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Siempre nos quedará París

Clarisa Fernandez, quien tuvo que retirarse a inicios de 2008 debido a unos problemas crónicos en sus rodillas, llegó a ser la 26 del mundo y alcanzó las semifinales de Roland Garros en 2002.

Clarisa Fernández es el nombre de una de las dos argentinas que lograron alcanzar las semifinales del legendario Roland Garros. La ex tenista, ganadora de siete títulos, actualmente asentada en Unquillo dialogó con El Milenio, ahondando en su carrera, y brindando su perspectiva acerca de la actualidad de un circuito tenístico que conoce de memoria.


Por Ignacio Parisi

ignacioparisi@elmilenio.info

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El principio del nuevo milenio trajo consigo la explosión definitiva de la generación más gloriosa del tenis argentino. En el ámbito masculino las presencias de David Nalbandian, Guillermo Coria, y Gastón Gaudio, se alzaban entre las raquetas más talentosas de una interminable camada de jugadores que llenó el circuito del tenis mundial de banderas argentinas.

Antes de aquellos Roland Garros plagados de jugadores de la llamada “Legión”, una joven de apenas 19 años oriunda de Córdoba, asaltó la elite del tenis femenino mundial, nada más y nada menos que en el Abierto de Francia. Clarisa Fernández llegó a codearse con las mejores tres jugadoras del mundo, luego de derrotar a rivales de la talla de Yelena Dementieva, Paola Suárez, y la multicampeona de Grand Slam, Kim Clijsters.

Su preclasificación era por entonces la número 87, aunque no reflejaba lo que sintieron las grandes campeonas que tuvieron que enfrentar a Clarisa, mostrando su mejor tenis sin importar la “chapa” de las rivales. La fortaleza de Venus Willams, la mayor de la dinastía tenística, logró frenar a Fernández antes de la final, aunque ni siquiera eso logró opacar uno de los momentos más brillantes del tenis femenino nacional en las últimas décadas.

El Milenio: ¿Cuándo arrancó este sueño del tenis?

Clarisa Fernández: Cuando era muy chica encontré una raqueta en un placard, en la casa de mi abuela, ella había sido jugadora. Empecé a jugar en su casa hasta que los ruidos que hacía eran muy molestos así que me llevaron al Club Juniors de la Ciudad de Córdoba donde pude realizar mis primeros pasos, primero jugando torneos a nivel regional, provincial, y nacional, hasta que a partir de los catorce años tuve que comenzar a entrenar de otra manera, para poder dar el salto definitivo y marcar una diferencia.

EM: ¿Cómo fue tu adolescencia marcada por la disciplina del profesionalismo?

CF: Fue duro, es como empezar a trabajar a los 14 años, a nivel madurativo nadie está preparado a esa edad. Es chocarte con una realidad de entrenamientos, de ejercicios físicos, de vivir para y por el tenis. Además esto no se daba solo cuando viajaba para competir, sino que cuando estaba en mi casa tampoco paraba de entrenar, ni de cuidarme con las comidas, con las salidas.

Era todo un combo que en realidad era mi vida, y tenés que tener la madurez de una mujer de 30 años cuando sos una chica de 14. Pero miro también el lado positivo, y eso que me pasó, en ese momento, fue una experiencia extraordinaria que me cambió.

Lo negativo es que quemás etapas de golpe, y mientras mis amigas salían o iban al cine, yo estaba entrenando. En ese sentido, te perdés algunas experiencias relativas a cualquier adolescente como ir a un viaje de egresados, por ejemplo.

EM: ¿Cómo viajabas cuando competías o entrenabas? ¿Tenías algún acompañamiento?

CF: Durante un buen tiempo viajaba con mi entrenador, pero la Asociación Argentina de Tenis en ese momento formó un equipo de juveniles entre los que estaban jugadores como David Nalbandian, Guillermo Coria, y entre las mujeres María Emilia Salerni y yo. Más adelante se incorporaron Juan Mónaco, José Acasuso, y Gisela Dulko, entre otros.

“Lo que pesa es saber jugar los puntos más importantes de los partidos, y eso te lo da la mentalidad. La clave pasa por el manejo de las emociones en la cancha, cómo sobrellevar la presión, cómo tomar las decisiones correctas”, resaltó Clarisa Fernández.

EM: ¿Cómo fueron las primeras experiencias jugando en nivel juniors contra otras grandes figuras juveniles?

CF: La experiencia de jugar a nivel juniors es fundamental, jugás contra las futuras profesionales, el nivel sube y te da la pauta de cómo estás con respecto a grandes jugadoras jóvenes. De todos modos, es sólo un estimado de lo que puede ser tu nivel. Podés ser muy bueno en juniors y que eso no se refleje cuando pasás al circuito profesional. Nosotros con el grupo del seleccionado argentino participábamos en los Grand Slams, y de hecho, pude ganar el torneo más importante a nivel junior sub 16 en Milán.

EM: ¿Qué jugadoras que luego se consagraron a nivel profesional fueron parte de esa camada junior a la que pertenecías?

CF: Bueno, me tocó una camada con un nivel impresionante, entre las mujeres estaban Kim Clijters, Justine Henin, Yelena Dementieva, Anastasia Myskina, Svetlana Kusnetzova, Francesca Schiavone. Fue una generación muy fuerte para el tenis la mía, no sólo en el tenis femenino sino en el masculino, ya que hicimos la etapa de juniors y nos insertamos en el circuito al mismo tiempo que debutaban jugadores como Roger Federer.

EM: ¿Cómo fue ese salto definitivo al profesionalismo?

CF: En realidad se necesita un período de adaptación, no es lo mismo jugar con jugadoras de tu edad que contra mujeres con muchísima experiencia en el circuito. En juniors todavía sos muy inconsistente mentalmente, en profesionales todos los partidos se luchan y se trabajan punto por punto. En juniors uno busca meter tiros ganadores constantemente, tenés menos elaboración de los puntos. En profesionales cambia todo a nivel físico pero sobre todo mental.

En mis comienzos fui todo el tiempo de menor a mayor, no hubo un solo año en el que no tuviera una mejora en los resultados. Ya aparecieron algunos dolores en mi rodilla, pero en ese momento no me impedían competir. Me preparaba muy bien físicamente, hice una pretemporada en Estados Unidos la cual me ayudó a crecer mucho a nivel atlético.

En el año 2002 ya venía sintiéndome muy bien, con muy buenos resultados en la gira previa a Roland Garros, ganando muchos partidos en Charleston y Madrid, pero el Abierto de Francia fue mi explosión

EM: ¿Cómo fue el camino en ese Roland Garros 2002?

CF: Desde las primeras rondas me tocaron partidos duros, en los que además llovía y el encuentro se paraba todo el tiempo. En esos casos se hace todo muy largo y es complicado mantener un nivel de concentración.

El partido clave para mí fue aquella tercera ronda contra Kim Clijsters, que era, en ese entonces, número 4 del mundo y le pude ganar 6-4, 6-0.  Pude encontrar la estrategia en el partido, en el primer set le jugué varias veces una pelota chica a su derecha que le molestaba.

Cuando nos fuimos al descanso luego de ganar el primer set yo pensaba que tenía que salir y hacer algo distinto en el segundo, y elevar mi nivel porque Clijsters iba a salir a meterme mucha presión.

Los primeros juegos de ese set los jugué tan bien que ella, anímicamente, se quebró y pude llevarme el definitivo por 6-0.

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EM: ¿Se dio un cambio significativo en tu confianza en ese torneo en el que sentías que podías ganarle a cualquiera?

CF: Si, la verdad es que sentía que podía, aunque ya había conseguido grandes resultados en partidos contra jugadoras top.

Después del partido de Kim Clijsters me tocó jugar con Yelena Dementieva un partido muy duro que pude sacar recién en el tercer set. En cuartos de final ya me enfrenté con Paola Suarez, ella era top ten en singles, número uno en dobles, venía de ganarme la semana anterior en Roland Garros, y tenía el condimento especial de cada partido contra otro argentino. Yo no tenía mucho que perder, la presión la tenía ella que era la favorita, y eso me permitió jugar muy suelta, mostrar un buen tenis y ganar.

Ya en semifinales me tocó jugar por primera vez en la Philippe Chatrier, una cancha absolutamente inmensa y ante Venus Willams con todo lo que significaba. La situación me generó un poco de pánico escénico, era apenas la segunda vez en la historia en la que una argentina llegaba a esa instancia en Roland Garros, y yo había jugado ya en estadios grandes en el Abierto de Francia, pero ninguno como la Philippe Chatrier.

Esa cuota de nerviosismo me jugó claramente en contra, yo tenía apenas 19 años e hice lo que pude. La cancha central de Roland Garros tiene un fondo tan grande que inevitablemente te vas para atrás y dejás de ser agresiva.

Además me tocó enfrentarme a una jugadora que en ese momento era invencible prácticamente, alternaba el primer puesto del ranking con su hermana Serena Willams, y todas las finales de Grand Slam las definían entre ellas.

EM: ¿Cómo siguió tu camino después de esa semifinal de Grand Slam en Francia?

CF: Seguí jugando, pero al año empecé con dolores de rodilla que me llevaron a tres operaciones, y no pude competir nunca más al cien por ciento. Tenía un problema óseo de nacimiento que recién fue detectado ante la aspereza de los entrenamientos. Las lesiones continuaron y tuve que retirarme a los 27 años del tenis profesional.

Volví a Córdoba, empecé a estudiar y me recibí de Licenciada en Administración, pero sigo teniendo un vínculo con el tenis, obviamente, mi marido tiene un club, el Lomas Tenis en Villa Allende así que siempre estoy relacionada de alguna manera al deporte.

EM: ¿Nunca pasó por tu cabeza la idea de ser entrenadora?

CF: No, yo me planteé el desafío de hacer otras cosas, y además, entrenar jugadores implica pasar mucho tiempo adentro de la cancha y yo terminé muy mal con las lesiones. Entonces preferí abrirme a otras opciones.

EM: ¿Cómo ves el circuito femenino de tenis en la actualidad? ¿Con la excepción de Serena Willams, notás cierta irregularidad por parte de las otras grandes jugadoras del mundo?

CF: Me parece que cambió mucho el juego, en el deporte femenino en los años noventa el juego era muy técnico, con cambios de alturas en el tiro, cambios de velocidad. Se veía una gran variedad de estilos, con Navratilova, Davenport, Seles. En el 2000 lo mismo, con Justine Henin, Clijsters, o Jennifer Capriati, jugadoras que mostraban una abanico de formas de juego. Hoy el juego es distinto, apareció la potencia de las Willams, el cambio que generaron fue muy significativo, y el resto en cierta forma se tuvo que adaptar.

Las jugadoras rusas también impusieron el juego de potencia, entonces se perdió un poco el cambio de velocidades y alturas. Al perderse ese juego se perdió la parte vistosa del tenis, y ahora vemos grandes jugadoras de tiros fuertes y planos, de modo que alguien que maneje bien los efectos, que juegue con un buen slice, no es algo frecuente en la actualidad.

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EM: ¿En el tenis masculino se presenta un panorama similar?

CF: Creo que justo en este momento estamos entrando en un cambio de generación. Hay tres jugadores superlativos como Federer, Nadal y Djokovic que van a terminar siendo los más grandes de la historia, los números lo reflejan. En ese sentido, el resto se fue trabando en el camino, ante estos fuera de serie. Juan Martín del Potro es un jugador con muchas chances de dar pelea, su potencial es todavía enorme.

EM: ¿Cuál es la clave para mantenerse en lo más alto  del tenis? ¿Es verdad esa frase que dice ‘la cabeza es el golpe más importante’?

CF: Totalmente. Hay un punto en el circuito en el que todos tienen una buena derecha, un buen revés, saque, etc. Es ahí donde los partidos sobrepasan los golpes, la técnica o la estrategia. Ahí lo que pesa es saber jugar los puntos más importantes de los partidos, y eso te lo da la mentalidad. La clave pasa por el manejo de las emociones en la cancha, cómo sobrellevar la presión, cómo tomar las decisiones correctas. En el tenis no alcanza con tener una gran derecha, tenés que saber cuándo utilizarla, y eso tiene que ver con la templanza de cada uno.

EM: ¿Pensás que en el pasado el tenis era mejor, en cuanto a la elaboración que tenía a nivel estratégico?

CF: No, no creo que una etapa haya sido mejor que la otra, cada una tiene lo suyo. Hace 10 años el tenis era más lento, y eso te daba más tiempo para decidir. En la actualidad las decisiones se toman en milésimas de segundo, el deporte cambió, hoy se juega más rápido, no es mejor ni peor.

EM: ¿Qué significado tuvo y tiene el tenis en tu vida?

CF: Representa una etapa de mi vida inolvidable, en la que pude crecer a nivel profesional aunque lo que más destaco es el aspecto personal. Significó crecer rápido, viajar por el mundo, enfrentarte con situaciones críticas, de mucha tensión y presión. Me ayudó a madurar, a tener una templanza y una personalidad distinta que hoy puedo utilizar en otros aspectos de la vida. El tenis me dio felicidad, y ahora, desde otra etapa, lo miro con afecto.

Periódico El Milenio y la página web www.elmilenio.info son un Proyecto Comunicativo Escolar de la FUNDACION JOSEFINA VALLI DE RISSO, que gira con el nombre de fantasía Instituto Educativo Nuevo Milenio e Instituto Milenio Villa Allende.

1 comment on “Siempre nos quedará París

  1. sorprendente

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