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La salud más cerca

Tienden a cubrir las necesidades inmediatas de la salud, pero también son una puerta a la prevención y la confianza, los dispensarios se presentan como la primera opción en salud.

Colaboración:

Victoria Jurado y Martina Gallardo.

Instituto Milenio Villa Allende.


Los centros de atención primaria de la salud (CAPS), también conocidos como dispensarios, son ampliamente utilizados por los vecinos de la ciudad quienes no sólo se dirigen a estos espacios por sus malestares, sino que además complementan sus cuidados con un sistema integral de salubridad que cuida mente y cuerpo. Pues el Doctor Juan Pablo Gaydou los define como lugares «insertos en la comunidad y con la posibilidad de un acompañamiento integral al paciente y a su familia».

Unquillo cuenta con cuatro dispensarios ubicados en distintos puntos geográficos como los barrios de Cabana, Villa Forchieri, San Miguel y Gobernador Pizarro, pero aun así los centros son pequeños y las necesidades grandes. Estos centros de salud cuentan con un amplio espectro en materia de salud, desde psicología, clínica pediátrica, odontología, ginecología hasta laboratorios y ecografías.

Junto a los especialistas en salud como Patricia Protti (Coordinadora del CAPS Pizarro), la Lic. Romina Alegret (Coordinadora del CAPS Forhieri) y el director y coordinador general del área de salud del municipio Juan Pablo Gaydou, en diálogo con El Milenio, detallan las características de los servicios públicos, sus vaivenes y necesidades.

Medicos Unquillo

El milenio: ¿Cuáles son las consultas más frecuentes?

Patricia Protti: Las fichas médicas, enfermedades virales y respiratorias, gastroenteritis, entre otras frecuentes y después están las enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión. Lo más frecuente son las enfermedades respiratorias, tanto altas como bajas, en los niños por ejemplo la bronquiolitis.

EM: ¿Se complementan con otros servicios como la psicología, por qué?

Juan Pablo Gaydou: Nosotros tratamos de trabajar con una visión de la salud más amplia, que no sea solamente la médica o la biomédica, que se centra en el cuerpo y en lo orgánico. Se trata de ver los problemas de salud desde un espectro más complejo, que generalmente tiene que ver con cosas que le pasan a la persona o al cuerpo, o cosas que le pasan socialmente. Eso nos llega todo el tiempo porque por ahí llegan por una consulta sobre gastroenteritis pero eso tiene que ver con las condiciones de vida, con lo social o con las relaciones que tienen en su casa o trabajo. Tratamos de ver esas necesidades y no sólo lo que pasa dentro del consultorio.

EM: ¿El dispensario tiene una función social más fuerte que antes?

PP: Si, sobre todo porque nosotros vemos a la familia, incluso nuestras historias médicas son familiares, o individuales, pero dentro de una historia clínica con la familia. En general también cuando conocemos a la familia es más fácil conocer la problemática y saber si está relacionado a un conflicto familiar porque sabemos cómo viven o dónde viven.

EM: ¿Cuáles son las necesidades de los trabajadores actualmente?

RA: Las limitaciones de salud son constantes, siempre se necesita más tiempo o recursos. Creo que en cada centro de salud se trabaja con mucho entusiasmo y amor hacia lo que se hace, intentamos suplir las limitaciones con el trabajo en equipo y apoyándonos entre los que estamos trabajando. Como necesidades son los recursos donde se necesitan más horarios y medicación, por ahí ocurre algo a la noche y hay que esperar al otro día.

PP: También hay necesidades físicas, los dispensarios son chicos en función a la demanda. Está claro que en salud nunca se puede con todo, no se abarca todo y siempre hay necesidades. Lo nuestro quizás, es contar con más horarios o espacio físico, porque no hay lugar para que haya dos médicos a la vez. Por lo general compartimos espacios con psicología y odontología.

EM: ¿Cómo es la relación con los pacientes?

PP: En general el paciente nos tiene confianza; nos busca por distintas situaciones ya sean de salud o para hablar. La mayoría del equipo tenemos una visión del paciente no como una persona enferma sino como asociada a una cuestión social, laboral, de familia. A la mayoría de las personas les conocemos las familias y los vemos desde otro lugar. Además, nos articulamos con salud mental ya que a veces vienen por una patología puntual pero atrás de eso hay otra cosa. Lo mismo sucede con la medicación donde intentamos que el paciente tenga acceso. En general pensamos antes de medicar si tenemos disponibilidad y si el paciente va a poder sostener el tratamiento. Esto nos está pasando ahora con los hipertensos, nos está llegando la mitad de los medicamentos y algunos enfermos los estamos cubriendo con la municipalidad y a otros los derivamos al hospital.

EM: ¿Tienen objetivos o proyectos para este año?

G: Uno de los objetivos que tenemos este año es poder consolidar los equipos, que parece poco pero no lo es, y tener un espacio para trabajar, generar y mejorar los sistemas de información en salud. Tenemos un registro de todo, pero está en papel. Además, estamos ampliando un proyecto que se inició el año pasado con los jóvenes del Ipem 78, del Ipem 23 y de la escuela de Cabana.

RA: El proyecto tiene que ver con la educación entre pares que se basa en acompañar a los jóvenes que tienen ganas de ser divulgadores de salud. El año pasado se empezó con un grupo de 5° año y que continua. Se trabaja con tres ejes: la prevención de la violencia en el noviazgo, el consumo problemático de sustancias y sexualidad. Este año se inicia un nuevo grupo y se espera articularlo con otros espacios para que ellos puedan sentir que están habitando ese derecho a su salud, que son promotores y que dan acompañamiento a otros jóvenes.

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