmente, decidí renunciar en un restaurante como encargado de cocina y viaje a Córdoba nuevamente para  abrir el taller. Ahí fue una búsqueda, no sabía qué hacer, durante días me dormía dibujando pajaritos e irónicamente comencé con mis primeras esculturas, las que fueron pájaros.

EM: ¿Esas esculturas se transformaron en tu fuente laboral?

WG: Fue una salida laboral, yo necesitaba trabajar, así que comencé vendiéndolas en el Parque Las Heras, después me invitaron al Paseo de las Artes y siguió la segunda Ferial de Córdoba. En esta última, quedaron muchos artesanos parados porque no se podían volver, ya que había sido muy mala. Entonces viajamos desde el Chateau a la 9 de Julio y formamos “La Feria de la 9 de Julio”.

Terminé siendo el fundador de la feria. Pero también, fui uno de los que le dio forma al Paseo de las Artes, debido a que sólo tenía un par de artesanos, se trataba de un círculo muy cerrado. Pero en un desalojo, que iba a sufrir dicho paseo, me dirigí al lugar con todos los artesanos del Parque de las Heras, tomando la parte donde se ubica la fuente. Desde ahí se convirtió en una feria de verdad.

EM: ¿Qué técnicas usás?

WG: A mí me gustan todas las técnicas, por eso las mezclo. Sueldo un poco con la eléctrica, un poco con la autógena, con la soldadora para puntos. Pero también sé machar, abullonar y enhebrar.

EM: ¿En qué consiste cada soldadura?

WG: La soldadura eléctrica es una soldadura por arco, necesita un electrodo que es el que hace el aporte. La soldadura por punto es una soldadura que no necesita ningún aporte, suelda con unos picos que comprimen el material y lo funden desde adentro hacia afuera.

EM: ¿Tenés algún referente sobre tu trabajo?

WG: No, pero pienso que Salvador Dalí fue una persona que a mí me inspiró un poco, en el sentido que él veía que un artista no se podía encerrar solo en su arte, sino que debía crear un taller amplio, donde muchos artistas pudieran satisfacer la necesidad de crecer y poder abastecerse. Es lo que siempre he hecho yo, enseño a la gente. Es más, entre abril y diciembre doy cursos de arte y oficio.

EM: ¿Con tus piezas querés dejar algún mensaje?

WG: La historia del arte nace con las primeras tribus, siempre hubo una forma de expresarse, de trasmitir sus pensamientos para el futuro. Y eso es lo que yo busco, quedar en el tiempo a través de mis obras.

EM: ¿Podrías reconocer un sello propio en tus esculturas?

WG: Lo típico de lo mío es que yo mezclo todas las técnicas de soldaduras y formas de tratar el material. Son muy futuristas.

El tema de los insectos por ejemplo, es para hacer que tomen conciencia de que están desapareciendo. Yo al frente de casa tengo un poste de luz y puedo contar con los dedos de la mano los insectos que dan vueltas, cuando yo era niño era una nube.

EM: Hablando de la zona ¿Hubo algún beneficio de vivir en El Pueblito?

WG: Me trajo paz estar en un lugar que no estaba tan contaminado. Lo que yo buscaba era el agua pura, pero con el avance de la urbanización, se podría decir que ya fue perdiendo la magia.

Llegué hace ya 20 años, y antes había corzuelas, había tres casas, dos ocupadas contando la mía, las demás eran de temporada o de fin de semana, hoy es un barrio ocupado. El problema es que la gente no entiende ni respeta la naturaleza y la destruye directamente, los bosques de coquitos ya no existen, los espinillos ya no quedan porque los queman y así no sólo desaparecen los árboles, también los pájaros, los insectos.

EM: ¿Cuáles han sido las dificultades que enfrentaste en la vida del arte?

WG: Quizás lo más difícil, fueron los dos hurtos que tuve en mi taller, que me dejaron en la quiebra, lo dejé seis años y en el 2016 lo retomé, porque me quitaron las herramientas y un poco de la magia. Acá, en el pueblito, me han robado las dos veces.

EM: ¿Cuál es la obra más importante para vos?

WG: El Monumento de la Paz en Salsipuedes, ubicado en la plaza, que fue hecho para la convocatoria de los niños por la paz del mundo y para mí es la obra más importante.

Ahora estoy con el proyecto del Monumento a Malvinas. También acabo de participar en el Monumento por la Memoria.

Este año la Municipalidad de Salsipuedes me está apoyando mucho, pero ese es el “karma” del artista, porque puede haber una gestión que te toma y te anuncia, te propulsa, mientras que la otra gestión te puede jugar en contra.

EM: Finalmente: ¿Le recomendarías a los jóvenes seguir alguna carrera relacionada al arte?

WG: Sí, a cualquiera, porque es una forma de despejar la mente. Porque cuando uno vive del arte vive de lo que va reciclando en el tiempo, el arte te va a llevar a conocer gente y lugares.

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